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Salud

“Somos una sociedad hipócrita que demoniza drogas y naturaliza las que pueden generar más daño”

Así lo consideró el psicólogo y especialista en adicciones Osvaldo Chiarlo, en una entrevista con Aire Digital en la que analizó el consumo problemático de drogas legales e ilegales. Es docente de la UCSF, de la UNL y miembro del área de Prevención de la dirección de Narcocriminalidad

Por Mariano Ruiz Clausen

Osvaldo Chiarlo es licenciado en Psicología, especialista en adicciones, docente de Habilidades y Competencias Terapéuticas en la UCSF y del posgrado en Consumos Problemáticos de UNL. Con mirada experta, centra su preocupación en las consecuencias del alto consumo de drogas legales a las que considera más o igual de nocivas y potencialmente adictivas que otras ilegales.

Coincide con la Sedronar en que al ranking de consumos problemáticos lo encabezan el alcohol, el tabaco, y la marihuana. En ese orden, y según el último relevamiento realizado por el organismo nacional en la provincia de Santa Fe, que concluyó hace dos años. No hay información más reciente.

Son los mismos datos que brindó a Aire Digital la Agencia de Prevención de Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones (Aprecod), de la provincia. Según esas estadísticas el 69% de la población de 12 a 65 años que fue encuestada manifestó haber bebido alcohol en el último año, 28% fumado cigarrillos y el 10% marihuana. El consumo de cocaína alcanzó el 1,8%.

—¿Qué opina de los datos de la Sedronar?

—En general las estadísticas nacionales y provinciales coinciden en que la mayor carga de consumo, tanto de sustancias legales como ilegales, radica en el alcohol y en el tabaco, acompañado esto de índices altos de morbimortalidad (la tasa de individuos que muere en un tiempo determinado por haber contraído cierta enfermedad). Y en tercer lugar la marihuana. Pero ni en Argentina ni en Santa Fe contamos con estudios que distingan con exactitud el porcentaje de personas que hacen un consumo problemático de sustancias, del porcentaje de personas dependientes, y del de aquellos que consumen pero que aún no registran síntomas (subclínico). No obstante, los estudios de la Sedronar nos ayudan a saber cuál es la prevalencia, es decir el número de casos en un momento determinado.

—¿Qué observa usted en los espacios de prevención, atención y abordaje en los que trabaja?

—Que hay coincidencias. La mayoría consume alcohol y tabaco. Si bien el tabaquismo fue disminuyendo en los últimos años, el desafío mayor radica en profundizar campañas preventivas integrales, principalmente a través de los medios de comunicación, sobre los daños a corto, mediano y largo plazo. También, y fundamentalmente, de los que ocasiona el consumo de alcohol antes de los 18 años, porque los cuadros de intoxicaciones se producen cada vez a más temprana edad.

 

—¿Por qué, en general, los estados y gobiernos permiten unas drogas y prohíben otras, incluso algunas menos nocivas que muchas de las legales?

—Tengo una opinión formada, basada en lo personal pero también en la evidencia y actividad científicas. Existen muchos estudios sobre esto. Desde lo más personal, considero que sucede porque somos una sociedad hipócrita, ‘careta’. Demonizamos por mandatos sociales y morales históricos unas sustancias, y endiosamos otras que no solo generan más daño sino que tienen mayor potencial de volvernos dependientes. Ejemplo de ello es cómo está naturalizado el mal uso de los psicofármacos, el consumo prematuro de alcohol y la experimentación temprana del tabaco, entre otros.

“Lo de los psicofármacos es una contradicción escandalosa. Un médico prescribe una dosis X de ansiolíticos por día, y la persona comienza a sentir que esa dosis no es suficiente; se la aumenta, genera más tolerancia, se la sigue aumentando… Paradójicamente, esta misma persona se alarma, despotrica y hace una condena moral si se entera que el hijo de tal consume marihuana”, cuestionó el psicólogo.

Y agregó: “Por otra parte, David Nutt, toxicólogo y neuropsiquiatra inglés, referente mundial en la temática, comprobó que las sustancias más dañinas para la persona, la familia y la sociedad son, en este orden, la heroína, el alcohol, la nicotina, la cocaína y unas 16 sustancias más. En el puesto 14 ubicó a la marihuana, y un poco más abajo al LCD”

“Entonces –interrogó Chiarlo–, ¿por qué son legales las más dañinas como el alcohol y la nicotina e ilegales la menos dañinas como la marihuana? En conclusión, la legalidad o ilegalidad de una u otra no tiene base científica, sino que responde a preconceptos e intereses morales, culturales, mercantiles y comerciales”.

