Ante la llegada del Fenómeno El Niño, cómo afrontar el trauma que dejó la inundación de 2003 y cuándo pedir ayuda

Las advertencias por lluvias intensas pueden reactivar el miedo y la angustia de quienes atravesaron la inundación de 2003. La psicóloga social Mercedes Martorel explicó cómo afrontar el trauma, cuándo pedir ayuda y por qué la organización familiar y vecinal puede ayudar a recuperar seguridad.

La llegada del fenómeno de El Niño vuelve a despertar angustia, miedo e incertidumbre en muchos santafesinos que atravesaron la histórica inundación de 2003.

La llegada del fenómeno de El Niño vuelve a despertar angustia, miedo e incertidumbre en muchos santafesinos que atravesaron la histórica inundación de 2003.

Maiquel Torcatt / Aire Digital

Las advertencias sobre lluvias intensas y la llegada del fenómeno de El Niño vuelven a despertar angustia, miedo e incertidumbre en muchos santafesinos que atravesaron la histórica inundación de 2003.

Para la psicóloga social Mercedes Martorell, no se trata solamente de prepararse frente a una eventual emergencia: también es necesario atender las emociones que aquella experiencia dejó y que, en algunos casos, permanecen abiertas.

Martorell, psicopedagoga, magíster en Salud Mental y psicóloga social, fue parte del trabajo que realizó el colectivo de la Escuela de Psicología Social en los barrios afectados durante la inundación de 2003. Según explicó en diálogo con AIRE, actualmente vuelven a recibir consultas, comentarios y preocupaciones de personas e instituciones vinculadas con aquella tragedia.

Fenómeno El Niño: el recuerdo de la inundación de 2003 puede reactivar el miedo

La especialista explicó que las advertencias actuales pueden funcionar como un disparador para quienes vivieron situaciones traumáticas durante la inundación. La pérdida de viviendas, objetos personales, recuerdos y familiares quedó asociada a una experiencia que, según planteó, tampoco encontró una reparación posterior.

"Hay mucha angustia, mucho miedo", señaló Martorell, quien remarcó que la preocupación actual también está vinculada con la falta de confianza que quedó instalada después de 2003.

La especialista contó el caso de una persona que durante aquella inundación no lloró pese a haber perdido su casa y atravesado otras situaciones muy difíciles. Años después, comenzó a llorar de manera frecuente y terminó recurriendo a asistencia psicológica porque vinculaba lo que le ocurría con el temor de que aquella experiencia pudiera repetirse.

Las advertencias actuales en torno al fenómeno de El Niño pueden funcionar como un disparador para quienes vivieron situaciones traumáticas durante la inundación de 2003.

Las advertencias actuales en torno al fenómeno de El Niño pueden funcionar como un disparador para quienes vivieron situaciones traumáticas durante la inundación de 2003.

Esto muestra que un trauma puede permanecer latente y reaparecer frente a situaciones que recuerdan lo vivido.

Qué hacer frente a la angustia y el miedo

La primera recomendación de la especialista es prestar atención a lo que cada persona siente. Si aparece una angustia que resulta difícil de contener, una sensación de paralización o un miedo que interfiere con la vida cotidiana, aconsejó realizar una consulta profesional.

"Si se siente un registro de que no se está bien, que tiene angustia, que no sabe, muchas veces no lo ligan a la situación, consulten, por favor, consulten", sostuvo.

Martorell remarcó que quienes atravesaron la inundación tienen una historia que puede explicar la aparición de ansiedad o angustia frente a las nuevas advertencias. Por eso, consideró importante no quedarse paralizados por el miedo.

Organización familiar: saber qué hacer antes de una emergencia

Para la especialista, una de las herramientas más importantes para afrontar la incertidumbre es transformar el miedo en organización. Propuso que cada familia pueda pensar con anticipación qué haría ante un eventual escenario de emergencia: a dónde iría, cómo se trasladaría y cómo resolvería las distintas necesidades que pudieran surgir.

