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Política Buenos Aires |

Sonó la campana de largada electoral

El oficialismo apuesta a llevar listas únicas en todos los distritos y el macrismo se dirime en la pelea entre Mauricio Macri y Horacio Larreta.

En sintonía con el leve descenso de la cantidad de contagios en el país –aunque en algunos centros urbanos persiste el estado de alarma epidemiológica–, el oficialismo y la oposición se preparan para competir en las próximas elecciones legislativas, una verdadera prueba de fuego para el gobierno de Alberto Fernández.

Quien inauguró la campaña fue la mismísima vicepresidenta Cristina Kirchner quien, después de tres meses de ausencia pública, encabezó el lunes pasado un acto público en Buenos Aires junto a su ladero, el gobernador Axel Kicillof. Su presencia no fue casual: Buenos Aires será el territorio donde el oficialismo se jugará a todo o nada para sumar legisladores que le permitan alcanzar la ansiada mayoría en la Cámara de Diputados. Esta ansiedad se ve reflejada en la aceleración en los giros de recursos nacionales hacia la provincia mimada por el kirchnerismo: Kicillof ya consumió la mitad del Fondo de Fortalecimiento Fiscal que el Gobierno creó el año pasado a costa del punto de coparticipación detraído a la Capital. Son $50.000 millones anuales.

El gobierno nacional también prioriza a Buenos Aires en los giros destinados a la política alimentaria, clave para capitalizar el voto de los sectores más humildes del conurbano: en apenas cinco meses, el Ministerio de Desarrollo Social giró $5.720 millones a los comedores bonaerenses, más de la totalidad de la partida anual (107%) que le había destinado la ley de presupuesto 2021.

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Para dimensionar el favoritismo del gobierno nacional hacia Buenos Aires, basta comparar su situación con la de Santa Fe. En lo que va del año, las transferencias corrientes a la provincia litoraleña fueron de sólo $6.644 millones, apenas el 6,1% del total de los giros que por este concepto se realizaron desde la Nación a los distintos distritos, pese a que la población de Santa Fe representa el 7,8% del total del país. En políticas alimentarias se giraron $492 millones, once veces menos que Buenos Aires.

Este contraste explique, tal vez, la toma de distancia del gobernador Omar Perotti frente a la Casa Rosada. Cada vez más cercano a su colega cordobés Juan Schiaretti –crítico de la gestión nacional– decidió lanzar una corriente interna dentro del PJ, “Hacemos Santa Fe”, que postulará la reelección del actual senador Roberto Mirabella. Con este espacio político, Perotti pretende enfrentar a las distintas tribus kirchneristas que pretenden colonizar las listas de candidatos santafesinos, como lo hicieron en 2019. Salvo Mirabella, Perotti no cuenta con ningún legislador propio en el Congreso y todos los diputados responden sin cortapisas a Cristina Fernández.

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Para dimensionar el favoritismo del gobierno nacional hacia Buenos Aires, basta comparar su situación con la de Santa Fe.

Para dimensionar el favoritismo del gobierno nacional hacia Buenos Aires, basta comparar su situación con la de Santa Fe.

En el oficialismo hay inquietud por su desempeño en el próximo desafío electoral. Cristina Kirchner no disimula su preocupación; no por nada reapareció en público junto a Kicillof en La Plata para arengar a su tropa y, en simultáneo, el gobernador anunciaba el regreso a las aulas en la provincia, pese que fue el principal detractor de la presencialidad en las escuelas en pandemia. Las restricciones y la contracción de la economía vapulean el bolsillo –el salario real se deterioró un 8% respecto del de un año atrás– y, consecuentemente, se agudiza el malestar general, que se refleja en las últimas encuestas (también las oficialistas). Fernández debió suspender un acto en Pergamino –adonde tenía previsto la inauguración de una ruta– ante la movilización de productores rurales descontentos con la política agropecuaria del Gobierno. El miércoles por la noche presidente también fue recibido con una marcha de protesta en Salta, adonde viajó para conmemorar el bicentenario de la muerte del general Güemes.

La oposición, mientras tanto, lentamente se pone en “modo campaña”. Al igual que el kirchnerismo, todos los esfuerzos de Juntos por el Cambio se focalizarán en Buenos Aires, donde el radicalismo se apresta a lanzar un candidato propio, el neurólogo Facundo Manes, para disputarle al Pro la cabeza de lista de diputados nacionales.

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El macrismo está envuelto en una fuerte disputa interna entre Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta: el expresidente pretendía que la exgobernadora María Eugenia Vidal encabezara la lista en Buenos Aires, pero ella no aceptará el convite y apunta a competir en la Capital con el aval del jefe de gobierno porteño. Allí está anotada Patricia Bullrich, la favorita de Macri.

Todo indica que estas disputas finalmente se dirimirán en las primarias de setiembre. El oficialismo apuesta a llevar listas únicas en todos los distritos: la unidad del Frente de Todos es hoy la principal carta que juega el Gobierno para sortear su más difícil desafío electoral.

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