Aunque recién asumirá formalmente el 10 de diciembre, el presidente electo Alberto Fernández ocupa buena parte de esta transición en un armado que, de momento, sólo contempla al peronismo, pero en todas sus variantes.
El peso que cada uno de los grupos adquiera dentro del futuro esquema de poder permitirá medir si conservarán su identidad y autonomía, o si virarán a un albertismo que, por ahora, es incipiente.
¿Acaso hay lugar para todos?
Es conocida la flexibilidad del peronismo para acomodarse cuando el poder está cerca y, más aún, cuando ya lo tiene alguno de los suyos. Ocurrió con Carlos Menem, con Néstor Kirchner, con Cristina Fernández de Kirchner y, no hay razón para pensar que no ocurrirá con Alberto Fernández.
Sin embargo, ya aparecieron algunas señales que, si se quiere, pueden ser leídas desde los intereses a futuro que cada sector defiende o espera construir.
Primer acto, el festejo
La misma noche del festejo, el 27 de octubre, el escenario mostró algunas curiosidades. Copado por La Cámpora, que festejaba el triunfo que consagraba a Axel Kicillof como nuevo gobernador de Buenos Aires, el propio Alberto Fernández parecía más un invitado, un acto de reparto, y no es protagonista central de la gloriosa jornada de los que iban a volver.
Leer más ► Jubilados del Poder Judicial de Santa Fe cobran hasta 431 mil pesos por mes
La segunda cuestión fue el contenido del discurso de Cristina Fernández, en particular cuando le advirtió a Alberto, de modo bastante poco sutil, que no había nada que sentarse a negociar con Mauricio Macri en la reunión que iban a mantener al día siguiente en la Casa Rosada.
En conclusión, atalonado en Buenos Aires, desde allí se va a construir el futuro del kirchnerismo más duro. Y desde allí saldrá, como lo señalamos en “Las diez claves de una transición…”, que publicamos el lunes 28 para analizar lo que vendría, el intento por posicionar a Máximo Kirchner como el candidato presidencial de 2023.
En definitiva, Alberto Fernández no asumió, pero ya sabe que hay una carrera abierta por su sucesión. “Es un chico maravilloso”, aportó el presidente electo sobre el hijo de Cristina.
Segundo acto, los gobernadores
Pero lo que los reflectores iluminaban el 27 de octubre por la noche era solo una parte del festejo, el escenario. Abajo, desplazados, los gobernadores peronistas eran espectadores, pese a que se habían jugado fuerte con Alberto. Pero nadie los invitó a subir: La Cámpora monopolizó la hora de gloria.
Por eso, Alberto Fernández no dejó pasar muchas horas y partió para participar en Tucumán del acto de asunción como gobernador de Juan Manzur. Allí, los alineó a todos para una foto de familia. Al fin y al cabo, la promesa de un gobierno de todos seguía bien vigente y no era cuestión de sumarse a un desplante inesperado.
Después de la asunción, el 10 de diciembre se ve venir la presión de los gobernadores por recursos para pagar los aguinaldos. ¿Cómo los frenará? ¿De dónde sacará recursos?
Tercer acto, el sindicalismo
El viernes pasado, Alberto repitió la foto, pero esta vez con otros protagonistas, los miembros de la cúpula de la CGT y Hugo Moyano. ¿Qué les prometió? Obvio, que serán parte de su futuro gobierno.
En medio, quedaron dando vuelta versiones de que el sindicalismo quiere avanzar con la doble indemnización para frenar los despidos, lo cual los enfrentaría con los empresarios que apoyan a Alberto.
Cuarto acto, la Iglesia
Junto a su casi seguro ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo; su también ministeriable Gustavo Béliz y su vocero Juan Pablo Biondi, fue a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina, en la ciudad de Buenos Aires, para plantear su proyecto de pacto social y de plan contra el hambre.
Leer más ► Con la presencia de Tinelli, Alberto Fernández reunió al Consejo contra el Hambre
Allí también estaban las organizaciones sociales, que forman el “Tridente de San Cayetano” y que lideran Juan Grabois, Emilio Pérsico, Juan Carlos Alderete, Daniel Menéndez y Ernesto “Gringo” Castro. “Ustedes son parte del gobierno y del proyecto. Vine acá para escucharlos”, les dijo Fernández.
Esos grupos fueron particularmente activos en la toma de las calles durante el gobierno de Macri, pese a que tienen buena relación con la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley.
Por ahora, no hay transición del kirchnerismo al albertismo. La realidad económica y social dirá si eso es posible y, en todo caso, cuándo.
El acuerdo que Fernández elabora con esas organizaciones tiene que ver con obras “de pico y pala”, agricultura familiar y construcción de viviendas populares, según se comentó en esa reunión.
Quinto acto, entra Tinelli
El nivel de apertura que muestra el albertismo llegó hasta el conductor televisivo Marcelo Tinelli. De hecho, Tinelli ya dijo públicamente que se sumará al proyecto social de Fernández, con quien admitió haber conversado el tema. “Me gustaría trabajar en al área social, en este observatorio de hambre y pobreza del que se está hablando”, le dijo a radio Mitre. Y su deseo se concretó en la primera reunión del Consejo del Hambre, de la que participó Tinelli.
Leer más ► Fernández participó de la presentación del libro "Somos Belén" sobre el derecho al aborto
Las preguntas del millón
En definitiva, ¿cuántos peronismos ya hay cerca de Aníbal Fernández?
Veamos en un esquema simple.
- Albertismo: los colaboradores más cercanos del presidente electo, como Santiago Cafiero y Felipe Solá. O como Wado de Pedro, el nexo con el cristinismo.
- Gobernadores cristinistas y albertistas:
Kicillof, Alicia Kirchner (Santa Cruz), Jorge Capitanich (Chaco) y Gildo Insfrán (Formosa) están alineados con Cristina. El resto, con Manzur a la cabeza, juegan más cerca de Alberto. Pero no parece haber una grieta tan grande entre unos y otros.
- Kirchnerismo camporista: con base en la provincia de Buenos Aires, liderado por Máximo Kirchner, esperan la bandera de largada para el 2023.
- Kirchnerismo no camporista, pero cristinista: está básicamente formado por organizaciones y grupos de base, entre ellos los de derechos humanos.
- Movimientos sociales: los que se reunieron con Alberto Fernández, y otras bases territoriales, como la de Milagro Sala en Jujuy.
- Sindicalistas: todos, bajo el paraguas de la CGT y el moyanismo.
- Empresarios: al menos una parte de la Unión Industrial Argentina, que mantuvo una reunión que consideraron muy buena cuando Alberto era candidato.
Frente a este panorama, llega otra pregunta: ¿cuántos peronismos caben en el poder?
Porque frente a una realidad económica con altísimo grado de incertidumbre y necesidades urgentes de soluciones, las demandas que cada sector puede plantear van a obligar a Alberto Fernández a usar una perfecta muñeca negociadora. Porque, además, debe comenzar a consolidar un poder personal que, de momento, es incipiente.
Antes de las elecciones, cerca de Alberto Fernández se entusiasmaban en sacar más del 54 por ciento, la cifra con la que fue reelegida Cristina, para terminar de saldar la duda de quién tiene el liderazgo a partir de la propiedad de los votos.
Por ahora, no hay transición del kirchnerismo al albertismo. La realidad económica y social dirá si eso es posible y, en todo caso, cuándo.
Temas
Te puede interesar



Dejá tu comentario