Ninguno de los 42 artículos reformados luego de dos meses de sesiones y debate provocó tantas controversias y –pese a que la Iglesia Católica consiguió conservar su denominación completa gracias al lobby de los cinco obispos y el Equipo Interdiocesano– el resultado fue el debilitamiento en la letra final de la vinculación preminente y escrita entre el Estado santafesino y el culto que, cuantitativamente, aún se verifica como mayoritario.
De este modo, conducidos por el diputado provincial, convencional y líder del espacio político evangélico, Walter Ghione, se hizo realidad el llamado que hiciera el gobernador Pullaro, el 25 de junio de 2024, en el marco del encuentro evangélico “Reino, influencia y poder”.
Ese día, en la ciudad de Rosario y ante 7 mil jóvenes, Pullaro los instó a “cerrar las puertas del infierno y ocupar lugares de poder para transformar la sociedad”. Así los evangélicos santafesinos y sus asesores legales lograron que ningún culto tenga prioridad ni exclusividad en las relaciones políticas y económicas con el Estado y algo no menor, que tampoco se proclame a la administración local como “laica”.
Miguel De Marco, rosarino, doctor en historia y uno de los autores de “La Constitución de 1921, la verdadera Constitución progresista de Santa Fe”, consultado por Aire subraya que “laica fue esa reforma y revolucionaria por anticipar en 28 años la protección a los derechos de los trabajadores que luego consagraría otra Constitución que no fue, que le molestó y mucho a lo que hoy llamarían la casta política y económica, la de 1949”.
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En ese texto que pudo ser puesto en vigencia entre 1932 y 1935 por el entonces gobernador Luciano Molinas (PDP), se consagraba un estado laico con neutralidad religiosa, garantía de respeto por la libre profesión de cultos y establecía mucho más claramente que la Ley 1420 (impulsada por un laicista de la primera hora como Domingo Sarmiento), que la educación en la provincia sería “gratuita, integral y laica”, sostenida por un “fondo de educación común conformado por el 25% de las rentas generales de la provincia”.
Por presiones del gobierno de Hipólito Yrigoyen al por entonces gobernador santafesino Enrique Mosca, la Constitución fue suspendida por un Decreto simple en agosto de 1921. La resistencia incluyó no menos de 10 marchas de la Iglesia Católica en su contra. Años más tarde, otro ex presidente radical, Agustín Justo, se encargará de intervenir la provincia en octubre de 1935, bajo pretexto de que se estaba aplicando una Constitución nula y perjudicial para las instituciones y el pueblo santafesinos. El también radical y Ministro del Interior de Justo, Lepoldo Melo, había jurado ante el senado nacional que “se cortaría la mano” antes de intervenir Santa Fe. Algo que hoy a nuestros lectores les suena porque hay quien juró lo mismo antes de subir impuestos. Pues bien, ambos no cumplieron y Melo no murió manco.
Un dato notable. La Constitución de 1921 –que no se consigue en bibliotecas ni está en Google– impedía la reelección del gobernador y vice, permitidas en la Constitución de 1900, y ampliaba las facultades del Poder Legislativo (podía autoconvocarse, prorrogar sesiones y crear comisiones investigadoras). Una vez sancionada, el gobernador Molinas tuvo mucho menos poder que sus antecesores.
Pujantes, amesetados, sobrevalorados y subrepresentados
Evangélicos son diversos grupos que abrevan y se vinculan de diferentes modos con la Reforma Protestante del Siglo XVI, que cuestionó la intermediación y autoridades del Papa y la jerarquía eclesiástica y promovió un retorno al cristianismo bíblico y una relación o encuentro personal con Jesús, con el Espíritu Santo y a través de ellos con Dios.
Son protestantes, bautistas, metodistas, menonitas o los más expansivos pentecostales, que son los que mayor crecimiento experimentaron en los últimos 50 años. En Argentina representan el 15,3% de la población, muy por debajo del 62,9% que se identifica como católico, según datos de la Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas, realizada por investigadores del CONICET.
Fortunato Mallimaci es sociólogo y uno de sus hacedores e Investigador Superior en el Área de Sociedad, Cultura y Religión y basado en sondeos actualizados nos llama la atención sobre dos cuestiones: “Sólo los que niegan tener filiación religiosa (18,9%) son más que los evangélicos y lo que hoy se ve es un amesetamiento de esos grupos pero también de los católicos, hay una deserción laica en materia política pero también religiosa y ese es un fenómeno sub analizado”.