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Consultado Osvaldo Chiarlo sobre si las políticas de prohibición del consumo de sustancias psicoactivas fueron o no exitosas a lo largo de la historia, fue enfático: “La lógica prohibicionista fracasó”, dijo.

Y profundizó: “No solo ha fracasado desde las políticas públicas en general, sino en el ámbito de las intervenciones sanitarias. Por eso es importante que las instituciones de salud que todavía sostienen estrategias de expulsión y castigo sepan que no sólo no son exitosas, sino que atentan contra los derechos humanos de las personas”.

—¿A qué se debe ese fracaso?

—A múltiples razones. Desde lo sanitario – terapéutico se comprobó que las intervenciones de castigo o de expulsión no mejoran la calidad de vida de las personas ni su contexto inmediato. Por el contrario, se incrementa el porcentaje de población oculta (que posee un problema de salud mental pero que no tiene vínculo con el sistema sanitario); además, que se vulneran sus derechos.

Por otra parte, desde una lógica mercantil y prohibicionista se intentó que las personas consuman menos incrementando el costo de las sustancias. Pero eso tampoco funcionó. Básicamente porque al prohibir o restringir una sustancia no necesariamente aumenta la percepción del riesgo de consumirla (en determinados tipos de personalidades, opera, más bien como un incentivo). Tampoco se reduce la demanda; y, a su vez, se construye un mercado paralelo-ilegal que satisface esa demanda.

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—¿Cuáles serían las ventajas y desventajas de despenalizar algunas sustancias?

—En cuanto a la despenalización, no debemos mezclar lo jurídico-punitivo con lo sanitario. Penar a una persona que padece una adicción no hace más que potenciar el estigma social,  revictimizar; y aumenta la población oculta que consume y no es contenida con y desde  los tratamientos y dispositivos existentes. Es decir, despenalizar no significa legalizar. Esto deja en claro que la Justicia debe perseguir y condenar a los delincuentes relacionados con el narcotráfico. Mientras tanto, el sistema de salud, tanto público como privado, debe dar respuestas a los personas con problemas de consumo.

“Total normalidad”: Nadie va a señalar con dedo acusatorio al que tome cerveza tras cerveza en un espacio público. Paradójicamente, si estuviese fumando marihuana en la vereda de un bar podrían ‘invitarlo a retirarse’ o llamar a la policía

El licenciado Osvaldo Chiarlo, quien también es director de una Asociación Civil, constituida como centro interdisciplinario de alta complejidad especializado en adicciones y consumos problemáticos en la ciudad de Santa Fe, puso énfasis en que las características subjetivas, el contexto y los modos particulares de uso de drogas son determinantes en el efecto que estas provocan.

—Qué hace más daño, ¿el consumo crónico de alcohol o el de marihuana? Si pudiera hacer una generalización…  

—La problemática del consumo es multidimensional. Un análisis simplista y lineal no es pertinente y contribuye a desinformar. Ahora bien, si se pudiera determinar cuál sería más dañina a nivel multidimensional (físico, mental y socio ambiental), deberíamos tener en cuenta rasgos de personalidad, edad y contexto sociofamiliar, entre otras variables. El caso de un joven de 20 años que tiene una predisposición psicológica a desarrollar un trastorno psicótico, y consume marihuana de manera crónica, implicaría un riesgo significativo para su salud mental.

“No obstante –explicó– si pudiéramos hacer una abstracción y comparar entre dos personas de 60 años que consumen desde los 20, uno marihuana y el otro alcohol, y sus familias nunca estuvieron de acuerdo con eso, probablemente las dos personas hayan deteriorado sus lazos más cercanos. También, el que consume marihuana podría tener dificultades en la memoria y en el aparato respiratorio; y problemas serios en el hígado y en aparato digestivo el que consume alcohol. Es decir, lo que vuelve complejo a los consumos problemáticos es el nivel de imprevisibilidad de su evolución en el tiempo”.

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Posteriormente, el psicólogo dijo que una sustancia X puede potenciar o influir en lo que ya se existe en la base de la estructura psíquica del usuario. “Si una persona tiene como estilo de afrontamiento para resolver conflictos la violencia, probablemente en una primera fase del consumo de alcohol se desinhiba y se potencie su agresividad”, ilustró.

Asimismo, “si una persona posee como estrategia de tolerancia a la frustración descargar con golpes esa sensación, el consumo de cocaína podría potenciar esa conducta”, señaló Osvaldo Chiarlo.

“Finalmente, si pudiera posicionarme sobre la sustancia en sí misma, sin tener que evaluar la personalidad, diría que la cocaína es un estimulante muy potente, que predispone a una impulsividad mayor que otras sustancias”, concluyó.

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