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Microinfartos cerebrales: ¿qué son y qué provocan?

En algunos casos pueden pasar desapercibidos, pero si se sostienen a lo largo del tiempo terminan afectando las funciones cerebrales de manera progresiva. En esta entrevista, el neurólogo y máster en Neurociencias, Hugo Valderrama, te cuenta todo lo que tenés que saber.

A diferencia de lo que sucede con un accidente cerebrovascular (ACV) producido en las arterias de mayor tamaño, los microinfartos cerebrales pueden pasar desapercibidos. Sin embargo, producen un impacto inevitable en la persona que lo padece.

En esta entrevista, el Dr. Hugo Valderrama, neurólogo y máster en Neurociencias, te cuenta todo lo que tenés que saber sobre los microinfartos en el cerebro.

- ¿Los microinfartos, afectan pequeñas áreas del cerebro?

- Sí, de manera individual obstruyen el flujo sanguíneo y afectan las neuronas en un diámetro de pocos milímetros.

- ¿Es posible no sentir que estás teniendo un microinfarto?

- La mayoría de la veces, no producen ningún síntoma inmediato. A diferencia de un ACV producido en arterias de mayor tamaño, en donde según el área del cerebro afectada se sufren síntomas de forma inmediata (como ser debilidad en un brazo, pierna o la mitad del cuerpo, dificultad para hablar, ver o mantener el equilibrio, cefalea, entre otros).

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El Dr. Hugo Valderrama hizo hincapié en la necesidad de sostener hábitos saludables para preservar al salud del cerebro.

El Dr. Hugo Valderrama hizo hincapié en la necesidad de sostener hábitos saludables para preservar al salud del cerebro.

- ¿De qué manera, entonces, pueden repercutir negativamente sobre nuestro cerebro?

- Lo ejemplifico de esta manera: supongamos que las calles de Santa Fe son redes neuronales. Entonces si hay un pozo en una calle que no deja circular, no hay consecuencias graves, voy por otra calle (por otra conexión neuronal). Pero si cada vez hay más pozos, que me impiden llegar a destino por otro camino, entonces empieza a haber consecuencias.

A medida que envejecemos puede haber alteraciones vasculares de este tipo sin repercusión, la clave esta en la cantidad, frecuencia y con qué salud mantenemos nuestro cerebro para poder soportarlos.

- ¿Cuáles pueden ser los síntomas si se acumulan?

- Declive en las funciones mentales, como la memoria o el razonamiento, alteración de la conducta y capacidad para movernos. De manera lentamente progresiva pueden producir lo que se denomina demencia vascular y/o síntomas similares a la Enfermedad de Parkinson, entre otros.

- ¿Se pueden crear “calles” (conexiones) nuevas?

- El cerebro es plástico y crea conexiones permanentemente, pero esa capacidad tiene un límite. A su vez, hay un concepto denominado “reserva cognitiva”, o sea qué capacidad previa tiene nuestro cerebro para soportar daños, la cual depende de que tan bien mantengamos hábitos para un cerebro saludable.

- ¿Cuáles son estos factores de riesgo?

- Todo lo que daña las arterias del corazón, también daña las arterias del cerebro y la de todos los órganos. Hipertensión arterial crónica, colesterol elevado, diabetes, obesidad, sedentarismo, tabaco, insomnio y apneas del sueño, son los más frecuentes. Lo bueno es que más allá de la carga genética, todos estos factores son modificables por nuestro estilo de vida. Es básica la forma en que nos alimentamos.

- ¿Los argentinos nos alimentamos mal?

- Si tomamos la población general, sí. Casi la mitad de los adultos Argentinos es hipertenso y la mitad de ellos lo desconoce, la principal causa es exceso de cloruro de sodio (sal) en lo que comemos. Uno de cada tres tiene colesterol elevado y uno de cada diez es diabético, por el exceso de azúcar, grasas trans y saturadas. Acorde a esta pésima alimentación, estamos entre el primer y segundo puesto de América Latina en sobrepeso y obesidad.

- ¿Cuáles son los hábitos saludables que se deben sumar a la alimentación?

- Un promedio de 15 minutos de ejercicio físico aeróbico diario, dormir entre 6 y 8 horas siendo adulto, una vida social saludable placentera y darle a nuestro cerebro objetivos. Además el entrenamiento de todas nuestras funciones mentales, lo que denomino “balance cognitivo”, es decir, estimular no solo las funciones cognitivas que tenemos ejercitadas por nuestro trabajo o actividad diaria, sino todas las posibles.

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