menu
search
Salud cáncer de mama | Salud |

"Lo viví como una pesadilla, pero hoy estoy agradecida": el relato de una sobreviviente del cáncer de mama

Ludmila tenía 37 años cuando le diagnosticaron cáncer de mama. La enfermedad fue un baldazo de agua fría que la acorraló a miles de kilómetros de distancia de su hogar y su familia. Cómo fue el proceso que transformó su vida.

Yo me encuentro sola un bulto en la mama derecha. En mi casa, mirando televisión y de casualidad”, así comienza su relato Ludmila Bisa, sobreviviente de cáncer de mama. En ese momento Ludmila tenía 37 años y nunca se había realizado un control o ecografía mamaria.

Su diagnóstico llegó en 2020, en plena pandemia y a miles de kilómetros de Santa Fe. “Fui al médico sola cuando me dieron el diagnóstico. Un amigo me estaba esperando afuera”, recuerda Ludmila sobre el día en que se le movió el piso.

LUDMILA-2.jpg
“Fui al médico sola cuando me dieron el diagnóstico. Un amigo me estaba esperando afuera”, recuerda Ludmila sobre el día en que se le movió el piso.

“Fui al médico sola cuando me dieron el diagnóstico. Un amigo me estaba esperando afuera”, recuerda Ludmila sobre el día en que se le movió el piso.

“Creo que no me estaba esperando esa noticia”, agrega al relato. Hacía siete años que Ludmila vivía en España y cada dos años volvía a Santa Fe a visitar a su familia. Tras la confirmación del diagnóstico, lo primero que sintió fue la necesidad de estar en su ciudad. “Ganas desesperadas de volver a mi lugar. Era como si me hubiera caído una ficha”, cuenta.

Lo viví como una pesadilla, pero si me preguntás hoy en día, la verdad es que le estoy agradecida, porque a raíz de ese diagnóstico, vinieron cosas, vinieron cosas muy buenas después. Lo viví como una pesadilla, pero si me preguntás hoy en día, la verdad es que le estoy agradecida, porque a raíz de ese diagnóstico, vinieron cosas, vinieron cosas muy buenas después.

“Yo lo viví como una pesadilla, te digo la verdad”, asegura Ludmila que a lo largo de su tratamiento padeció serios problemas. Primero vino el insomnio que desembocó en una depresión. “Me di cuenta de que estaba en un lugar donde no quería estar, eso trajo muchas cosas que no era solo la enfermedad”, sostiene Ludmila que califica esa etapa como "muy difícil".

A pesar de todo lo que le tocó atravesar Ludmila hoy se muestra agradecida y asegura que sin la llegada del diagnóstico, probablemente seguiría viviendo en España. “No me hubiera caído la ficha de que en realidad quería volver a Santa Fe. Tampoco hubiera podido acompañar a mi mamá en sus últimos momentos de vida”, relata.

El tratamiento de Ludmila se extendió por un lapso de seis meses, en ese período se sometió a quimioterapia, una cirugía y rayos.

Cuál fue la etapa más difícil del tratamiento

Los miedos y los prejuicios rodean la palabra cáncer y todo lo que se relaciona con la enfermedad. En el caso de Ludmila su mayor temor eran las consecuencias que generaba la quimioterapia. “Quería evitar a toda costa la quimioterapia —afirma hoy—. Te dicen cáncer, pero la primera palabra asociada es muerte. Es decir, me estoy muriendo. Y no es así, no hay que paralizarse”.

Tres años atrás la sola idea de afrontar el tratamiento y de quedarse sin pelo eran instancias que a Ludmila le generaban tanto miedo como impresión. “Esa parte fue bastante difícil. Y el hecho de no estar en el lugar o con las personas que te pueden brindar la contención que uno quisiera estar en un momento tan difícil y de tanta vulnerabilidad”, relata.

La pérdida del cabello significó volver a encontrarse en el espejo. “No te terminas de reconocer, porque aparte no es solo el pelo de la cabeza, es cejas, pestañas, te cambia todo”, cuenta. A esto se debe sumar la mirada ajena del otro, que se posa sobre el diagnóstico y no en la persona.

El alta llegó en mayo del 2021, fue en ese momento en que Ludmila se permitió liberarse. “Cuando el médico me dijo: “Te podés ir a Argentina”; como que me desplomé y me largué a llorar”.

Lo mejor 2019 Chicas Pink
Las Chicas Pink se reúnen para remar por la vida en el Club Azopardo.

Las Chicas Pink se reúnen para remar por la vida en el Club Azopardo.

Durante su tratamiento y aun en España, Ludmila entró en contacto con las Chicas Pink. “No tenía ninguna contención y enseguida me contacté con ellas”, relató al mismo tiempo que agregó que desde la asociación no dudaron en abrirle sus puertas.

Una vez que Ludmila llegó a Santa Fe se integró al grupo y a las actividades que desarrollan en el Club Azopardo. "La verdad es que es súper positiva la experiencia de compartir con otras mujeres que pasaron por lo mismo. Empatizan con vos de una manera en que tal vez otra persona no puede hacerlo", recalca la entrevistada.

El cambio fue inevitable tras la enfermedad y todo lo que esta trajo aparejado. “Por empezar estaba viviendo en un lugar muy lejos de acá. Y una de las primeras cosas que hice fue empezar a pasar mucho tiempo, por ejemplo, con mi mamá. A mí eso me cambió la cabeza completamente”, aseguró.

Priorizar el tiempo con su familia y sus allegados se volvió en una prioridad. Tomar coraje para afrontar nuevas experiencias se transformó en una consigna. "Es como si vos decís no voy a tener toda la vida. Querés hacer todo juntas. Hagamos, claro. Hagamos, estemos, colaboremos, ayudemos. Eso es parte de mí", describe Ludmila.

Desde que recibió el diagnóstico del cáncer de mama, todos los octubre Ludmila dedica gran parte de su tiempo a enviar mensajes a sus contactos para recordarles la importancia de hacerse los controles anuales. "Yo era muy joven cuando me pasó. No tenía antecedentes, no tenía por qué hacerme los controles y me tocó. Era súper saludable, deportista, es decir, nadie está exento de que le pase", enumera la mujer que hoy recomienda a todos tocarse sin miedo.