El debate de candidatos a gobernador de Santa Fe versión 2023 ratificó las estrategias de campaña de todos los contendientes y, más allá de momentos puntuales pensados para su distribución en redes sociales, no dejó lugar para sorpresas mayores.
Ocurrió también lo previsible respecto de la atención concentrada en dos candidatos, si bien en el debate hubo cuatro postulantes. Por volumen electoral, el foco naturalmente estuvo puesto en la discusión entre Maximiliano Pullaro y Marcelo Lewandowski, que ellos mismos se encargaron de reforzar.
Por fuera de ambos, el buen manejo frente a cámara de Carla Deiana es un sello de fábrica de su espacio político, el FIT, lo cual no necesariamente se traduce en votos. Y, por su parte, el tradicionalismo cansino de Edelvino Bodoira también está en el ADN de la heterogénea franja celeste, que reserva de manera involuntaria el histrionismo para Javier Milei o Amalia Granata.
El perfil discursivo de Lewandowski está en el manual de cualquier candidato que corre la elección desde atrás, según el escenario desplegado por los resultados de las PASO. La confrontación directa con su adversario, sumada a su reconocido talento profesional en medios de comunicación, ubicó al candidato peronista en un lugar tan previsible como efectivo.
Lo de Pullaro también estuvo dentro de lo que se podía esperar. No porque haya repetido los clásicos modales del puntero, que por lo general no discute con sus competidores. Pero sí por su búsqueda de empujar al candidato peronista hacia las costas del kirchnerismo o incluso del gobernador Omar Perotti, que en su hipótesis hoy son una mancha venenosa.
La teoría opositora es evidente: hoy existe en la provincia de Santa Fe una mayoría electoral que, antes que cualquier prurito ideológico, es refractaria al justicialismo en sus diversas formas y hay que representarla. Es la base argumental de Unidos y se notó con claridad en el debate dominguero.
LEER MÁS ► La calle, la policía y los presos: fuertes cruces entre Pullaro y Lewandowski por seguridad
Queda para el análisis el impacto que tienen episodios de estas características sobre los y las votantes. Es sumamente difícil precisar qué peso tienen los debates televisados sobre la decisión final del electorado frente a las urnas, en tanto se trata de un cálculo que se puede hacer en base a encuestas, cuya endeble confiabilidad ya es un dato de la realidad. Como sea, daría la sensación de que su influencia se acota a los márgenes, salvo que ocurra un hecho disruptivo que en esta ocasión no sucedió.
En cualquier caso, a una semana de las elecciones, el debate es quizás el punto más alto del tramo final de campaña, casi como un cierre de la actividad proselitista. El momento en que se tira la carne al asador, a propósito del día elegido para su realización. Ya no hay lugar para mucho más. El domingo, quien tomará la palabra será el pueblo santafesino.
Temas
Te puede interesar






