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Edificios de Barranquitas: entre los que esperan una vivienda hay niños con enfermedades graves

El 6 de diciembre la anterior gestión municipal entregó 29 departamentos a familias vulnerables. Se les dijo que podrían mudarse en 15 días. Pero no contaban con luz eléctrica, ni agua potable. El sistema cloacal tampoco funcionaba.

En pocas horas se cumplirán dos meses desde que el exintendente, José Corral, entregara 29 departamentos a familias vulnerables del barrio Barranquitas, con el compromiso de que podrían mudarse a sus nuevas viviendas en apenas dos semanas. Sin embargo, a dos meses de aquel acto protocolar los beneficiarios de las viviendas continúan esperando, ya que los edificios carecían de energía eléctrica -y por lo tanto de agua potable- y presentaban inconvenientes insalvables en el sistema cloacal.

La Municipalidad y la Empresa Provincial de la Energía están a punto de firmar el convenio por el cual se iniciará la obra de instalación de una subestación transformadora que permitirá llevar la luz a estos dos edificios de tres pisos, que se ubican a la vera de la autopista Santa Fe-Rosario, frente a la Escuela de Trabajo. Las demoras se produjeron, básicamente, ante la necesidad de evaluar la forma de financiamiento de esta obra, que debió ser encarada por la empresa constructora que levantó los edificios con fondos del Plan Nacional de Hábitat.

El mayor problema es que los departamentos están destinados a personas vulnerables: discapacitados, enfermos y víctimas de violencia de género.

El mayor problema es que los departamentos están destinados a personas vulnerables: discapacitados, enfermos y víctimas de violencia de género. Por ese motivo, el tiempo apremia.

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Entre estos casos, se destacan las situaciones de cuatro familias con niños que padecen distintas patologías y que necesitan de manera urgente una vivienda digna donde mudarse. Ellos son M., que padece fibrosis quística y se encuentra en lista de espera para un transplante; T., que padece cáncer en la médula osea y es asistido por la Fundación Mateo Esquivo; J., que sufre parálisis cerebral y vive con su madre; y otro niño que padece hipoacusia bilateral y fue adoptado por una mujer mayor.

De una manera u otra, estas familias se las ingenian mientras aguardan que les entreguen sus viviendas en los edificios de Barranquitas. En todos los casos, los chicos necesitan estar alojados bajo ciertas condiciones de habitabilidad y limpieza, que no siempre tienen a su alcance.

Algunas familias no tienen dónde vivir mientras esperan que los edificios estén habilitados. Por ese motivo, desde la Municipalidad se las ayuda con el pago de alquileres.

No son los únicos que enfrentan situaciones realmente sensibles. Algunas familias no tienen dónde vivir mientras esperan que los edificios estén habilitados. Por ese motivo, desde la Municipalidad se las ayuda con el pago de alquileres de manera transitoria, porque de lo contrario quedarían en la calle. Durante esta semana, la Municipalidad realizará un nuevo relevamiento de estas familias para actualizar la información.

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Patricia dice que se sintió usada y que desde el 6 de diciembre, cuando le entregaron el departamento, no puede estar tranquila.

Patricia dice que se sintió usada y que desde el 6 de diciembre, cuando le entregaron el departamento, no puede estar tranquila.

Los plazos de espera

Se estima que, una vez que se firme el convenio entre el Municipio y la EPE, la instalación de la subestación transformadora demandará aproximadamente un mes y medio de trabajo. Mientras tanto, desde la Municipalidad avanzan en la compra de estaciones modulares compactas, un sistema que permitirá procesar los líquidos cloacales para que puedan ser derivados a los desagües pluviales y desde allí hacia los reservorios de la zona.

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El 20 de enero pasado, la directora de Hábitat de la Municipalidad, Paola Pallero, explicó en Aire de Santa Fe: "Los desagües cloacales tampoco funcionan. Las viviendas estaban preparadas para ser conectadas a desagües cloacales que no existen. Entonces instalaron biodigestores que procesan los líquidos y los sólidos, pero requieren de un tratamiento adicional para que se los pueda volcar en los reservorios".

Otro inconveniente provocado por esta situación es el riesgo de que los departamentos sean usurpados.

Lo cierto es que la infraestructura para ese tratamiento no fue instalada. "Y cómo no se realizó la obra de manera adecuada, los biodigestores colapsaron y hoy están tirados en la calle", añadió la funcionaria.

Otro inconveniente provocado por esta situación es el riesgo de que los departamentos sean usurpados. De hecho, se produjeron algunos inconvenientes en este sentido y por eso la Guardia de Seguridad Institucional (GSI) vigila la zona permanentemente.

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