Preocupados por el brote histórico de dengue que atraviesa el país y la provincia de Santa Fe, un grupo de estudiantes de segundo año de una escuela secundaria de la localidad de Las Petacas pusieron en marcha un proyecto que busca brindar una herramienta para prevenir el contagio de la enfermedad.
Se trata de “TPM”, tabletas para ahuyentar mosquitos que fueron elaboradas de manera sustentables con plantas aromáticas y repelentes naturales. El proceso resultó tan exitoso que los adolescentes comenzaron a vender el producto a los vecinos del pueblo y recibieron la invitación de otras escuelas para que enseñen el modo de producción.
La iniciativa nació en el laboratorio de Ciencias Naturales la E.E.S. Orientada Nº 337 «Estanislao López» de Las Petacas, una pequeña localidad de 1400 habitantes que se encuentra en el departamento San Martín, en el oeste de la provincia de Santa Fe.
"Todos los años tratamos de buscar una temática de interés social a la que le podamos dar una solución. Vimos lo que está ocurriendo con el dengue en todo el país y quisimos encontrar una manera de hacer un repelente natural contra los mosquitos, es decir, que no sea insecticida", explicó Mariana Echarri, docente a cargo del proyecto, en diálogo con AIRE.
Con la idea definida, el curso —integrado por 13 estudiantes de solo 14 años— se puso a investigar sobre el tema. "Empezamos buscando conocer los repelentes naturales, es decir, las plantas con las que los mosquitos no tienen mucha afinidad. Recolectamos las aromáticas y conseguimos aceite esencial de citronela para poder armar aromatizar las tabletas", explicó la docente.
Con todos los elementos preparados, el proceso de elaboración les demandó a los alumnos solo las horas de clases en el laboratorio que tienen los días viernes. "Una vez que tuvimos todos los materiales, hervimos todo junto e hicimos una especie de caldo. A eso le agregamos un colorante vegetal color verde, mojamos los cartones en ese líquido y lo dejamos secar una semana", continúo diciendo Echarri.
Aunque sencillo, el procesó no terminó allí. "En la clase siguiente, embebimos los mismos cartones en aceite esencial de citronela y marcamos la forma de las tabletas. Una vez que se secaron completamente, las cortamos y ya estaban listas para ser usadas en los aparatos que todos conocemos", aseguró Echarri.
Sin embargo, el proyecto de los adolescentes no se quedó dentro de los muros de la escuela. Alentados por su profesora, decidieron ir un poco más lejos y pusieron su producto a la venta entre los vecinos del pueblo. "Fue una forma de incentivarlos y estimular su trabajo. Está bueno que no solo aprendan lo que son las técnicas de laboratorio sino también que sepan que pueden producir y hacer algo redituable", agregó.
Los chicos armaron un paquete con cinco tabletas y le pusieron un valor: 200 pesos. El éxito vino solo. Las familias de Las Petacas se enteraron y quisieron colaborar. En pocos días ya habían vendido toda la producción. Con el dinero recaudado, compraron algo para todo el salón. "Buscamos algo que quisieran tener y eligieron un parlante chiquito para escuchar música en los recreos", reveló.
La novedad también llegó a los oídos de otras escuelas de localidades cercanas, quienes los invitaron a enseñarle proceso a los alumnos de sus establecimientos educativos. "Estamos en contacto con una escuela de Sastre. Queremos enseñar el proceso a otras personas. No nos interesa comercializar a gran escala, sino hacer un aporte a la sociedad", concluyó Echarri.
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