“Cuando asumimos, teníamos gobierno provincial y nacional en contra. A pesar de eso, mantuvimos el foco”, recordó Chiarella, y detalló que en los últimos cuatro años lograron impulsar un plan sostenido de obras públicas, iluminación LED y capacitaciones para más de 1.200 vecinos que consiguieron empleo. Pero en paralelo, el intendente decidió dar una pelea de fondo: ir contra el narcotráfico en la ciudad de Venado Tuerto.
“Metimos presos a los peces gordos”, dijo sin rodeos. Uno de los casos emblemáticos es el de Nahuel Novelino, un jefe narco que “marcaba la droga desde la cárcel y estaba en pareja con la pistolera que tiroteó el centro de justicia penal de Rosario”. Según explicó, su gobierno aportó pruebas para lograr su detención.
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También mencionó a Antonio Di Benedetto, un abogado que “le vendió el plan de fuga a (Esteban) Alvarado” —el narco que intentó escaparse en helicóptero— y que ahora está preso en la cárcel de Ezeiza. “Era el abogado de Matías Álvarez, otro jefe narco del sur de la provincia que compartía pabellón con Alvarado. Estamos hablando de delincuentes de guante blanco. Y para nosotros, que estén presos, es un gran logro”.
Estas acciones tuvieron consecuencias: Chiarella fue amenazado de muerte en reiteradas ocasiones. “Me mandaron balas a la municipalidad, ofrecían 100 mil pesos para tirotearme en mi casa. Amenazaron a mi familia”, contó. Lejos de frenar, redobló la apuesta: “Lo que hicimos fue redoblar los esfuerzos. Eso les generó mayor condena”.
Una de las estrategias más visibles fue el derribo de bunkers de venta de droga. “En los últimos 15 días tiramos abajo tres. Es un mensaje fuerte al delito y también para que las familias puedan recuperar esos terrenos”, explicó. Estas acciones se coordinan con el Ministerio Público de la Acusación, el Ministerio de Seguridad provincial y funcionarios como el ministro Pablo Cococcioni y la senadora Leticia Gregorio.
Para Chiarella, la implementación de la ley de microtráfico fue clave: “Fue un gran avance impulsado por el gobernador. Desde entonces presentamos un montón de denuncias”. Y remarcó que el problema dejó de ser exclusivo de las grandes ciudades: “Hoy te encontrás con localidades de 6.000 o 5.000 habitantes donde el principal problema es la droga”.
El intendente considera que su rol va más allá de la gestión tradicional. “No podemos pretender que sea el vecino el que denuncie al que vende droga al lado de su casa. Cuando se enteran, lo primero que hacen es amenazarlo”, advirtió. Por eso, el municipio recibe la información y él mismo la lleva a la Justicia. “Es una tarea de representación respecto de los vecinos”.
En medio de esta lucha desigual, Chiarella eligió no mirar para otro lado. “Cuando la droga entra a una familia, destruye todo”, sentenció. Y reafirmó su compromiso: “Los intendentes no podemos mirar para otro lado. Tenemos que hacernos cargo”.