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Primera aparición de Jorge Bergoglio como Papa Francisco.
Ese día de 1965 un joven maestrillo jesuita se había levantado ansioso a la espera de la visita de uno de los máximos exponentes de la literatura hispanoamericana. Detrás de la puerta de su habitación 223, en el tercer piso del Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, Jorge Bergoglio se preparaba para una jornada donde las letras tomarían todo el protagonismo.
48 años después, el maestrillo que ofició de docente en uno de los colegios más antiguos de la República Argentina –donde recibió a Borges–, acaparó las miradas de todo el planeta y fue protagonista del humo blanco que se esparció por los aires romanos. A más de 11.000 kilómetros de la capital provincial y frente a una plaza desbordada de fieles, Jorge Bergoglio quedaría en la historia y nacería Francisco: el primer Papa latino.
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La habitación de Bergoglio en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe se puede visitar.
Parte de ese camino que lo llevó a dejar su nombre en la historia lo hizo en la ciudad de Santa Fe. Vivió entre 1964 y 1965 en una sala de techo alto y paredes gruesas. Sus pertenencias no eran más que una cama, una mesita de luz, un rudimentario escritorio con una silla y una pequeña mesa. En una irregular pared blanca inmaculada se destacaba una cruz. No más que eso: mucha austeridad. Allí pasó sus noches de calor intenso y frío húmedo. Mismo lugar que años después transitarían cientos y cientos de alumnos, pero sentados frente a un pupitre.
Los pasillos de la Inmaculada susurran que al joven profesor, de múltiples cargos, le gustaba romper las fronteras de las aulas. Tal vez alguna mañana se apoyó sobre su balcón, que no era más que la baranda del tercer piso, y posando su mirada sobre el verde y frondoso patio del Sagrado Corazón de Jesús se puso a pensar sobre sus clases y alguna alocada idea le mencionó: “¿por qué no traés a Borges?”. Pero quedó ahí, rebotando por los rincones de su conciencia mientras se disponía para ir a dar literatura.
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El padre Jorge Bergoglio, como Prefecto de la Primera División, correspondiente a 4to y 5to año de los Internos, en el Colegio Inmaculada.
Borges y Bergoglio en Santa Fe
En los años que vivió en la ciudad de Santa Fe, Jorge Bergoglio también buceó entre los libros como bibliotecario, estuvo a cargo de las materias de psicología, dibujo y arte y también ocupó el cargo de subdirector de la Academia de Literatura y Declamación. Distintos escalones en su camino para ser cura.
En 1965, aquel profesor exigente y estricto, pero cálido y comprensivo, decidió mandarle una carta e invitar a Santa Fe a un “agnóstico” como Jorge Luis Borges. ¿Se imaginan a Lionel Messi dando un entrenamiento de fútbol o a Charly García llevando adelante una clase magistral sobre rock nacional? Era algo de ese calibre y estaba por pasar en un lugar recóndito del litoral argento.
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Maiquel Torcatt / Aire Digital
Cuando el jesuita cerró el sobre de la carta que le envió al escritor, a ese papel lleno de expectativas y sueños le quedaría un largo camino por recorrer. Cientos de kilómetros y decenas de manos unieron a estas dos personas que terminaron siendo parte del rompecabezas que es la historia argentina. Días más tarde, con una taza y los lentes puestos, Borges leyó el escrito y no dudó. Sorpresivamente, el porteño se adentraría en las tierras donde nació la Constitución Nacional para dar cátedra sobre la literatura gauchesca. Bergoglio abrió la carta con dirección postal de Buenos Aires y el encadenamiento de letras forjó una sonrisa en su rostro: misión cumplida.
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El argentino Jorge Bergoglio es la máxima autoridad de la Iglesia Católica desde el 13 de marzo de 2013.
