Malena Santillán y el sacrificio detrás de las tres medallas en los Juegos Suramericanos
La nadadora argentina ganó oro, plata y bronce en Santa Fe y volvió a subirse al podio. Detrás de esos logros hay madrugadas, diez turnos de pileta por semana, gimnasio, estudio y una historia de esfuerzo que comenzó cuando se mudó a Santa Fe con apenas 15 años.
Malena Santillán pasó por Santa Siesta en el FanFest del Parque del Sur.
Malena Santillán todavía tiene edad de secundaria, pero su rutina ya está marcada por las exigencias del alto rendimiento. A los 18 años, la nadadora argentina volvió a demostrar todo su potencial en los Juegos Suramericanos y consiguió tres medallas: una de oro en los 200 metros espalda, una de plata en los 400 metros libres y una de bronce en el relevo. Además, en los 200 metros espalda estableció un nuevo récord suramericano.
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La emoción por los resultados se multiplicó al hacerlo en Santa Fe, la ciudad que eligió hace tres años para continuar su carrera deportiva. Malena nació en San Francisco, Córdoba, pero a los 15 años se mudó para entrenar en el Club Atlético Unión, donde encontró una pileta de 50 metros y un equipo de trabajo que ya conocía. Desde entonces, Santa Fe se convirtió en su lugar de entrenamiento, de amistades y también en el escenario de algunos de los momentos más importantes de su carrera.
Malena Santillán y una rutina que empieza antes del amanecer
El resultado que aparece en el podio dura apenas unos segundos. El camino para llegar hasta allí ocupa prácticamente todo el día.
Malena contó en Santa Siesta de AIRE, durante la transmisión especial desde el FanFest de los Juegos Suramericanos en el Parque Sur, que se levanta todos los días a las 5 de la mañana para comenzar su primer turno de entrenamiento a las 5.45. Después pasa por el gimnasio y regresa a su casa para ocuparse de las tareas de la escuela. A las 15 vuelve a la pileta y termina entre las 17 y las 17.30.
La semana suma diez turnos de pileta, con doble jornada de lunes a sábado salvo los miércoles y sábados, cuando entrena solamente por la mañana. A eso se agregan cinco sesiones semanales de gimnasio. Todo mientras completa el secundario, que termina este año.
En medio de semejante exigencia, también aprendió a cuidar el aspecto mental de la competencia. Se encuentra con su psicóloga todas las semanas o cada 15 días y trabaja distintas herramientas para afrontar las carreras. Una de ellas aparece justamente durante esos dos minutos de máxima intensidad en el agua: cantar.
En la final de los 200 metros espalda, Malena contó que fue cantando mentalmente para concentrarse y evitar pensar demasiado en el esfuerzo. Para esa carrera eligió “Cuello Rojo”, de Babasónicos. Antes de competir también tiene un ritual: busca un lugar tranquilo, medita durante unos 15 minutos, hace una breve visualización y luego se coloca la malla de competencia mientras canta.
Una decisión que cambió su vida a los 15 años
La historia de Malena también tiene una parte que no aparece en el cronómetro. Cuando tenía 15 años dejó la ciudad de San Francisco, Córdoba, para instalarse en Santa Fe y apostar de lleno por la natación.
Al principio encontró rápidamente un nuevo club, nuevos entrenadores y nuevos amigos. Pero con el paso de los meses apareció la otra cara de la decisión: extrañar a su familia y enfrentar una etapa que se hizo difícil. Malena reconoció que durante algunos meses sintió un fuerte bajón, pero siguió adelante porque disfruta nadar.
La distancia con su familia también fue una de las razones por las que eligió Santa Fe. Desde San Francisco puede regresar en aproximadamente una hora y media, mientras que Córdoba capital queda mucho más lejos. Además, su familia mantiene una presencia constante: su mamá, su hermano y otros integrantes suelen viajar para visitarla y compartir tiempo con ella.
El momento en que la natación dejó de ser solamente una actividad para convertirse en una carrera llegó cuando tenía 13 años. En su primer Sudamericano Juvenil fue la integrante más chica de la delegación y consiguió dos medallas. A partir de entonces, contó, comenzó a tomarse el deporte más en serio y su familia también entendió que había algo grande por delante.
El instante en que todo el esfuerzo cobra sentido
Hay una imagen que resume buena parte de la historia de Malena: el momento en que recibió la medalla de oro y comenzó a sonar el himno argentino.
Después de tantos entrenamientos, madrugadas, viajes y sacrificios, la nadadora se quebró al escuchar las primeras notas. “Todo el sacrificio que estoy haciendo realmente vale la pena”, contó durante la entrevista en AIRE. Y explicó que representar a la Argentina y aportar una medalla de oro al medallero fue una alegría enorme.
También hubo otro momento especial durante los Juegos. Mientras competía, una banda de chicos de las categorías más pequeñas de Unión llegó para acompañarla desde la tribuna. Malena sabía que iban a estar allí, pero contó que recién pudo dimensionar lo especial que era cuando los vio. Para ella, convertirse en una referente para esos chicos es un orgullo, aunque reconoce que todavía no termina de tomar dimensión de lo que significa.
El sueño que sigue después de Santa Fe
Las tres medallas no representan un punto de llegada para Malena. Son otro escalón dentro de un objetivo mucho mayor.
La nadadora ya tiene la clasificación para los Juegos Panamericanos del año próximo en Lima, obtenida después de su triunfo en el Panamericano Junior. Y su mirada también está puesta en los Juegos Olímpicos. En lo inmediato, además, espera saber si podrá integrar la delegación argentina para el Mundial de pileta corta de China, previsto para diciembre. Ya alcanzó las marcas requeridas y la definición dependerá de la cantidad de plazas disponibles.
En paralelo, Malena decidió que el deporte no será lo único que ocupe su futuro. El año próximo comenzará a estudiar Kinesiología y Fisiatría en la UGR, en Santa Fe. Su idea es arrancar de manera progresiva, con dos o tres materias, para poder llevar adelante los estudios junto con las exigencias de la natación.
Para sostener esta carrera también necesita una estructura que la acompañe. Malena cuenta con un sponsor que le proporciona elementos de natación, como mallas, antiparras y gorras, además de ropa. También recibe una beca de la Secretaría de la Nación y otra del Club Atlético Unión.
Malena Santillán tiene apenas 18 años y ya conoce lo que significa representar al país, ganar una medalla de oro y escuchar el himno desde lo más alto de un podio. Pero detrás de esa imagen hay mucho más que talento: están las mañanas que empiezan cuando todavía es de noche, las horas de pileta y gimnasio, la decisión de dejar su ciudad a los 15 años, la familia que acompaña, el trabajo psicológico y la capacidad de volver a levantarse cuando el camino se hace cuesta arriba.







