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El gesto silencioso que conmovió: un chofer de Santa Fe devolvió una mochila con dinero y medicamentos y se fue "con el alma llena"

Un chofer de aplicaciones devolvió una mochila con dinero y medicamentos muy caros. No quiso recompensa: “Hice lo que me enseñaron de chico”.

Gustavo salió a trabajar por Santa Fe como todos los días, antes del amanecer, sin imaginar que una rutina más al volante terminaría convirtiéndose en una historia que emociona. Es chofer de aplicaciones y, en uno de sus primeros viajes de la mañana, una pasajera olvidó una mochila en el asiento trasero de su auto. Adentro había dinero en efectivo y medicamentos muy costosos.

La mujer viajaba junto a su hija, que ese día celebraba su cumpleaños. Bajaron en barrio Transporte, agradecieron el viaje y siguieron su camino. Minutos después, Gustavo ya había tomado otro servicio cuando empezó a sonar su teléfono. Insistente. Dudó en atender hasta que finalmente lo hizo. Del otro lado, una voz quebrada: la pasajera estaba desesperada. Había olvidado su mochila.

Quédese tranquila, si está acá se la llevo”, le dijo. Sin revisar el contenido, le pidió a la pasajera que viajaba en ese momento que confirmara si había algo en el asiento trasero. La mochila estaba ahí. Gustavo desvió su recorrido y fue directo a devolverla.

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La mujer lo esperaba angustiada. Revisó sus pertenencias: estaba todo. El dinero, los medicamentos, cada objeto. Le agradeció como pudo. Intentó recompensarlo, aunque Gustavo no quería aceptar nada. “Yo lo hago de corazón”, explicó después en diálogo con AIRE. Aun así, la pasajera insistió y dejó algo de dinero sobre el asiento.

Gustavo se fue contento. No por la plata, sino por la tranquilidad de haber hecho lo correcto. “Eso no tiene precio. Que alguien te diga ‘me salvaste la vida’ te llena el alma”, dijo. Y aclaró que gestos así no son excepcionales en su forma de vivir: muchas veces lleva personas que no pueden pagar el viaje y luego él mismo se hace cargo del costo.

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No sé en qué momento de su vida está el otro. Dios siempre me ayuda, entonces trato de ayudar”, contó. Trabaja jornadas largas, empieza a las tres y media de la mañana y termina entrada la noche. En el medio, vuelve a su casa para ver a sus hijas y a sus nietos. Manejar no es solo su trabajo: es su manera de estar cerca de los demás.

También habló del miedo que muchas personas sienten al subirse a un auto de aplicación y fue claro: “Hay muchos choferes buenos”. Él intenta demostrarlo todos los días, con respeto, honestidad y pequeños actos que, cree, hacen la diferencia.

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Gustavo no busca reconocimiento. Pero su historia se multiplicó igual, porque en tiempos de desconfianza, su gesto recordó algo simple y poderoso: todavía hay personas que eligen hacer lo correcto, incluso cuando nadie las está mirando.

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