El impacto de El Niño en Santa Fe: qué hay que saber sobre dengue, escorpiones y roedores

La Organización Panamericana de la Salud advierte que el fenómeno El Niño podría potenciar el riesgo de dengue, chikungunya y Zika, además de multiplicar la población de alacranes y las infecciones vinculadas a roedores. Una especialista explica por qué la prevención debe arrancar ahora.

El trabajo de eliminar criaderos de mosquitos debe comenzar en invierno, antes de las lluvias primaverales

El trabajo de eliminar criaderos de mosquitos debe comenzar en invierno, antes de las lluvias primaverales

Municipalidad de Santa Fe

Un informe de situación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), publicado en junio de 2026, advierte que el fenómeno climático El Niño probablemente persista hasta comienzos de 2027, con capacidad de alterar la ecología de los vectores y los patrones estacionales de transmisión de varias enfermedades, desde dengue hasta infecciones vinculadas a roedores.

El aumento de las temperaturas asociado a El Niño puede favorecer brotes de enfermedades transmitidas por vectores incluso en zonas de altura que normalmente tienen climas desfavorables para su desarrollo, según el organismo. En el extremo opuesto, las condiciones extremadamente cálidas y secas pueden derivar en olas de calor, incendios forestales y peor calidad del aire, con el consiguiente impacto en enfermedades respiratorias y estrés térmico.

El aumento de las temperaturas asociado a El Niño puede favorecer brotes de enfermedades transmitidas por vectores.

El aumento de las temperaturas asociado a El Niño puede favorecer brotes de enfermedades transmitidas por vectores.

En las zonas donde el fenómeno se traduce en más lluvias, en cambio, las inundaciones desplazan a los animales silvestres y domésticos, multiplican las interacciones entre personas y animales durante tareas de evacuación y rescate, y favorecen el abandono de mascotas, lo que a su vez puede incrementar la población de perros y gatos callejeros.

El listado de enfermedades que la OPS pone bajo vigilancia incluye leptospirosis, hantavirus y un conjunto de enfermedades arbovirales —dengue, chikungunya, Zika, fiebre amarilla y encefalitis arbovirales—, además de los accidentes protagonizados por animales ponzoñosos, entre ellos los escorpiones.

"El fenómeno de El Niño no es algo puntual y local nuestro, sino que es un efecto global", explica en diálogo con AIRE Mariana Maglianesi, licenciada en saneamiento ambiental. "Afecta también a Brasil, Paraguay, Bolivia, Uruguay: es un fenómeno que se está dando en todo el hemisferio sur. Por eso nosotros siempre tenemos como referencia lo que pasa a nivel regional para entender lo que va a pasar en nuestro país."

Dengue, chikungunya y Zika: mismo mosquito, mismo escudo

Según explica Maglianesi, el mecanismo es relativamente simple de entender. El Niño eleva la temperatura regional, lo que a su vez incrementa la evaporación y las lluvias. Más agua acumulada en recipientes significa más criaderos disponibles para el Aedes aegypti, el mosquito que transmite dengue, chikungunya y Zika. A mayor densidad de mosquitos, mayor es el riesgo de que una persona infectada —generalmente alguien que viajó a una zona endémica— sea picada y dé inicio a la cadena de transmisión local.

Los huevos depositan la potencial población de mosquitos que se reactivará con el primer calor.

Los huevos depositan la potencial población de mosquitos que se reactivará con el primer calor.

En pleno invierno, aclara la especialista, el ciclo de vida del Aedes aegypti está interrumpido por las bajas temperaturas y no vuelve a activarse hasta fines de octubre o principios de noviembre. Los mosquitos que nacen en esa reactivación no traen la enfermedad: el virus llega recién cuando alguien regresa infectado de una zona donde la transmisión ya es activa, como el centro y el norte de Brasil.

Hay un dato del pronóstico que preocupa especialmente a Maglianesi: se espera que el impacto de El Niño en América del Sur sea más intenso durante el segundo semestre del año, justo cuando coinciden el aumento de temperatura, las lluvias, el inicio de la primavera y la temporada de viajes. Además, con temperaturas más altas el ciclo del mosquito se acorta, lo que se traduce en más generaciones en menos tiempo y, por lo tanto, mayor densidad de población.

Por eso, insiste, el trabajo de eliminar recipientes con agua estancada —"descachar", en la jerga del sector— debe hacerse ahora, antes de que arranque la temporada de riesgo. "Bajamos la densidad de mosquitos para la época en la que empieza la enfermedad. Si las poblaciones de mosquitos son menores, la posibilidad de transmisión también lo es", resume.

La temporada que acaba de terminar dejó apenas dos casos de dengue en Santa Fe, una cifra muy baja que Maglianesi vincula a la caída de más de un millón de casos en Brasil durante el mismo período. Sin embargo, advierte que pocos casos de enfermedad no equivalen a pocos mosquitos: los huevos que las hembras dejaron este año pueden derivar en poblaciones altas para la próxima temporada, incluso sin que haya habido transmisión. "Una cosa es la cantidad de mosquitos que hay y otra la cantidad de enfermedad", diferencia.

Las mismas medidas de prevención —eliminar agua estancada, tapar herméticamente los recipientes que se usan, dar vuelta los que no— protegen contra las tres enfermedades que transmite el mismo mosquito. Es un dato relevante porque, si bien existe una vacuna contra el dengue, esta no evita el contagio sino que reduce la gravedad de los síntomas, y no hay vacunas disponibles contra la chikungunya ni el Zika. La chikungunya, recuerda Maglianesi, provocó un brote grande con muertes en Brasil y brotes importantes en provincias del norte argentino.