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Martorell señaló que actualmente existen instrumentos que permiten generar mayores certezas y que esa información debe llegar a la comunidad para que cada familia pueda prepararse.

La planificación, explicó, no solamente permite ordenar las acciones hacia afuera, sino también las emociones: saber quién, cómo, dónde y cuándo actuar puede generar mayor seguridad frente a una situación que provoca incertidumbre.

La importancia de organizarse entre vecinos

La especialista también puso el foco en las estrategias comunitarias. La organización por cuadras puede convertirse en una herramienta para reducir la incertidumbre y mejorar la capacidad de respuesta.

Entre las cuestiones que propuso trabajar están:

  • Identificar por dónde podría ingresar el agua en cada sector.

  • Definir cómo funcionaría una alerta temprana.

  • Establecer quién avisaría a los demás vecinos.

  • Detectar qué personas podrían necesitar mayor asistencia.

  • Identificar a personas con discapacidad o adultos que puedan requerir traslado.

  • Pensar estrategias específicas para cada barrio.

  • Reunirse con los vecinos y analizar los datos objetivos disponibles.

  • Evitar que los rumores reemplacen a la información oficial.

"El orden, la organización no solamente ordena para fuera, sino que ordena para dentro", explicó Martorell. Según la especialista, la organización genera seguridad porque permite saber quién hace qué y cómo actuar ante una situación determinada.

Cada barrio necesita su propia estrategia

No todos los barrios tienen las mismas características. Existen diferencias en las cotas, las posibilidades de salida, las necesidades de los vecinos y las capacidades para afrontar una eventual emergencia.

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Por eso, cuestionó que un plan de evacuación general pueda resolver por sí solo las necesidades particulares de cada sector. A su entender, además de los planes barriales, hace falta avanzar en estrategias familiares y comunitarias que contemplen las características concretas de cada zona.

En ese sentido, consideró fundamental que las organizaciones vecinales, las instituciones y los organismos municipales y provinciales trabajen de manera articulada.

Información clara para recuperar la confianza

Otro de los puntos centrales de la entrevista fue la comunicación. Martorell aclaró que no cuestiona las obras que se realizan ni afirmó que la situación actual sea igual a la de 2003. Por el contrario, destacó que existen instrumentos más precisos que permiten generar certezas.

Martorell consideró fundamental que las organizaciones vecinales, las instituciones y los organismos municipales y provinciales trabajen de manera articulada.

Martorell consideró fundamental que las organizaciones vecinales, las instituciones y los organismos municipales y provinciales trabajen de manera articulada.

El problema, explicó, aparece cuando la información no alcanza para responder las preguntas concretas de los vecinos: qué puede ocurrir, cuáles serían las zonas más afectadas y cómo deberían prepararse.

La especialista planteó que las autoridades deberían acercarse a cada barrio desde una perspectiva empática: primero escuchar cómo están los vecinos y qué necesitan y, a partir de allí, explicar qué se hizo y cómo se puede responder a las necesidades particulares de cada zona.

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"No se trata solamente de una posible inundación y también hay que decir que ahora hay instrumentos mucho más precisos que en el 2003", sostuvo.

El objetivo: generar tranquilidad sin ocultar la realidad

Para Martorell, generar tranquilidad no significa minimizar los riesgos ni transmitir mensajes que no estén respaldados por información. La tranquilidad, sostuvo, se construye con datos, organización y acompañamiento.

"Generar tranquilidad es decir la verdad y ayudar a pensar cómo se sale todos juntos", afirmó al finalizar la entrevista.

En ese sentido, la preparación ante un eventual escenario de lluvias intensas no debería contemplar solamente infraestructura y protocolos de emergencia. También debería incluir el impacto emocional que las advertencias pueden tener sobre quienes todavía cargan con las consecuencias de la inundación de 2003.

Para esas personas, organizarse, informarse, apoyarse en la comunidad y pedir ayuda profesional cuando la angustia resulte difícil de manejar pueden ser herramientas para afrontar el presente sin quedar paralizados por el recuerdo de lo que ocurrió.

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