El pasado sábado 10 de septiembre, el Club El Cadi de Rincón disputó como local un partido correspondiente al torneo de Primera B de la Liga Santafesina de Fútbol (LSF). Sin embargo, un hecho cambió el eje informativo de esa jornada deportiva. Al salir a la cancha, el plantel exhibió una bandera con la polémica consigna: “Ni Uno Menos”. El hecho no solo generó repudios por minimizar la lucha del colectivo feminista, sino porque la bandera fue en defensa de un acusado por el abuso sexual de su sobrina, quien se encuentra en prisión preventiva.
Según el colectivo feminista, la intervención de los jugadores tuvo la finalidad de apoyar a un hombre imputado y con medida de prisión preventiva que está acusado por abuso sexual de su sobrina, que es el padre de uno de los futbolistas de El Cadi. El delito que se investiga se habría prolongado en el tiempo, desde los 6 hasta los 17 años de edad de la víctima. El procesado era transportista escolar y aprovechaba los viajes en que trasladaba a la joven hacia la escuela para perpetrar los ilícitos. Se trata del Caso M, que tuvo una profunda cobertura de AIRE.
En diálogo con AIRE, la integrante de Ni Una Menos de Rincón, Majo Díaz, aseguró que “no hay nada más machista que ese acto de meterse en la cancha a espaldas de la comisión, sin consultarlo y contrarrestando la consigna de las mujeres” y además, sostuvo que los integrantes del plantel “podrían haberse acercado a nosotras y preguntarnos qué nos parecía. Falta construcción colectiva del diálogo”. Sin embargo, resaltó que la acción “no es inocente”.
Díaz recordó que “a las que nos matan, nos persiguen y nos violan en las calles son a las mujeres y las disidencias”.
En el comunicado de repudio, Ni Una Menos de Rincón aseguró que la consigna de #NiUnoMenos “busca minimizar e invisibilizar la lucha y el reclamo histórico de las mujeres, deslegitimando su palabra, intimidando a quienes se atreven a alzar la voz por los hechos de violación sufridos (con el argumento de “falsa denuncia”) y generando enfrentamientos sociales que lejos están de erradicar la violencia”.
“No podemos dejar pasar que en nuestra ciudad (Rincón) salieron a la luz numerosos casos de abuso sexual infantil oportunamente denunciados y que el 23 de julio de 2021 más de un centenar de vecinos y vecinas marchamos como comunidad para exigir justicia”, agrega el texto.
Paralelamente, sostienen que la acción del pasado sábado “no es un hecho aislado” y advirtió que “las instituciones deportivas y el estado tienen la oportunidad de capacitar, sensibilizar y, cuando corresponda, sancionar a quienes ejercen violencia machista”.
A su vez, exigen:
Al Estado en general y al Ministerio de Igualdad, Género y Diversidad de la Provincia de Santa Fe en particular, que continúe el monitoreo a las instituciones gubernamentales y no gubernamentales para que promuevan una sociedad más justa e igualitaria, libre de violencias.
Pedimos explícitamente la implementación la Ordenanza de capacitaciones en “Ley Micaela'' para instituciones sociales y deportivas de nuestra ciudad.
Al Municipio en general, al Concejo Municipal y al Área de Género de la Municipalidad, que se pronuncie de manera inmediata ante los hechos públicos de violencia machista, y trabaje sobre la prevención de todas formas de violencias hacia las mujeres y disidencias.
A la Liga Santafesina que acompañe al Club CADI para repensar acerca de lo sucedido y evalúe si corresponde o no sanciones por incumplimiento de estatuto.
Al Club El CADI que incorpore a sus tareas y objetivos la erradicación de cualquier tipo de violencia, generando instancias que ejerciten el respeto por la diversidad, reconociéndose como una institución de potencial aporte a la comunidad joven e infantil, promoviendo prácticas no violentas y garantizando experiencias del deporte que no promuevan el odio.
Caso M: el duro relato de una joven
En septiembre de 2020, una joven de San José del Rincón denunció a su tío político -el esposo de su tía- por abusos sexuales que se cometieron a partir de los seis años y hasta los 16 años, según el testimonio que dio en la Justicia. El jueves 8 de julio, Jorge Ulises Pereyra fue imputado por abuso sexual con acceso carnal calificado por la guarda y en concurso ideal por corrupción de menores y un día después quedó en prisión preventiva a pedido del fiscal Roberto Olcese.