Para quienes viajen a zonas endémicas, la recomendación es usar repelente de forma sistemática, incluso a la sombra o en espacios cerrados, para evitar convertirse —sin saberlo— en el origen de un brote local al regresar.

Alacranes: la expansión del género Tityus

El informe de la OPS también pone el foco en los animales ponzoñosos. Según el organismo, existe evidencia creciente de que el cambio climático y fenómenos como El Niño están modificando la distribución, la abundancia y las interacciones entre humanos y especies de importancia médica, entre ellas los escorpiones. Al ser animales ectotérmicos, su comportamiento, actividad y reproducción dependen fuertemente de la temperatura y la humedad ambiente.

En la región, el género con mayor presencia y el más peligroso es Tityus. Maglianesi señala como las especies más relevantes en la zona a Tityus carrilloi —la población local que hasta una revisión taxonómica de 2021 se identificaba como Tityus trivittatus— y Tityus confluens, ambas reconocidas por la literatura científica como las de mayor importancia médica del país. Comparten territorio con el género Bothriurus, de color más oscuro, cuyas picaduras son leves y no requieren antiveneno.

Las superficies lisas como el vidrio impiden que los alacranes del género Tityus trepen a las camas.

Las superficies lisas como el vidrio impiden que los alacranes del género Tityus trepen a las camas.

El riesgo del género Tityus recae especialmente en niños y niñas menores de 12 años: por su menor masa corporal, el veneno se concentra más y en los casos más graves puede ser mortal. "Con el calentamiento global y las inundaciones, el alacrán se va a desplazar. No es un animal de agua, no se siente cómodo flotando, así que cuando los lugares se encharcan empieza a moverse", explica Maglianesi. Esa dinámica, sumada a la creciente adaptación de la especie a los entornos urbanos, multiplica los encuentros entre escorpiones y personas. Las proyecciones climáticas, además, anticipan que estas especies podrían expandirse hacia zonas templadas donde históricamente no se había registrado escorpionismo.

Frente a esto, la especialista recomienda priorizar las barreras físicas por sobre los productos químicos, ya que los insecticidas actuales actúan por contacto y no tienen efecto residual: solo sirven si alcanzan al animal en el momento. Entre las medidas más efectivas menciona colocar burletes debajo de las puertas, instalar rejillas de tela metálica en los desagües y colocar tapones en piletas, bidets y bañeras. Dentro de la casa, sugiere aislar las patas de la cama —dentro de un frasco de vidrio o envueltas con varias vueltas de cinta de embalaje ancha, superficies que el alacrán no puede trepar—, evitar que la ropa de cama toque el piso o la pared, guardar el calzado en bolsas plásticas bien cerradas y sacudir la ropa antes de vestir a los chicos, ya que los alacranes son fotófobos y caen apenas detectan la luz.

Hantavirus y leptospirosis: enfermedades distintas, mismo origen animal

El informe incluye también a las enfermedades transmitidas por roedores entre las que pueden intensificarse con El Niño, y Santa Fe ya tiene antecedentes tanto de hantavirus como de leptospirosis. Maglianesi remarca que, pese a tratarse de enfermedades endémicas en la región —lo que explica que reciban menos atención pública—, es clave no confundirlas.

El hantavirus, señala, no lo transmiten las ratas de ciudad —ni la negra, ni la colorada, ni el "laucha"—, sino el ratón colilargo, propio de zonas rurales. La variante que circula en la región tampoco se transmite de persona a persona: el contagio ocurre al inhalar polvo contaminado con orina, heces o saliva del roedor, generalmente al ingresar a construcciones cerradas del campo que no se ventilaron durante mucho tiempo. La recomendación es airear el espacio antes de entrar, usar barbijo y humedecer el ambiente antes de barrer o mover objetos, para no levantar ese polvillo.

Precauciones para limpiar depósitos y prevenir hantavirus y leptospirosis.

Precauciones para limpiar depósitos y prevenir hantavirus y leptospirosis.

La leptospirosis, en cambio, es una enfermedad bacteriana —no viral— que puede curarse con antibióticos si se detecta a tiempo. Sus síntomas iniciales, un cuadro febril, se parecen a los del dengue y la chikungunya, por lo que Maglianesi recomienda consultar rápido al médico y detallar las actividades realizadas en los últimos diez días para orientar el diagnóstico.

La bacteria está presente en la orina de distintos mamíferos —perros, gatos, caballos, cerdos y también ratas, estas sí incluidas las de ciudad— y se contagia por contacto directo, ya sea a través de heridas en la piel o de mucosas como ojos, nariz y boca. Por eso, frente a tareas en zonas anegadas o con agua estancada, la recomendación es usar botas y guantes, y lavarse bien las manos con agua y jabón al finalizar.

Con temperaturas más altas, agrega la especialista, tanto las bacterias como los virus se reproducen más rápido dentro de sus huéspedes animales, lo que puede traducirse en más casos.

El factor común: el orden del ambiente

Más allá de las particularidades de cada enfermedad, Maglianesi insiste en un mismo mensaje: la limpieza, la higiene y el ordenamiento ambiental son la herramienta más eficaz frente a cualquier escenario, sea de El Niño o La Niña, de lluvia o de sequía. "La salud de nuestro ambiente está directamente relacionada con el orden en que tenemos las cosas", sostiene.

Un patio con objetos acumulados puede convertirse en refugio para alacranes que buscan sombra, en madriguera para ratas si el terreno es de tierra, o en criadero de mosquitos apenas llueva sobre recipientes a la intemperie.

La recomendación, entonces, es una sola tarea con múltiples beneficios: revisar el patio, eliminar lo que no se usa, tapar lo que se usa y ordenar lo que queda, antes de que octubre y noviembre traigan el primer calor.

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