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Política Elecciones 2023 | FMI | Frente de Todos

En 2023 el Frente de Todos va a necesitar dos cosas: dólares y un buen slogan de campaña

Durante 2023, los pagos al FMI ascienden a USD 18.200 millones, más de la mitad antes de las elecciones primarias. El campo perdió el 23% de la cosecha y liquidará USD 10.000 millones menos de lo previsto y la deuda comercial de USD 8.000 millones presionará sobre las reservas, que deberán duplicar las de 2022. ¿Massa o muerte?

Atajemos de entrada: bancamos el remate del copete, pero es un superlativo por varios motivos. Porque el éxito o el fracaso del Plan Massa –que no es otra cosa que paliar la restricción externa en dólares e interna en pesos, mientras el Frente de Todos no define ni programa ni candidaturas– no supone el deceso físico ni dramático de nadie. Porque incluso si el candidato no es Sergio Massa (con una inflación del 5/6% mensual no hay lanzamiento que valga y el establihsment ya votó la secuencia “ideal” para los próximos ocho años, empezando con Horacio Rodríguez Larreta) el oficialismo aún tiene a Cristina Kirchner escuchando el clamor de su tropa y las encuestas. Y porque un retorno del neoliberalismo recargado te puede complicar la vida al extremo, te puede costar 20 puntos de poder adquisitivo y hasta el empleo –el macrismo destruyó 234 mil empleos registrados–, pero te deja vivo para intentar revertirlo, incluso si la república de la soja y otros comoditties se convirtiese en un protectorado americano.

Argentina cerró 2022 con USD 44.588 millones de reservas brutas y USD 8.424 millones de reservas netas, cumpliendo con la meta de acumulación pactada con el FMI de USD 5.800 millones, gracias a las dos ediciones del dólar soja, la deuda comercial récord por exportaciones y el reajuste a la baja de la meta hasta fijarse en USD 5.000 millones. Pero las exigencias para este año las reservas netas debería aumentar en unos USD 9.800 millones, USD 4.500 millones más que la meta 2022, en un sedero que tiene su pico más alto en julio, al cierre del segundo trimestre y un mes antes de las primarias que definirán cómo quedan posicionados los dos frentes mayoritarios de cara a lo que hoy, y para todas las encuestadoras de izquierda a derecha, es un balotaje.

Cierto es que el anuncio de un nuevo canje de monedas con China (USD 9.000 millones) y los acuerdos bilaterales con Brasil (USD 2.000 millones) descomprimen el arranque de año y permiten un ahorro de divisas para el intercambio comercial que desahoga al Banco Central. Si esto le sumamos un menor nivel de actividad con la consecuente caída de importaciones, la licitación del servicio 5G (que ingresaría entre USD 1.000 y USD 1.500 millones) y desembolsos de otros organismos internacionales, no debería haber demasiados problemas para afrontar no solo el rojo inicial de USD 9.000 millones para 2023, sino hasta octubre por lo menos. Hay consenso entre las autoridades del FMI de acompañar el cierre de gestión de un gobierno que asumió la totalidad de la deuda que pactaron con Macri –desoyendo alternativas de impugnación total o parcial–, y que contribuyó a financiar la campaña de Cambiemos para reforzar la dependencia del país en primera instancia y a condicionar fuertemente el desempeño del Frente de Todos en segundo término.

El FMI nos saca el “banquito”

Sobre el acuerdo con el FMI dijimos un par de cosas en AIRE que sostenemos al día de hoy: fue un default diferido para ganar tiempo mientras la pandemia no permitía la consolidación de la coalición de gobierno; es impagable y volverá a serlo a partir de 2025, cuando habrá que abonar USD 13.523 millones al Fondo, a los bonistas y demás organismos internacionales y en alza constante entre 2026 y 2032, con USD 21.000 millones anuales.

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Martín Guzmán es consultor de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, donde brindó una conferencia sobre cómo el FMI vuelve a incumplir su carta fundacional durante 2022 para agravar los niveles de endeudamiento de países como el nuestro.

Martín Guzmán es consultor de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, donde brindó una conferencia sobre cómo el FMI vuelve a incumplir su carta fundacional durante 2022 para agravar los niveles de endeudamiento de países como el nuestro.

Además, nada menos que Martín Guzmán (cobijado por el Papa, pero sin retorno a ninguna de las líneas internas del peronismo), en una reciente conferencia de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales del Vaticano, relató que la tasa de interés que cobra el FMI aumentó con la inflación a nivel mundial y acompañando la suba de tasas de los bancos de la gran mayoría de sus miembros. A la tasa base del FMI, del 1% se le sumó la de los DEGs (Derechos Especiales de Giro), que creció un 3,2% en dólares durante 2022, más los sobrecargos que paga la Argentina en torno del 6%. Es decir que, en vez de compensar la suba de tasas que encarece el financiamiento, el FMI actúa procíclicamente y refuerza la dependencia de países muy endeudados como el nuestro, agregando mayores tensiones e incertidumbre en este año electoral.

Pero hay un dato más acerca del Fondo: las cancelaciones 2023 están 100% calzadas a los recursos liberados hasta marzo 2023, pero de allí en adelante se revierte la dinámica y el financiamiento pasa a ser negativo, ya que entre mayo y agosto el FMI aportaría USD 1.200 millones, pero deberíamos pagarle USD 3.400 millones en concepto de capital e intereses; es decir que en una instancia pre-electoral deberíamos cubrir la diferencia de USD 2.200 millones.

Es aquí donde la ampliación del Gasoducto Néstor Kirchner, que entierra a diario unos 80 caños con costura soldados y doblados en Brasil (ya nadie se queja de que no se produzcan en Tenaris SIAT de Valentín Alsina), se torna fundamental. Las estimaciones del Ministerio de Economía aseguran que la ecuación energética pasará de ser deficitaria por USD 7.000 millones anuales, a superavitaria por USD 15.000 millones en poco menos de cinco años. El Frente de Todos entiende que la independencia económica que permite ciertos niveles de autonomía política es un largo camino y se concreta con obras que proyectan beneficios por décadas, incluso si el que recoge los frutos es otra administración, para la cual el gasoducto no fue prioridad.

Pero despejada la incógnita de las divisas necesarias para mantener cierta estabilidad macroeconómica y con ella apuntalar la competitividad del gobierno nacional de cara a las Paso, habría que preguntarse para qué acumular esas divisas, para qué modelo de desarrollo y reparto de riquezas, para qué modelo de generación de divisas, capaz afrontar los altísimos niveles de endeudamiento y con qué niveles y amplitud de inclusión social.

Al cierre de esta nota hay dos señales que afectan esa respuesta, una buena y una mala. La buena es que Agustín Rossi asume un cargo que “se le debe” desde 2011, cuando había hecho más méritos que nadie para ocuparlo, la Jefatura de Gabinete. La mala es la persistencia del kirchnerismo en licuar su legado remitiéndose a un pasado mejor, pero sin una propuesta política y económica consistente para diferenciarse en la interna y sin liderazgos capaces de relevar a Cristina.