Martín Insaurralde y Manuel Adorni: la "casta" en su máximo esplendor
El injustificable incremento patrimonial de Manuel Adorni echa por tierra una de las principales promesas de campaña de Milei: terminar con la “casta” política. El peronismo atraviesa su propia tormenta, una vez más, de la mano de Martín Insaurralde.
Martín Insaurralde y Manuel Adorni, envueltos en sendos episodios de corrupción.
Manuel Adorni y su injustificable incremento patrimonial terminaron por arrebatarle a Javier Milei una de sus más caras promesas de campaña, la de terminar con la “casta” política. El jefe de Gabinete quedó emparentado, a los ojos de la opinión pública, con las peores prácticas de los arribistas del poder, y si bien su caso no podría compararse con los desfalcos millonarios cometidos durante el kirchnerismo, los libertarios ya no podrán exhibir como estandarte su “purismo moral”.
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Injusto sería cargar esta mácula exclusivamente sobre los hombros de Adorni. En apenas dos años y medio el Gobierno sumó más escándalos que otras gestiones en igual período:
- El caso $LIBRA, una estafa millonaria en la que el propio presidente Milei aparece como partícipe (voluntario o involuntario).
- Las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) con Diego Spagnuolo, abogado del jefe de Estado, como principal apuntado.
- Las denuncias que recaen sobre el exdiputado José Luis Espert –candidato libertario a gobernador bonaerense– por presunto lavado de dinero tras recibir U$S 200.000 de una organización criminal trasnacional.
- La detención de Facundo Leal, funcionario que venía del kirchnerismo y que el gobierno actual mantuvo al frente del organismo regulador de aeropuertos, investigado por corrupción en la empresa de telecomunicaciones ARSAT.
Por tratarse nada menos que del jefe de Gabinete y principal lugarteniente de Karina Milei, el de Adorni es un caso de una dimensión mayor. La frutilla del postre. El ministro coordinador logró que, al menos por unos días, la atención periodística dejara de posarse sobre él para focalizarse en el exjefe de gabinete de Axel Kicillof, Martín Insaurralde, y los fajos con millones de dólares que tenía escondidos en el vestidor de la casa que compartía con la conductora Jesica Cirio.
La saga sorprende por su obscenidad, aunque no por su protagonista –de vínculo muy cercano a Máximo Kirchner–, investigado hace tres años por enriquecimiento ilícito desde que se lo vio en un lujoso yate junto a la modelo Sofía Clerici.
El alivio y el entusiasmo que generaron en el universo oficialista las impúdicas imágenes de la mansión que ya hace años compartieron la modelo y el exintendente duraron demasiado poco. Lo admiten algunos de los dirigentes y funcionarios más realistas y razonables del oficialismo y varios de sus aliados, los mismos que militaron la salida del jefe de Gabinete por su larga sucesión de contradicciones, omisiones y mentiras públicas sobre su crecimiento patrimonial y sus gastos suntuarios.
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Los aliados del oficialismo debieron pagar un alto costo político por postergar la interpelación de Adorni en el Congreso. Uno de los fundadores del PRO, Esteban Bullrich, renunció al partido y desató un fuerte conflicto entre “puristas” y “acuerdistas” dentro del espacio.
En el radicalismo sucedió lo propio. Estas grietas internas amenazan con provocar sismos con vistas a las elecciones presidenciales de 2027; tanto en el macrismo como en la UCR ya son varias las voces contrarias a un acuerdo con los libertarios, de quienes desconfían. Todavía no empezó a correr el calendario electoral pero las primeras disputas ya se insinúan.