Era agosto y con una temperatura templada, la Academia de Literatura Santa Teresa se ponía en movimiento. Un hombre con camisa clara, un traje tenuemente gris y el pelo prolijamente acomodado se movía por calle San Martín. Con cada paso seguramente apreció la Plaza 25 de Mayo y se dispuso a cruzar la puerta principal del centenario colegio. Una mini revolución de las letras se estaba iniciando. Durante cinco días se condensaron charlas, debates, discusiones y más charlas.
Pero a las palabras no se las llevó el viento. La presencia de Borges en Santa Fe hizo germinar la semilla de pequeños escritores y meses más tarde nacieron 14 cuentos de un concurso propuesto por el colegio. En los más de 400 años que lleva Inmaculada, solo hay ocho alumnos que pueden levantar la mano y decir que recibieron el “abrazo literario” del mismísimo Jorge Luis. Los textos elegidos se transformaron en un libro y esa pieza fue prologada por quien había visitado la ciudad de Santa Fe y tal vez haya tenido la fortuna de haber degustado un alfajor.
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Jorge Bergoglio junto a Jorge Luis Borges en Santa Fe.
“Este libro trasciende su originario propósito pedagógico y llega, íntimamente, a la literatura”, elogió Borges a José Cibils, Julio de la Torre, Carlos Ghiara, Oscar Grassi, Jorge Milla, Julio Peña, Ubaldo Pérez y Rogelio Pfirter. Se trata de los alumnos que transitaban sus últimos pasos por Inmaculada y se convirtieron en los autores del libro que se terminó llamando "Cuentos Originales".
Los años pasaron, pero las letras y los recuerdos de Bergoglio sobre el Colegio Inmaculada quedaron. En 2014, ya siendo líder de la Iglesia Católica, en una jornada con apenas algunas nubes sobre el cielo del Vaticano, un hombre de traje y con “acento santafesino" se acercó al Papa Francisco. Abrazos, emociones y recuerdos de por medio, Bergoglio miró una foto sostenida por el exalumno Carlos Minatti y con los lentes colgando sobre su pecho la observó y marcó con el dedo índice el aula exacta donde pasó sus noches en la capital santafesina. El recuerdo seguía latente.
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Abrazos, emociones y recuerdos de por medio Bergoglio miró una foto sostenida por el exalumno Carlos Minatti.
El otro gran artista argentino: Diego Maradona
Muchos años después del paso de Bergoglio por Santa Fe, algún poder mágico trajo a un niño enrulado en la zona del Gran Buenos Aires. Él también fue un artista. “En el campo era un poeta”, lo describiría el propio Papa Francisco. Ese petiso, con solo una pelota bajo sus pies, se llevó al mundo puesto y en 1986 acarició el cielo con las manos. Cinco años después de levantar el trofeo más preciado, llegó a Santa Fe para inaugurar la cancha de fútbol 5 de Ateneo Inmaculada, casi sin escalas.
En 1991 Diego Armando Maradona desembarcó en la capital para cortar la cinta de una cancha sintética. La historia cuenta que no solo llegó para hacer magia con la redonda, sino que fue invitado por Miguel Del Sel con la promesa darle una exquisitez litoraleña: un buen pescado a la parrilla. Lo acompañaron campeones del mundo como el local Nery Pumpido y Oscar Ruggeri, entre otros.
Por su estética y belleza deportiva, Diego se terminó transformado en uno de los exponentes argentinos más populares en todo el globo. Algo que vivió Bergoglio cuando se convirtió en Papa. Borges quizás transitó algo similar, sin tamaña explosión de masividad, aunque sí logró un enorme reconocimiento en el mundo académico y de las letras, transformándose en un ícono indiscutible de la literatura argentina.
En la inmensidad de los 268 kilómetros cuadrados que tiene la ciudad de Santa Fe, en apenas dos manzanas y con algunos años de diferencia, hicieron parte de la historia de esta ciudad tres de los grandes íconos de la República Argentina: Bergoglio, Borges y Maradona.
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