En una entrevista con "Ahora Vengo" en Aire de Santa Fe, la víctima, que pidió ser identificada con la sigla M y ahora tiene 29 años, contó el infierno que atravesó entre los seis y los 16 años, y las dificultades que tuvo para denunciar lo que había sucedido -por las amenazas y presiones de su tío- hasta diciembre del año pasado, cuando pudo concretar la denuncia en la Comisaría de la Mujer.
En un reportaje previo con AIRE, la joven recordó que los abusos comenzaron a los 6 años, con "cosquillas, que luego eran manoseos”. En la entrevista con Luis Mino, aseguró que el primer abuso con acceso carnal ocurrió cuando tenía ocho años. “Fue en la casa de mi tía, una vez que me quedé a dormir con mis primos. Mi tío me sacó de la cama y me llevó al baño de madrugada, en donde se concretó el abuso sexual con acceso carnal”, relató.
Durante ocho años, los abusos continuaron en la casa de sus tíos y en los diferentes vehículos que Pereyra utilizaba para realizar su trabajo como transportista escolar. “Empezó en un auto Peugeot creo, después fue en una kangoo y luego una tráfic con una ventana hexagonal con solo dos asientos adelante, uno en cada puerta. Me acuerdo que él pasaba por el medio. En todos esos vehículos me llevaba”, narró.
Desde cuarto grado a noveno año del secundario, Pereyra buscaba a su sobrina en la escuela de Santa Fe. La joven recordó que su tío siempre dejaba primero a los demas chicos y a ella la dejaba para el final. En ese trayecto casi siempre ocurrían las violaciones, según explicó la víctima.
“Cuando comencé cuarto grado me cambié de escuela y me fui a una en Santa Fe de la cual empecé a salir más tarde uno o dos días a la semana. Durante la secundaria, los abusos se concretaban todos los días”, explicó M.
Como su padre no podía ir a buscarla porque estaba haciendo el transporte de otros estudiantes, ella regresaba en el vehículo de su tío. “En ese transcurso todos los días que me traía, paraba en algún descampado o en algún lugar cuando yo quedaba sola en la camioneta con él”, narró M. La joven explicó que su tío repartía a todos los chicos de Rincón y después a los de Arroyo Leyes. “Yo me daba cuenta de lo que iba a hacer cuando no me dejaba, cuando no doblaba para venir a casa. Sabía que íbamos para el norte y sabía lo que pasaba. Una vez llegué a tirarme de la camioneta en movimiento porque sabía lo que se venía. Y recuerdo el miedo que tenía porque al día siguiente me iba a volver a pasar a buscar y encima iba a estar enojado. Cuando esto pasaba, los abusos eran más violentos”, recordó.
Todos los detalles que M. explicó en la entrevista están en la denuncia que radicó el 25 de septiembre del año pasado en la Comisaría de la Mujer. “Después me fui acordando de más cosas”, aclaró. El hombre investigado la amenazó durante los primeros años de una forma y a medida que la víctima fue creciendo, cambió su relato. “Me amenazaba con que si contaba o decía algo le iba a hacer lo mismo a mis primos y a mi hermana”, detalló. Sobre sus primos -los hijos del hombre imputado-, contó que una vez Pereyra los encerró en el baño de la casa “porque se estaban portando mal”. Luego, la llevó a ella y cerró la puerta desde adentro del baño. “Los tocó a ellos diciéndome que si yo contaba les hacía lo mismo que a mí”, relató.
M. aclaró que cuando creció, esa misma amenaza ya no era efectiva y comenzó a decirle que no le iban a creer porque él era más grande o porque era su tío. “Me decía que si yo contaba iba a matar a mis papás y nosotras dos (ella y su hermana) íbamos a quedar a cargo de él. También dijo que me iba a matar a mí”, agregó.
La joven cursó hasta noveno año en la misma escuela. Repitió octavo y volvió a hacer el año, pero cuando repitió noveno, se cambió de escuela. En ese momento frenaron los abusos en las camionetas del transporte, pero siguieron en los encuentros familiares o cuando ella iba a la casa de su tía.
