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Salud Día Internacional del Abrazo |

El poder del abrazo: por qué este gesto simple mejora la salud a cualquier edad

Este 21 de enero se conmemora el Día Internacional del Abrazo. Una práctica social que acompaña a la humanidad desde tiempos inmemorables. Cuáles son los efectos que un abrazo puede generar y las consecuencias de no recibirlos?

Con apenas ocho segundos de abrazo, una persona puede experimentar una sensación de bienestar que se prolonga durante toda la jornada. Desde la abrazoterapia aseguran que los seres humanos necesitan cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho para mantenerse, doce para crecer y dieciséis para ser felices. Más allá de cualquier cifra, el acto de abrazar tiene efectos positivos concretos en quienes lo comparten.

Tres especialistas de distintas disciplinas explicaron a AIRE cuáles son los beneficios de este contacto y qué ocurre cuando el abrazo falta en la vida cotidiana.

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Desde la abrazoterapia aseguran que los seres humanos necesitan cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho para mantenerse, doce para crecer y dieciséis para ser felices.  

Desde la abrazoterapia aseguran que los seres humanos necesitan cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho para mantenerse, doce para crecer y dieciséis para ser felices.

Desde la neurociencia, un abrazo desencadena la liberación de sustancias como las endorfinas y la oxitocina. Las endorfinas generan sensación de bienestar y forman parte del sistema natural de analgesia del cuerpo, ayudando a aliviar tanto el dolor físico como el emocional.

La oxitocina, en tanto, es conocida como la hormona del apego. Refuerza la confianza y el vínculo con el otro. “Nuestro cerebro nos premia cuando nos abrazamos de manera sincera”, explica a AIRE el doctor Hugo Valderrama, neurólogo y magíster en neurociencias.

El abrazo también cumple una función social. Facilita las relaciones interpersonales y fortalece el sentido de comunidad. “Desde una mirada evolutiva, los seres humanos tenemos más posibilidades de sobrevivir cuando estamos unidos. El cerebro interpreta ese contacto como una señal positiva”, agrega Valderrama.

“El rol del abrazo es fundamental tanto para el bienestar emocional como a nivel fisiológico”, sostiene la licenciada en Psicología María Alejandra Acevedo (matrícula 1214). Entre sus beneficios, enumera la regulación del estrés, el efecto ansiolítico, la mejora de la autoestima y el fortalecimiento de los vínculos. “A través del abrazo se construye una conexión íntima y profunda con los demás”, remarca.

El contacto físico también contribuye al valor personal. “Cuando una persona está en contacto con seres que la aprecian y la valoran, se siente fortalecida”, explica Vanesa Juriol, coach Sana Tu Vida, Paqo y pampamisayoc.

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Desde la psicología el rol de este simple contacto es una forma de manifestación que permite regular las emociones tan diferentes como necesarias: la alegría, la tristeza y el enojo.  

Desde la psicología el rol de este simple contacto es una forma de manifestación que permite regular las emociones tan diferentes como necesarias: la alegría, la tristeza y el enojo.

Desde la tradición andina, Juriol destaca la importancia del contacto comunitario, no siempre desde el abrazo, sino desde el sostén colectivo. En lo chamánico, especialmente entre mujeres, existen redes de contención que se expresan a través de caricias o abrazos, por ejemplo durante el período menstrual. “Ese tipo de prácticas se perdió mucho en Occidente”, señala.

Para la especialista, el contacto físico es una verdadera “maravilla”: brinda fortaleza emocional y permite a las personas sentirse en condiciones de llevar adelante sus proyectos.

Un estímulo que no depende de la edad

Los efectos del abrazo en el cerebro se producen en todas las etapas de la vida. “Desde los bebés hasta las personas mayores. El contacto entre padres e hijos es fundamental para la liberación de oxitocina y el desarrollo del apego”, explica Valderrama.

Las culturas que rechazan el contacto pierden estos beneficios. “El abrazo nunca debería dejar de ser una muestra de cariño, afecto y confianza. Así lo interpreta el cerebro y así debemos usarlo, respetando los códigos culturales”, agrega el neurólogo.

La falta de contacto implica un retroceso emocional. En pocos segundos y a través de un gesto simple, pueden aflorar recuerdos, emociones y sensaciones profundas. Un abrazo puede sostener a una persona en un momento de tristeza o vulnerabilidad.

“Ante una situación dolorosa, recibir un abrazo ayuda a regular la tristeza y otras emociones”, afirma Acevedo. El contacto es clave desde el nacimiento, cuando el bebé es acunado piel a piel para calmar el llanto y el malestar.

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Nuestro cerebro nos premia cuando nos abrazamos de manera sincera.  

Nuestro cerebro nos premia cuando nos abrazamos de manera sincera.

El abrazo fortalece los vínculos sociales y familiares a lo largo de toda la vida. Incluso en la adultez mayor, recibir un abrazo genera bienestar, seguridad y sensación de ser querido. “Eso construye vínculos de apego seguros”, subraya la psicóloga.

Desde lo chamánico, Juriol agrega que el contacto físico estructura internamente, otorga pertenencia y empoderamiento. “Esa fuerza permite atravesar cualquier desafío”, afirma.

La falta de contacto, en especial entre madres e hijos por el ritmo cotidiano, puede generar desvalorización personal y malas interpretaciones emocionales. “Sería ideal volver a normalizar el abrazo, la caricia, el contacto”, propone la coach.

Acevedo advierte que quienes no están habituados a abrazar o a ser abrazados pueden presentar dificultades en la comunicación empática y en la contención emocional de los demás.

En un mundo donde la cercanía se mide en likes, el abrazo sigue siendo insustituible. Une, protege, da seguridad y reduce la tensión. En menos de ocho segundos puede multiplicar el bienestar.

A abrazarse: es gratis y hace bien.