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Política Frente de Todos | Alberto Fernández | Cristina Fernández de Kirchner

Frente de Todos: mesa electoral, política es otra cosa

Todos los sectores representados, el paso al costado de Alberto Fernández, el silencio de Sergio Massa y el clamor por Cristina Kirchner. Hasta mayo no se baja nadie, mientras la fractura de la oposición mantiene competitivo al Frente de Todos.

La antipolítica, como el racismo social e ideológico, son dos de las notas más persistentes y extendidas del ser nacional. Por lo que habría que decir, ante todo, que la política no es sucia ni baja, que corruptos y venales pueden algunes profesionales de la política, pero que si es por manchar, habría que poner el ojo en la abogacía, las finanzas, la medicina, la administración de empresas, las iglesias y por qué no el periodismo.

La política es un oficio como cualquier otro, tal vez no una ciencia o un arte, pero sí un universo complejo de marcos teóricos y reglas escritas y no escritas, donde el pragmatismo compite por el 50% de lo que realmente importa, tal que muchos politólogos aseguran que no se trata de explicarse ni explicarle a nadie “qué es el peronismo” sino cómo funciona en la realidad.

Y eso es lo que está centralmente en debate en una mesa que, para ser política, debiera rediscutir el programa básico con el que el Frente de Todos ganó las elecciones, aggionarlo e incorporar pendientes de impacto alto e inmediato, que a siete meses de las primarias sean capaces de comenzar revertir los efectos de un modelo de crecimiento con inflación que relativiza el crecimiento del empleo y licúa los salarios.

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De alto impacto no es, por ejemplo, el bono que se suma al aumento previsto por Ley de Movilidad a las jubilaciones, pensiones y asignaciones; sencillamente porque les permite acumular una recuperación del 11,5% de los 19,5 puntos que perdieron durante el macrismo, pero quedan pendientes los 22 puntos caídos durante los últimos tres años (sin contar bonos de refuerzo). Shock distributivo es otra cosa, pero a vamos lo nuestro: la mesa electoral.

Alberto en su laberinto

Es tan cierto que ninguna encuesta le confiere chances reales, como que descartar al presidente a diez meses del final de mandato no es un buen negocio para nadie. El pedido en vano que le viene haciendo Sergio Massa y le hizo el jueves por la noche, fija y sinceramente, el gobernador de Chaco Jorge Capitanich, es de imposible cumplimiento al día de hoy.

Ni “bajate” ni “decime que te vas a bajar”, fue prácticamente lo único que salió como estaba planeado hasta el momento de trasladarse en comitiva desde la Casa Rosada hasta la sede del PJ Capital. Nadie mostró encuestas –que todos encargaron y tenían–, pero fue imposible disipar la abrumadora certeza de que Cristina Kirchner más que duplica a cualquiera, y que cualquiera duplica al presidente.

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Otras épocas, antes de las Paso y de que se complicara el armado de listas competitivas para el peronismo santafesino. Hoy la violencia en Rosario ocupa toda la agenda.

Otras épocas, antes de las Paso y de que se complicara el armado de listas competitivas para el peronismo santafesino. Hoy la violencia en Rosario ocupa toda la agenda.

Tampoco resultó lo de bajarles los decibeles a la proscripción de Cristina en el documento final y hasta se conformó una comisión para asegurarle acompañamiento y cobertura política y pedirle que revierta su decisión de no participar.

Insert sobre las encuestas y los focus group que ya configuran sección propia en casi todos los medios nacionales y provinciales: en el encuentro de Matheu 128 se habló de esperar encuestas “más cercanas” a la fecha tope para definir precandidaturas. Pero, para quienes tienen la saludable costumbre de charlar con algunos encuestadores y pedir las fichas técnicas, está claro que los muestreos tienen muchos problemas para proyectarse sobre universos esquivos, donde el 40% suele no contestar o contestar cualquier cosa para sacárselas de encima –lo que surge del cruce de respuestas y las preguntas de control– y todos coinciden en lo relativo de los resultados cuando las candidaturas no están definidas en ninguno de los dos frentes que realmente compiten.

