lunes 19 de julio de 2021
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El esfuerzo por adaptarse a una larga pandemia, en la que acecha el miedo y la soledad

La adaptación al escenario disruptivo de la pandemia insume mucha energía y también implica procesar las pérdidas y sostener las redes afectivas en la era del distanciamiento. Los psicólogos recomiendan encontrar un lugar para la escucha y los vínculos.

“Extraño mucho los encuentros con mis amigas, mucho, mucho. Eso me tiene triste”. La frase de Diana no es banal: esas redes eran el sostén afectivo de su vida antes de la pandemia, cuando quedarse en casa se convirtió en una forma de cuidarse y cuidar. “Estoy como se puede”, responde alguien a la pregunta casual de “¿cómo estás?”. “No sé si pasó mucho o poco tiempo desde entonces”, dice una paciente en un consultorio de psicoanálisis.

¿Cómo se puede vivir tras la explosión de proyectos y vida cotidiana que significó, desde marzo de 2020 la pandemia de covid-19? No se trata de ponerle nombre de patología a un sufrimiento común, a la forma de transitar la cercanía de la muerte, la posibilidad del contagio, con su poder multiplicador, la aparición de nuevas variantes que alejan el horizonte de un retorno a una situación (la llamada “normalidad”) definitivamente perdida.

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Hay muchas cuestiones de la cotidianeidad que se vieron alteradas por la pandemia, pero hay que encontrar alternativas para sostener espacios de encuentro.

Hay muchas cuestiones de la cotidianeidad que se vieron alteradas por la pandemia, pero hay que encontrar alternativas para sostener espacios de encuentro.

“Estamos pasando por una situación que nadie puede adscribir a ninguna experiencia anterior y que, además, afecta a todo el mundo”, expresa Marité Colovini, psicoanalista, médica psiquiatra y directora de la Maestría en Psicopatología y Salud Mental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario, que este viernes.

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Más que ponerles etiquetas a los padecimientos que surgen por una situación global inédita, se trata de encontrar un lugar para la escucha. Así lo plantea Celina Pochettino, directora provincial de Salud Mental. “Asumimos la dirección en febrero de este año, lo que nos obligó a construir un plan de contingencia para este momento tan duro y que nos afecta a cada uno, pero a todos en común, donde las afecciones y los padecimientos de salud mental se ponen en relevancia. La pandemia nos obliga a inventar nuevos modos de cuidarnos, con la paradoja de que nos tenemos que cuidar del covid, distanciándonos y al mismo tiempo sabemos que la cercanía, los afectos, es un modo de cuidarnos en salud mental”, refleja Pochettino.

Para la funcionaria, hay que tener mucho cuidado de no "psicopatologizar" el sufrimiento. "No hay que caer en la medicalización de estas problemáticas. Ese es un riesgo que se corre, a veces por los intereses del mercado”, advirtió. Cada sufrimiento tiene una forma de expresión, cada pedido de ayuda se expresa con las palabras propias de la persona que sufre.

Y por eso, entre otras estrategias, como el fortalecimiento de los equipos de salud mental en distintas regiones y el acompañamiento a equipos de salud, la dirección provincial difundió y fortaleció la atención en salud mental a través del 0800 555 6549, destinado a las consultas por coronavirus. “Venimos construyendo un registro epidemiológico y a partir de muchos de esos contactos telefónicos se da una continuidad de los cuidados con los equipos territoriales de asistencia, en atención primaria de la salud. Un 25% de esas llamadas, que vienen aumentando de manera importante, se están acompañando más allá de ese primer contacto telefónico”, cuenta la funcionaria y señala que les llama la atención que “un gran porcentaje de esas llamadas son de personas que no habían consultado nunca por problemas de salud mental”.

Las situaciones de angustia que llegan al 0800 tienen dos vertientes: la incertidumbre, el miedo al contagio y a contagiar a los seres queridos son las más comunes; y por otro lado, las afecciones por la pérdida de una persona querida. También han recibido consultas por dificultades de acceso a tratamientos por su situación socioeconómica, y allí, la urgencia que plantea Pochettino es “garantizar derechos”. El hábitat, el trabajo y los lazos sociales son pilares para la salud mental.

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La pandemia dejó en evidencia que la salud es un problema colectivo.

La pandemia dejó en evidencia que la salud es un problema colectivo.

Más allá de las personas que llaman al servicio telefónico, se registra una sensación generalizada de agobio y de tristeza. “Hay un montón de cosas que se perdieron, además de seres queridos, porque la mayoría de la gente cuenta con seres queridos fallecidos, ya sean familiares, amigos, médicos, docentes, escritores, artistas. Esas pérdidas, más todo lo otro que se fue perdiendo, configura una situación de duelo que se mantiene. Con cualquier persona que uno converse, se encuentra ese fondo de tristeza, pero eso es que estamos duelando”, considera Colovini.

Al mismo tiempo, hubo que inventarse nuevas rutinas, precauciones. “Hay algunas cuestiones de la cotidianidad que fueron absolutamente alteradas: ir a tomar un café, salir a hacer las compras, visitar amigos, celebrar cumpleaños en familia, todo eso se desarmó. Y creo que tuvimos que ir lentamente haciendo un gran esfuerzo y poniendo mucha energía en adaptarnos a lo posible”, puntualiza Colovini y señala: “Esa energía se la sacamos a otras cosas; al trabajo, a la creatividad, por ejemplo. Mucha gente se queja de que no se puede concentrar. Es que la energía la estamos poniendo en adaptarnos, y se necesita mucha energía para la adaptación”.

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Y el encuentro físico es irremplazable. “Nosotros como argentinos somos una sociedad donde el contacto, los abrazos, los besos, las caricias, son necesarias. Vos llegabas a una reunión con 20 personas y tenías que darle un beso a cada uno. Hay otras culturas donde no ocurre esto, pero en Argentina sí. Y lo vimos con el festejo de la Copa América, que fue una explosión de todo lo contenido”, suma Colovini.

La distorsión del tiempo es otro tema de conversación recurrente. Que no alcanza, que se escurre entre los dedos. Muchas personas ni siquiera cuentan al 2020 y hablan de “el año pasado” para lo que hacían antes de la pandemia. “Algo se alteró en relación al tiempo y en realidad lo que se alteraron fueron los proyectos”, dice Colovini, quien opina que “el futuro se hizo incierto. Siempre lo es, pero hay épocas donde uno tiene más previsibilidades. Vivir en la incertidumbre, será muy interesante, pero también es muy "ansiógeno", es fuente de mucha ansiedad no saber qué va a pasar mañana”.

Escuchar, poner palabras, inventar nuevas formas de cercanía, con la tecnología o con la reinvención de los encuentros. “El desafío de este momento es cómo inventamos cercanía, cómo creamos redes, poder habitar nuestros lugares de trabajo. Cómo nos hacemos acompañar, el acompañarse es clave”, subraya Pochettino. Y se engarza con lo que considera Colovini: “Si algo vino a dejar en evidencia esta pandemia es que la salud es colectiva, no es un problema del individuo, sino de las comunidades”.

Esto también pasará, como dice el proverbio chino. Mientras tanto “cuidarse es también cuidar al otro, no es por mí solamente, es por mí y por vos, es por la comunidad”, subraya hasta el cansancio la psiquiatra rosarina.

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