De los molinos harineros a Vaca Muerta: la historia industrial de Esperanza que sigue creciendo
El titular de la Cámara de Metalúrgicos de Esperanza y vicepresidente de Fimaco SA, Juan Bernardo Sandaza, repasó en AIRE Negocios, 150 años de tradición productiva y el vínculo actual del sector con el boom energético
Sandaza remarcó que el vínculo entre la región y el sector petrolero y gasífero no es nuevo: Esperanza y Rafaela son proveedoras del petróleo, el gas y la minería desde hace décadas.
Esperanza volvió a ser sede de una jornada histórica para la industria santafesina, y esta vez Juan Bernardo Sandaza habló en la cobertura que realizó Milla Extra de AIRE Negocios, en un doble rol: como vicepresidente de Fimaco SA y, sobre todo, como presidente de la CIME, la Cámara de Metalúrgicos de Esperanza, que junto con CICAE y FISFE organizó el encuentro.
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Una tradición productiva de más de 150 años
Sandaza explicó que el potencial industrial de la región no es casual, sino el resultado de una historia que se remonta al siglo XIX: Esperanza fue la primera colonia agrícola organizada de la República Argentina, fundada en 1856, y apenas 20 años después ya contaba con cuatro molinos harineros y la tercera sucursal del Banco Nación del país.
Esa base, sumada a la pampa húmeda que caracteriza a toda la zona —Rafaela, San Jorge y el sur de Santa Fe—, generó según el dirigente un diferencial productivo respecto de otras provincias. A eso se suma la incorporación tecnológica de los últimos años: "Hoy estamos a niveles internacionales con capacidades puertas adentro para competir con cualquiera", afirmó.
El pedido central: "que nos nivelen la cancha"
Consultado sobre qué le falta al sector para despegar, Sandaza fue directo: "que nos nivelen la cancha", para poder competir en las mismas condiciones que los colegas de otros países. El reclamo incluye una carga impositiva más justa, sin impuestos distorsivos, y una infraestructura vial que permita transportar la producción con costos menores.
Entre los tributos que cuestionó mencionó el impuesto al cheque, los impuestos a los combustibles e Ingresos Brutos, a los que calificó como "impuestos temporarios que quedaron para siempre". En ese marco, dijo que la pelea que dan hoy desde FISFE, la UIA y las cámaras empresarias gremiales apunta a demostrar la capacidad instalada del sector: "Nos sobran ganas, nos sobra impulso y gente capacitada. Necesitamos que nos den las condiciones para poder competir y poder seguir trabajando y dando trabajo".
Para Sandaza, ese trabajo es la base del desarrollo urbano: "las ciudades se desarrollan con las industrias", sean del campo, metalmecánicas o aceiteras, ya que son las que generan los recursos para que un pueblo o una ciudad crezca "de una manera digna".
De Esperanza a Vaca Muerta: una cercanía productiva
Pese a los kilómetros de distancia, Sandaza remarcó que el vínculo entre la región y el sector petrolero y gasífero no es nuevo: Esperanza y Rafaela son proveedoras del petróleo, el gas y la minería desde hace décadas. El actual boom energético encontró a las empresas locales ya insertas en ese mercado, con tecnología de punta y conocimiento acumulado de las necesidades del sector.
Según explicó, buena parte de ese desarrollo tecnológico se aceleró durante la pandemia, cuando las restricciones para importar —producto de decisiones políticas de la época— obligaron a las empresas a desarrollar soluciones propias. "Quedamos con muy buenos vínculos y con tecnologías de punta para todo esto", concluyó.




