Laguna El Palmar: un oasis que sigue escondido en el norte de Santa Fe

Laguna El Palmar: un oasis que sigue "escondido" en el norte de Santa Fe

Un equipo de Aire Digital recorrió uno de los paisajes más lindos de la provincia y que todavía muchos no conocen. Cómo se formó este palmar, qué importancia tiene en la cuenca del Salado y por qué no es un polo turístico.

POR GASTÓN NEFFEN

Es uno de los mejores atardeceres que hay en Santa Fe y son pocos los que se han sentado a verlo desde la pequeña “barranca”, conquistada por miles de palmeras caranday, que mira hacia la laguna El Palmar, uno de los humedales más singulares que hay en la provincia.

El sol cae justo en el centro de la laguna si uno le pregunta a Hugo “Culacha” Romagnoni dónde hay que sentarse. Es una postal roja en la que se cruzan flamencos, biguás y los tres tipos de cigüeña que hay en Santa Fe, entre las más de 150 especies de aves que se pueden avistar en el norte santafesino.

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La laguna El Palmar está 40 kilómetros al oeste de Margarita y al sur de La Gallareta, los dos pueblos más cercanos. En el viaje desde la ruta nacional 11, en los primeros treinta kilómetros predomina el paisaje degradado de la cuña boscosa, que por la falta de quebrachos se “hibrida” con algunos árboles del espinal. Unos kilómetros después de los primeros espartillos y tacurúes -que marcan la transición hacia los bajos- de repente aparecen las palmeras a los dos lados del arroyo Calchaquí.

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“El palmar está en el límite entre la cuña y los Bajos Submeridionales. Este sistema de lagunas encadenadas por los arroyos Golondrina y Calchaquí colectan el agua de los bajos y la derivan hacia la cuenca del río Salado”, explica el biólogo Blas Fandiño, que viaja junto a Aire Digital e integra el equipo de la Dirección de Áreas Naturales Protegidas del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de Santa Fe.

Laguna El Palmar: Un mundo de palmeras, aves y agua.

Parado sobre el puente del arroyo Calchaquí en la ruta 37, y mientras mira volar el drone, Culacha advierte: “No vieron nada todavía”. Es un anfitrión ideal para recorrer el palmar porque hace treinta años que cría y engorda ganado en estos campos.

Cuando abre la tranquera, la primera sensación es el asombro. Como la laguna está baja, en una parte del lecho se formó una enorme pradera verde que a los costados tiene “albardones” repletos de palmeras.

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La pregunta es obvia: ¿qué hace este palmar en el medio del norte santafesino? En realidad tiene todas las condiciones para estar ahí. Las palmeras caranday (el nombre científico es Copernicia alba) crecen en suelos salinos e inundables y se las encuentra en otras zonas del norte santafesino, como la cañada de Zulema (cerca de Reconquista) y al este de Rabón y Florencia en la ruta nacional 11.

“En Santa Fe se pueden encontrar hasta cinco tipos diferentes de palmeras. La caranday está adaptada a las inundaciones y también al fuego”, le explica José Pensiero a Aire Digital. Es ingeniero agrónomo, doctor en Ciencias Biológicas y un referente en el estudio de las plantas nativas -él dice “salvajes”- de la provincia.

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En las palmeras cercanas a la laguna se ven las marcas de las crecidas -un tono más blanco- y los troncos chamuscados por los incendios. “El fuego no daña a las palmeras y limpia su tronco de los restos de hojas secas que cuelgan”, precisa Pensiero.

Las palmeras caranday tienen una altura de entre 8 y 12 metros, las hojas en forma de abanico y espinas curvas y duras en el pecíolo de un centímetro y medio. Hay que tratar de no pisarlas cuando están en el suelo.

El fruto es de consistencia carnosa y tiene aceite. Lo come el ganado y también los pájaros. Así comienza un ciclo que regenera el palmar. “Las semillas quedan en la bosta de las vacas y los novillos y las aves comen una parte del fruto y tiran al suelo el resto, y de ahí también brotan nuevas palmeras”, cuenta el especialista.

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La fauna

Fandiño recorre el palmar con una cámara de fotos, binoculares y un cuaderno para anotar las especies que observa. “En el caso de las aves hay que dividir en dos ambientes: la laguna y la zona de palmeras”, precisa.

En total detectó más de 50 especies de pájaros. En el cuaderno anotó que en el agua se destacan los flamencos, las tres especies de cigüeña que hay en Santa Fe (tuyuyú, javirú y cigüeña americana), chorlos y gaviotines.

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“Detectamos dos grupos de más de 100 ejemplares de flamencos. También una concentración importante de biguás, con más de 1.000 ejemplares. Y una cantidad similar de tuyuyú. Es una abundancia importante de aves”, reconoce Fandiño. Como la laguna está baja -Culacha estima que la profundidad es de 50 centímetros-, los pájaros se están dando un festival de pescado.

Entre las palmeras, el biólogo encontró boyeros, pepiteros, cardenales y otras especies típicas de bosques. Comen frutos, semillas e insectos. Los mamíferos son más difíciles de observar, pero encontró huellas de gato montés y zorros.

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Un punto de inflexión en la cuenca del Salado

El sistema de lagunas El Palmar, Las Aves (a la altura de Calchaquí) y los arroyos Golondrina y Calchaquí conducen el agua que se acumula en los Bajos Submeridionales -cuando llueve- hacia la cuenca del río Salado.

“Acá el Salado parece un zanjón”, apunta Culacha. Y tiene razón. A esta parte de la cuenca llega con poca agua y se renueva con el aporte de los bajos, que suma el 60% del caudal que luego baja hacia Recreo, Santo Tomé y Santa Fe.

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“Aquí habría que cambiarle el nombre al río”, le dijo Ricardo Giacosa, investigador del Instituto Nacional del Agua (INA), a Aire Digital en un informe sobre las crecidas del Salado. “Es un punto en el que río revive”, destacó Gustavo Ferreira, el director a cargo de coordinar la prevención hídrica en la Secretaría de Recursos Hídricos de la provincia.

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Laguna El Palmar

Por qué no es un lugar turístico

Hace más de 20 años que Culacha -antes su padre Norberto- tiene el sueño de generar un proyecto turístico en la laguna El Palmar. “La gente que viene no lo puede creer”, insiste.

El humedal fue una reserva provincial de uso múltiple -son más de 4.000 hectáreas- hasta el fallecimiento del padre de Culacha hace unos años. El convenio no se renovó porque no había unanimidad entre los hermanos que heredaron.

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Durante los últimos 20 años se hicieron estudios para definir senderos de trekking, circuitos para bicicletas, cabalgatas, kayaks y lugares para la observación de aves. Incluso se elaboraron los anteproyectos de las cabañas para que la gente se pueda quedar a dormir.

También se planificaron planes de conservación de flora y fauna, con sectores intangibles para la protección del ecosistema y estaciones biológicas. Hasta ahora es un sueño de papel. La belleza del lugar es indiscutible, pero le juegan en contra los 40 kilómetros de tierra y que es un campo ganadero privado y sin infraestructura turística.

Con inversiones y con políticas de apoyo del Estado, el sueño de papel quizás se transformé algún día en un eje de desarrollo para la gente de Margarita, La Gallareta, Calchaquí y Vera. Y en un lugar inolvidable pasar un fin de semana.

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