Fortunato Mallimaci
“Me parece muy positiva la reforma del artículo 3 en Santa Fe, Benedicto XVI se había enojado cuando sacaron el reconocimiento histórico al catolicismo en la Carta de la Unión Europea, y no pasó más nada”, recuerda Fortunato Mallimaci.
Mallimaci admite que hay una pérdida de prestigio de los relatos salvíficos laicos y religiosos, un debilitamiento de las prácticas institucionales, “la bronca contra el estado y las burocracias religiosas propicia un religioso silvestre y autónomo, que no responde a lo que las autoridades evangélicas, católicas y judías pregonan”. Algo así como que los que aún profesan algunas de las religiones dominantes en Argentina, establecen una relación personal y auto administrada con los rituales y dogmas de fe, y si bien los católicos descubrieron hace rato que se puede ser católico sin ir al templo, en eso los evangélicos llevan una cierta ventaja.
Pablo Repetto, concejal evangélico y Coordinador de Culto del partido de Almirante Brown en Buenos Aires, lo pone muy concreto: “nosotros no dependemos de la bajada de línea de un papa o un obispo, nuestros templos se reproducen con cierta libertad y promovemos relaciones personales con Dios. Aquí viene la gente rota, lastimada por la política y nosotros los escuchamos y contenemos por servicio, no por votos”.
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Aquí diremos que tanto la Iglesia Católica como el resto de las iglesias son organizaciones políticas, bimilenaria la primera. Y que más allá de la fe de sus líderes, del papel que le reconozcan al misticismo para la solución de los problemas de la gestión pública, los que los frentes políticos van a buscar cuando pisan un templo o convocan a un líder espiritual, son votos y soluciones para la logística electoral.
Sobre la reforma constitucional Mallimaci opina que “cristaliza una transformación que ya estaba en la sociedad, quién es el Estado para decidir sobre cuántos o cómo se relacionan con una religión, yo vi algunas declaraciones de la Iglesia santafesina que son ciertas: los obispos católicos ya no son sostenidos por aportes estatales”.
Silvia Lilian Ferro
Para la investigadora santafesina Silvia Lilian Ferro “la política le está abriendo las puertas a un fenómeno que -como pasó en Brasil- no va a poder controlar”.
Silvia Lilian Ferro es santafesina y docente en la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA), estudiosa del fenómeno en un país que en dos décadas perderá la supremacía católica a manos de los pentecostales. Sobre la modificación del artículo 3 sostiene que “si bien une estado laico crearía opciones para su ciudadanía exprese sus preferencias religiosas en igualdad, en el fondo lo que aquí se evidencia es una avanzada del neopentecostalismo en Santa Fe y en Latinoamérica y esto es mucho más que una batalla cultural por el laicismo.
Han pasado de la teoría de la prosperidad a la del dominio y sustituir al catolicismo como religión cristina es central para ellos. Hay recursos estatales (económicos y patrimoniales) en disputa aquí, ahora el estado provincial santafesino puede distribuirlos con otros criterios”.
A la derecha un pastor y a la izquierda también
Mientras que, para Ferro, por su anti intelectualismo, el culto a la individualidad y discursos más emocionales que racionales, los evangélicos tienen una confluencia natural con partidos o formaciones de derecha y ultra derecha, Mallimaci opina que “los evangélicos no votan todos juntos ni lo mismo, los partidos políticos tienen que profundizar el análisis sobre las ideas y las prácticas evangélicas. La puesta en escena del pastor chaqueño Jorge Ledesma con Milei le costó críticas y hasta repudio de otras iglesias protestantes. Es cierto que los partidos políticos van a buscar votos ahí, pero creo que hay mucho prejuicio sobre la ideología y sobrevaloran el peso electoral de los evangélicos”.
Si Dios es amor, y en eso coinciden católicos y evangélicos, si Jesucristo su hijo predicó entre desiguales y marginados y dio su vida por la redención de todos, hay una base sólida para impugnar la idea de que los discursos y prácticas de odio y exclusión social y económica deberían ser socios naturales de las derechas o la emergencia pentecostal.
