Cuando el equipo médico del Hospital Vilela le comunicó a su familia que la pequeña tenía muerte cerebral y que ya no había nada más qué hacer, sus padres decidieron donar sus órganos. “En medio de tanto dolor, como familia decidimos donar sus órganos para que su amor y su luz sigan presentes en otras vidas. Elegimos que su historia también sea una oportunidad de vida para otros”, escribió su padre Ricardo.
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Un reconocimiento a los médicos y docentes
En el texto publicado en redes sociales, el papá de Luna dedicó unas palabras al equipo médico que asistió a la niña tras el trágico accidente: “Queremos agradecer profundamente a los camilleros que la asistieron con urgencia, por su rapidez y compromiso en un momento tan crítico. También al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, a cada uno de sus profesionales, por haber hecho todo lo posible con tanto esfuerzo, dedicación y, sobre todo, con tanto cariño hacia nuestra hija y hacia nosotros”.
Además, Ricardo hizo un reconocimiento a los docentes de la escuela Islas Malvinas y pidió mejores condiciones para los establecimientos educativos: “Queremos que este dolor sirva para generar conciencia. Los niños necesitan jugar, es parte de su naturaleza, y como adultos no podemos ni debemos impedirlo. Pero sí tenemos la responsabilidad de brindarles herramientas, espacios seguros y la contención necesaria para que puedan hacerlo de manera cuidada”.
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El lunes, la escuela Islas Malvinas de Rosario estuvo cerrada por duelo.
“Reconocemos profundamente –continuó– el trabajo de la mayoría de las docentes, que ejercen su labor con verdadera vocación, muchas veces en condiciones que no son las ideales y sin el acompañamiento necesario de las autoridades. Sabemos que no es fácil cuidar a un niño, y mucho menos a muchos a la vez, cada uno con su historia y su forma de ser. Por eso, este mensaje también es de respeto y de pedido: que se generen las condiciones adecuadas para que puedan acompañar a nuestros hijos como merecen”.
Por último, pidió “que este terrible accidente no sea en vano. Que nos impulse a crecer como sociedad, a revisar, a mejorar y a cuidar más. Que nos encuentre más atentos, más comprometidos y más humanos”.
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En el final de su carta, Ricardo remarcó la importancia de la donación de órganos y le dedicó unas últimas palabras a su hija: “Quiero que se la recuerde por su vida, no por su final. Donar es multiplicar el amor”.
La carta completa del papá de Luna
Mi hija Luna era una niña profundamente alegre, ocurrente y llena de amor. Tenía una forma única de mirar el mundo, con una dulzura y una generosidad que se sentían en cada lugar al que iba. Le encantaba jugar, reír, compartir, y tenía esa capacidad tan especial de hacer sentir bien a los demás.
Desde muy chiquita, a sus 2 años, comenzó el jardín, la colonia y distintas actividades. En cada uno de esos espacios dejó una huella. No sólo por su energía y su alegría, sino también por su forma de vincularse, por su cariño sincero y su manera de incluir a todos.
Luna también tenía su fe. Amaba a Jesús y esa fe era parte de su esencia, de su forma de amar y de dar. Nos enseñó mucho más de lo que una niña tan pequeña podría imaginar.
En medio de tanto dolor, como familia decidimos donar sus órganos para que su amor y su luz sigan presentes en otras vidas. Elegimos que su historia también sea una oportunidad de vida para otros.
Queremos agradecer profundamente a los camilleros que la asistieron con urgencia, por su rapidez y compromiso en un momento tan crítico. También al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, a cada uno de sus profesionales, por haber hecho todo lo posible con tanto esfuerzo, dedicación y, sobre todo, con tanto cariño hacia nuestra hija y hacia nosotros.
También queremos que este dolor sirva para generar conciencia. Los niños necesitan jugar, es parte de su naturaleza, y como adultos no podemos ni debemos impedirlo. Pero sí tenemos la responsabilidad de brindarles herramientas, espacios seguros y la contención necesaria para que puedan hacerlo de manera cuidada.
Reconocemos profundamente el trabajo de la mayoría de las docentes, que ejercen su labor con verdadera vocación, muchas veces en condiciones que no son las ideales y sin el acompañamiento necesario de las autoridades. Sabemos, como padres, que no es fácil cuidar a un niño, y mucho menos a muchos a la vez, cada uno con su historia y su forma de ser. Por eso, este mensaje también es de respeto y de pedido: que se generen las condiciones adecuadas para que puedan acompañar a nuestros hijos como merecen.
Que este terrible accidente no sea en vano. Que nos impulse a crecer como sociedad, a revisar, a mejorar y a cuidar más. Que nos encuentre más atentos, más comprometidos y más humanos.
Luna dejó una marca imborrable en todos los que la conocieron. Su recuerdo vivirá siempre en nosotros y en cada persona que tuvo la suerte de cruzarse con ella. Que su energía, su alegría y su amor sigan siendo motor para seguir adelante.
Quiero que se la recuerde por su vida, no por su final. Donar es multiplicar el amor.
Ricardo Miqueo