¿Realmente habría que esperar hasta mayo? ¿Hay posibilidades realistas de que Alberto crezca 15 puntos en dos meses o de que la inflación baje un punto por mes y Massa crezca por encima de los dos dígitos? ¿En serio creen que Wado De Pedro o el gobernador Capitanich no sólo retienen casi todos los votos de Cristina y suman buena parte de los no kirchneristas?

“Si para entonces alguien mide más que yo, me bajo”, dicen que dijo Alberto. Pero, sinceramente, las tácticas para ganar tiempo son peligrosas cuando –después de tres años y pico– no hay ni un día más para perder.

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De todas maneras, el jueves pasaron algunas cosas que merecen rescatarse: fue el primer intento del Frente de Todos de ordenar al menos una de las discusiones, no la más importante, pero que debería ser capaz de recuperar la potencia del armado como herramienta electoral. Se renovó el compromiso de la unidad aunque (no hasta que) duela; quedó claro que nadie va a jugar por afuera ni debería –mensaje para Omar Perotti y Juan Schiarettihacer campaña desentendiéndose de la suerte del gobierno y de la estrategia nacional, que de aquí en más nadie debería deslegitimar a ningún compañero ni compañera, ni en on ni en off, evitando responder a provocaciones internas, que hay que clausurar las operaciones a través de periodistas y medios que, además, jamás te votarían y se acordó que no hay triunfo posible sin Cristina en la boleta.

Sin lugar para debatir políticas de gestión, hubo reclamos airados –de intendentes identificados con Cristina– de corregir el rumbo y de no hacer campaña por derecha para captar votos de derecha, más allá de declaraciones altisonantes del tipo “lo único que no quiero es que gane Macri”. Se dijeron cosas fuertes, Máximo Kirchner la mayor cantidad, pese a los aplausos por su cumpleaños promovidos por Agustín Rossi. Es un intento de reseteo y relanzamiento del Frente de Todos, indispensable y alentador.

Ni pelearme con Cristina, ni dejar solos a los gobernadores

Fue promesa de campaña también y debe ser superada como fallido para que el reseteo que parece inaugurar la mesa funcione como tal. Alberto no fue el más federal de los unitarios y complicó el armado de las listas santafesinas para las primarias de 2021, que consagraron la fractura (¿insalvable?) entre Omar Perotti y el actual jefe de Gabinete Agustín Rossi. El “Chivo” tiene todo para ser la persona que resuelva la falta de sintonía fina entre la Casa Gris y la Rosada. Incluso en el tema seguridad es un cuadro formado de la política y tiene la cintura que Aníbal Fernández no demostró.

Consultado por AIRE, Leandro Busatto, precandidato a gobernador por el rossismo, asegura que “con la designación de Agustín la política santafesina recupera una interlocución con el gobierno nacional que estaba muy dañada, el gobernador debería aprovecharlo (…) la incidencia de ésta nueva realidad en los armados locales para las elecciones de éste año son difíciles de prever, pero no hay margen para personalismos. El presidente del PJ Ricardo Olivera y, por qué no, del gobernador, deberían asumir la jefatura política del peronismo local, cuesta porque eso se hace con amplitud y deberían convocar a todos los sectores a definir la estrategia, creo falta vocación para hacerlo y cambiar lo que se tenía pensado hasta ahora”.

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Juntos por el Cambio cree que Carolina Losada no debe ir como vice en ninguna fórmula nacional –como sueña su pareja Luis Naidenoff– pues desperdiciaría la oportunidad de “una victoria servida que puede no repetirse”, a lo que Busatto contesta que “nadie tiene la victoria garantizada, ellos tienen un espacio competitivo pero sin grandes competidores, tanto (Pablo) Javkin, como (Maximiliano) Pullaro o Clara García tienen techos difíciles de perforar, con Losada tienen otras posibilidades, pero ninguna victoria asegurada”.

Sin tiempo para experimentos fallidos, llegó la hora de hacer realidad –esta vez sí– aquello que Rossi sostuviera cuando aún era ministro de Defensa de la Nación: que todos los sectores, unidos y movilizados, trabajen para que al peronismo santafesino le vuelva a ir bien, lo que parece el doble de complejo que en 2019.