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Experta en análisis demográfico, Ferro nos convoca a prestarle atención al “envejecimiento poblacional en Latinoamérica, del cual Argentina, Uruguay y Cuba son los casos más notables, que tiene impacto en los padrones y también en lo que la política no ofrece y las religiones sí, el bien de salvación”. Vivimos más pero el qué pasa después y para quiénes, sigue siendo un diferencial inigualable de las religiones y los evangélicos. Para Ferro “las religiones siempre van a ganar la batalla cultural sobre los partidos políticos, porque estos discuten las condiciones de la existencia terrenal y las religiones dan el consuelo para gestionar el miedo a la muerte, clave para los adultos mayores”.
Pese a que incorpora a las mujeres al pastorado de un modo directo, la docente e investigadora sostiene que “el pentecostalismo una oferta religiosa y un proyecto de poder político, con un apostolado sin la formación teológica de los anglicanos, los metodistas y ni hablar del sacerdocio católico, con una ideología rudimentaria y superficial, patriarcal, homofóbica y transfóbica”. Las alianzas políticas de conveniencia electoral, según Ferro, “le abren la puerta a algo que luego será muy difícil de controlar y establece una colaboración de liderazgos empobrecidos, que no resolverán ninguna crisis de representación y sólo agravarán los problemas”.
Sobre lo divino y las fuerzas del suelo
La relación de complementariedad entre líderes políticos y evangélicos, esa sociedad de virtudes entre las fuerzas del suelo y del cielo, tiene larga data e incluye a populismos y derechas neo fascistas. Sin entrar en detalles sobre los acuerdos entre Lula y el pastorado pentecostal (como la no promoción del aborto legal y la sanción el Día del pastor y la pastora evangélica), el mismísimo Alberto Fernández convocó a ACIERA (Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina) y sus 15.000 iglesias asociadas para el fallido programa “Argentina contra el hambre” y se alinearon con el ex presidente para “orar por la vida y por el fin de la pandemia”.
Pero también ACIERA trabó relaciones con CAMBIEMOS, el último año de gobierno de Mauricio Macri y para ofrecer sus templos para contener las necesidades sociales y distribuir ayudas económicas ante los índices de pobreza provocados por la debacle de la experiencia macrista.
iglesias evangélicas con Alberto Fernandez
Con Macri, con Alberto Fernández, con Milei y con gobernadores e intendentes de todo el arco político. ACIERA impulsa acuerdos en pos de la creciente influencia política de las iglesias evangélicas en Argentina.
En las últimas elecciones, los evangélicos participaron con 200 referentes repartidos en listas de candidatos a intendentes, legisladores nacionales, provinciales y municipales y consejeros escolares. Entre los elegidos destacan Pablo Petrecca (reelecto intendente de Junín en Provincia de Buenos Aires), Luis Castro (Jefe Comunal de Santa Ana (Misiones), Dina Rezinovsky (diputada por CABA) y los diputados santafesinos Walter Ghione y Juan Argañaraz, claves para la reforma del artículo de “no preferencia” estatal en temas confesionales.
Se concreta así la propuesta de Pullaro de ocupar lugares de poder para transfomar y custodiar las bases doctrinales religiosas, algo que ya la Iglesia Católica hacía desde hace años con el Opus Dei como punta de lanza a la hora de colocar funcionarios en lugares clave.
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El pastor Rubén Proietti fue presidente de ACIERA y marcó con claridad el camino: “Los felicitamos a todos pero aún creemos que estamos subrepresentados”. Mallimaci les advierte que “todos los grupos religiosos se están planteando cómo relacionarse con diferentes gobiernos, las instituciones religiosas deberían hacer su propio camino, hoy en la sociedad argentina, más allá de la guerra de Dioses, los obispos católicos son una de las principales oposiciones a las ideas destructivas del Estado y la solidaridad, ni ACIERA está diciendo que la justicia social es una porquería y que cada uno se salva solo”.
Proietti se desmarcaba de la institucionalidad política diciendo que “Jesús es el único capaz de transformar las vidas”, aquí y en el más allá, lo que para Mallimaci es hacer lo mismo que la Iglesia Católica durante décadas: “Peronismo de sustitución”.