Hay quien dice que las derrotas y las victorias son primero culturales y luego económicas y políticas. Primero se instalan un complejo de explicaciones e interpretaciones acerca de “lo que nos pasa” y “porqué nos pasa”, siempre ideológicas y luego las sociedades propalan, votan y disfrutan o padecen las consecuencias de sus elecciones, basadas en un puñado de “verdades evidentes”, tan evidentes que últimamente no necesitan datos y otras pruebas de respaldo.
Ejemplos: la política es una actividad parasitaria y corrupta (y dentro de ella, Cristina, la peor de todes); los pobres lo son porque no quieren trabajar y se embarazan para cobrar planes y subsidios; si el candidato es rico -aunque para ellos mucho nunca es suficiente- hay que votarlo porque no necesita robar; los inmigrantes se quedan con nuestro trabajo y pueblan las cárceles argentinas (la culpa es del otro) y la que en esta nota nos interesa: el Estado esquilma a les argentines cobrándoles 165 impuestos, sobre todo a los que generan riqueza y empleo, los empresarios.
Casi todas las frases citadas (y muchas otras) son batallas culturales perdidas basadas en implacables campañas de difusión lideradas por medios electrónicos, que según datos que arrugan la ropa informan al 32% de les argentines (unos 15 millones) a través de Instagram, Facebook y Twitter (donde información y entretenimiento son inseparables) y en menor medida encendiendo la TV o recurriendo a portales informativos, que compensan el tercer puesto viralizando en redes sus contenidos.
¿Pero es cierto que les argentines pagamos tantos impuestos y que la carga tributaria medida contra PBI es una de las más altas del mundo? ¿Y que los ricos son esquilmados y por eso no pueden ahorrar, generar empleos de calidad o pagar impuestos? Veamos algunas conclusiones del estudio.
Ni la alegría es brasileña, ni Uruguay el paraíso
El periodismo es servicio y un servicio es eficaz si la gente entiende para qué le sirve. Así que aclaremos dos tantos en los términos de CEPA:
La presión fiscal es la relación que existe entre la recaudación tributaria y el PBI de un país y se mide como la suma total de los tributos recaudados sobre el PBI.
La progresividad es el peso de los impuestos a los que más ganan sobre el conjunto de la recaudación de un país. Son impuestos progresivos los que afectan la renta, el patrimonio, la herencia y el comercio exterior.
Para relacionar estas dos dimensiones, un país puede tener una alta presión fiscal, pero concentrada sobre los estratos medios y bajos, es decir regresiva. Anticipemos una conclusión, es el caso de Argentina, donde no existen 165 impuestos, contribuciones y tasas nacionales. Son sólo 44, mientras que otros 98 son locales o municipales y 26 provinciales. Sin contar que tan sólo 12 impuestos (10 nacionales, 1 provincial y 1 municipal) concentran el 91% de la recaudación tributaria total. Las fuentes utilizadas son la AFIP y el prestigiado y nunca estatal IARAF (Instituto Argentino de Análisis Fiscal).
Sumemos dos datos provistos por el Informe de Cepa y que muestran la evolución de la presión fiscal y la progresividad tributaria de 11 países europeos y americanos, en el período 2008-2020, entre una crisis y una pandemia.
Como podemos observar, la Argentina posee una PF del 28,4% (aquí “le ganamos raspando a Australia” que ostenta un 27,8%), tercera en América por debajo de Brasil (33,2%) y Uruguay (30,2%) y muy por debajo de “países modélicos” como Francia (45,4%), Dinamarca (44,9%) o Alemania (38,2%); las dos últimas encima eliminadas en primera ronda del mundial.
Según datos actualizados a 2020 por el Banco Mundial, a nivel latinoamericano Argentina es el cuarto país (suma a Cuba) en cobrar más impuestos contra PBI y se ubica en el puesto 43o entre 181 países relevados. El caso uruguayo, la fuga (impositiva, no de cerebros ni talentos) se explica porque el paisito es algo así como un laverap con aborto y marihuana legal, un lugar donde nuestros millonarios no tributan por los bienes que poseen en el exterior pero pagan más impuestos. Rinde igual porque es mucho más que lo que tienen evadido en paraísos fiscales que lo que abonan en el país de Mujica, Benedetti, Onetti, Rada, Natalia Oreiro y Los Shakers.
Pero veamos ahora la evolución de la progresividad, es decir de los impuestos ordinarios y extraordinarios que pagaron los ricos los 12 años que recorta el Informe:
Argentina con un 28,4% vuelve a ubicarse por debajo de Brasil (33,2%) y Uruguay (30,2%), lo que implica que somos el tercer país en cobrarle más impuestos a la clase media y baja que a los ricos, en una tabla donde deberíamos estar primeros, en un partido en el que deberíamos salir a ganar. De los europeos ni hablemos, salieron de la pandemia imponiendo impuestos regulares (más que contribuciones extraordinarias como el Aporte de las Grandes Fortunas) a las personas y empresas que mejoraron su posición relativa incluso durante la pandemia.
Pero si discriminamos los impuestos que más pesan en la recaudación nacional, veremos el impuesto que más se paga y menos se evade es el IVA, regresivo por definición pues grava por igual a todos los deciles de ingresos y el que menos contribuye es Bienes Personales, que además está subdeclarado y no cuenta con bases imponibles actualizadas ni confiables. En un país donde -sólo puede estimarse lo que se esconde- los ricos poseen u$s 336.200 millones (un PBI ahora sí) fuera del país y repleto de actividades económicas con altísimos niveles de trabajo en negro (trabajo doméstico 70%, construcción 67,8%, agricultura y ganadería 55%), debiera ser imposible sostener el mito del ahogo impositivo o la bancarrota de los ricos por asedio estatal.
A menos que otra derrota cultural sea dicha: que todes creamos que está mal cobrarle más impuestos a los que más tienen. No tenemos esa encuesta, pero si existe y respalda eso, habrá más notas como ésta agitando datos como banderas y en franca minoría.
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