"Mi psicóloga me dijo que las dificultades que atravesé en la colegio pueden estar relacionadas con el infierno que estaba viviendo, porque cuando estudiaba en casa me sabía todo y después rendía mal", recordó en la entrevista con Mino, de la que también participó la periodista Thamina Habichayn.
El primer relato
Bajo presión y amenazas, M. nunca pudo contarle a nadie sobre las violaciones. Solo logró decirle a sus padres, en medio de una discusión, que su tío la manoseaba. La madre de la joven narró a AIRE que ella se enteró de una parte de lo que ocurría con el marido de su hermana cuando su hija se lo largó en una discusión. “Ella quería salir a bailar con su hermana y había un chico que gustaba de ella, yo le estaba advirtiendo sobre los riesgos y diciéndole que ni se imaginaba lo que le podían hacer, pero ella me contestó que ya sabía porque a eso se lo hacía su tío”, manifestó la mujer.
Durante todos estos años, la joven tenía muchas dificultades para dormir. "No podés conciliar el sueño, porque se te vienen esos momentos a la cabeza. Y pensás que si lo denuncias te van a juzgar y no te van a creer. Además, tenés en la cabeza a sus hijos y a toda la familia. Son cosas que se tan van apareciendo cuando pensás en hacer la denuncia. Pensé en escribir en un cuaderno todo lo que me había pasado, contarlo en el Face, pero eran ideas que no llegué a concretar porque no estaba lista", aseguró.
El último contacto que M. y su familia tuvieron con el esposo de su tía fue en octubre de 2009. Tras contar lo que pasaba, los padres de M. cortaron toda relación con el hombre investigado y, por pedido de la joven, no realizaron denuncias ni hicieron pública la situación. Desde entonces, la víctima solo lo cruzó dos veces. En 2016 cuando su abuela se enfermó y estuvo grave, el hombre la fue a visitar a su casa. Después, en 2020 cuando la mujer falleció, M. lo volvió a cruzar en el velorio.
“Mi abuela me había pedido que no dijera nada hasta que ella falleciera”, destacó la joven. La mujer falleció en julio y en septiembre M. juntó valor e hizo la denuncia. La chica explicó que al principio su abuela no creía lo que le había contado, pero un día mientras miraban televisión la mujer le dijo: “Te creo porque lo conozco y ya lo había hecho antes, pero denuncialo cuando yo me muera”.
Por eso, unos meses después de la muerte de su abuela, y con la ayuda de una amiga, M. tomó el valor para hacer la denuncia aunque eso la llevó a recordar una y mil veces lo que vivió durante los años en que su tío cometió el delito, y también provocó amenazas a su familia y dudas sobre lo que ella contaba. “Mi tía de sangre nunca me defendió, siempre le creyó a él”, aseguró M., que contó que en una ocasión habló con su primo mayor sobre lo ocurrido. “Le dije que a ellos también les hacía lo mismo adelante mío, pero tal vez no se acordaba porque era muy chico, pero solo miraba un punto fijo y lloraba, no me dijo nada”, aseguró. Mientras ella le contaba a su primo lo ocurrido llegó su tía, que le dijo a su hijo: “Ya sabés todo de eso”. “Mi primo le respondió que de eso no sabía nada, pero en ningún momento nombraron de qué hablaban”, expuso M.
“Yo sé que mi tía sabía porque mi mamá se lo contó, pero aseguró que yo lo buscaba, que estaba celosa de ella y ahora dice que es mentira”, señaló la víctima. Además, sostuvo que en casi todas las ocasiones en que su tío abusaba de ella, su tía estaba presente. “A la madrugada yo estaba siempre pendiente de la luz roja de la computadora que veía en la oscuridad, esa que tiene cuando está apagada. Si la dejaba de ver o titilaba era porque él pasaba caminando”, añadió M. “Una vez la escuché a mi tía decirle “¿Qué hacés?”, y él le dijo que iba al baño, pero vino a mi cama. De nuevo mi tía le preguntó que hacía y le contestó que nos estaba tapando. Y una vez que me estaba tocando, mi tía le dijo: 'No te hagas el boludo que es una nena”, recordó.






