"Cuando se encienden la música y las luces del escenario, los nervios se van y viene la calma", asegura Jeremías Azvalinsky, el santafesino de 13 años que brilla en la danza clásica y en noviembre del 2022 fue seleccionado por el prestigioso Teatro Colón para continuar su formación como bailarín intérprete. Claro que, detrás de este joven prodigio, también hay una profesora muy dedicada y una familia que lo apoya y hará un gran esfuerzo para que él pueda perseguir su sueño. Todos juntos visitaron AIRE y contaron esta historia de pasión, esfuerzo y mucho talento.
Desde que "Jere" era muy chiquito, su familia ya notaba su inclinación hacia el baile: "Siempre me gustó la danza. Desde los dos años, cuando mi abuelo me puso Tchaikovsky y empecé a bailar con una cinta de gimnasia", cuenta el niño, y su mamá, Gabriela Serpentiello, agrega: "Era muy lindo verlo porque era un gurrumín chiquito y ni mi marido ni yo, ni los abuelos nos vinculamos con la danza. Entonces a partir de observarlo, supimos que algo estaba pasando".
Gracias a este primer guiño, la familia envió a Jeremías a estudiar danza clásica con Bety Sture, una reconocida profesora santafesina. Y cuando la mujer que le enseñó esos primeros pasos de ballet falleció, el niño continuó estudiando con Larisa Fanlo, una instructora de Buenos Aires que se recibió en el Colón y luego se mudó a la ciudad de Santa Fe.
"Jeremías ama bailar, es un apasionado y acepta los desafíos. Es un talento innegable. Se requieren muchas aptitudes físicas y artísticas para una carrera que es de excelencia. Además, se necesita mucho empeño, mucho trabajo, y requiere de un equipo: una persona solo con talento no llega, el entorno familiar es fundamental", destacó Larisa sobre su alumno. Después de educarlo en esta disciplina, la maestra supo que la capacidad de Jere ameritaba que se probara para formar parte del Instituto Superior de Arte del teatro porteño.
Con este propósito, Jeremías empezó el exhaustivo proceso para ingresar al Colón. En noviembre se presentó junto a otros 28 chicos de todo el país a un examen presencial y logró lo que tanto anhelaba: fue uno de los cinco seleccionados (dos varones y tres mujeres) para estudiar la carrera de Danza en esta exigente academia. "No es fácil entrar, hay chicos que prueban durante años", destacó su profesora y aunque "no tenía ninguna duda de que Jeremías iba a entrar", remarcó que "es muy loable que en un solo intento haya ingresado".
Una vez que estuvo la confirmación del Teatro Colón, los Azvalinsky empezaron a planificar cómo acompañar al joven bailarín en este sueño. "Se fractura un poco la familia porque tenemos un nene más chiquito, de 9 años, y él (Jeremías) tiene 13, es chico también para vivir solo en Buenos Aires. Así que decidimos hacer un tiempo y un tiempo. Iré yo al principio, después mi marido, y así nos estaremos turnando", contó su mamá Gabriela.
Además de formarse como bailarín, el Teatro Colón tiene una estricta regla para todos sus estudiantes: a la par, deben continuar estudiando en la escuela tradicional, así que Jeremías intercalará las clases de danza, música, idioma francés, e historia del arte, con clases virtuales de las materias típicas para poder seguir dedicándose de lleno al ballet.
"Yo quiero ser el mejor bailarín posible", sostiene Jeremías sobre esta puerta que se abre para que él pueda seguir su vocación, pero también cuenta que va a extrañar mucho a su familia porque "son todo" para él, y se anima a confesar que le da un poco de miedo vivir en Buenos Aires, "la gran ciudad". "Ahí va a estar mamá, no te preocupes", le dice Gabriela para transmitirle calma, la misma calma que Jeremías siente cuando pone un pie en el escenario.
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