miércoles 15 de septiembre de 2021
Política | Reforma Judicial | Alberto Fernández | Cristina Kirchner

Cristina Kirchner le marca la cancha a Alberto Fernández y se radicaliza el discurso presidencial

Alberto Fernández ve naufragar los tres proyectos que consideraba estratégicos para su mandato: la reforma judicial, recuperar la economía y cerrar la grieta entre el kirchnerismo y la oposición.

El presidente Alberto Fernández tendría motivos para sentirse frustrado. Los tres objetivos que se propuso al comienzo de su mandato –una reforma judicial integral, cerrar la grieta entre el kirchnerismo y la oposición, y poner de pie a la economía- se desdibujan a medida que la vicepresidenta Cristina Kirchner avanza para imponerle su agenda. Un cuarto objetivo, presentar al país como el modelo a seguir en la lucha contra la pandemia de coronavirus, tampoco está arrojando los resultados deseados: con más de 380.000 casos, hoy la Argentina ocupa el onceavo lugar en el mundo en cantidad de infectados.

Conviene ir por partes. La reforma judicial, que Alberto Fernández había imaginado como el sello distintivo de su gestión, se transformó en un lastre que difícilmente prospere. La masiva movilización del 17 de agosto pasado provocó que toda la oposición –Juntos por el Cambio y el Lavagnismo- se abroquelara en contra del proyecto que anoche se sancionó en el Senado y desató una fuerte reacción de rechazo en vastos sectores de la Justicia. La iniciativa llegará desde el Senado a la Cámara de Diputados magullada, deformada y objetada desde casi todos los sectores políticos y jurídicos por razones técnicas o de oportunidad.

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Sergio Massa buscará enfriar el debate y postergará la votación final hasta fines de octubre; su objetivo es ganar tiempo hasta conseguir el puñado de votos que le hacen falta para sancionar la ley. Prometió escuchar a todas las voces e incorporar cambios en el texto para seducir a aquellos sectores de la oposición que podrían prestar su voto si se les presentara un proyecto “más amigable”. La discusión del presupuesto 2021, que se presentará el 15 del mes próximo, podría ser el anzuelo que utilice el oficialismo para doblegar los votos más reticentes a cambio de fondos y obras públicas en las provincias.

Lo prioritario para Cristina excede el proyecto legislativo. Por ello avanzó en los últimos días en una batería de medidas contra la Justicia orientadas a garantizar su inmunidad judicial .

Mario Negri, jefe del interbloque de Juntos por el Cambio, ya lanzó una advertencia: “Hay que tener cuidado con los tramperos y los juegos parlamentarios”. Se explica: Negri cree que Massa abundará en promesas de modificaciones al texto, pero a la postre será Cristina Kirchner la que impondrá su versión original, ya que si se le introducen cambios, la iniciativa deberá retornar a la cámara de origen.

Alberto Fernández acto quinta de olivos después de la marca por la reforma judicial.
El sueño de Alberto Fernández de colocar a la Argentina como un país modelo en la lucha contra el covid también naufragó.

El sueño de Alberto Fernández de colocar a la Argentina como un país modelo en la lucha contra el covid también naufragó.

Pero más allá de los vericuetos legislativos del proyecto de ley, lo cierto es que la reforma judicial que soñó el presidente se desnaturalizó desde el mismo momento en que Cristina Kirchner le bajó el precio al enfatizar públicamente que esta no es la verdadera reforma judicial que se debe instrumentar en la Argentina. En un solo tuit, Cristina tiró abajo el proyecto al que Fernández concedió más importancia desde que asumió la presidencia. Le dedicó pasajes enteros de su discurso inaugural y también del que pronunció en la apertura del Congreso.

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Lo prioritario para Cristina excede el proyecto legislativo. Por ello avanzó en los últimos días en una batería de medidas contra la Justicia orientadas a garantizar su inmunidad judicial en las graves causas de corrupción abiertas en su contra. Se trata de un plan que comprende el intento de destituir al jefe de los fiscales, Eduardo Casal; la anulación de los traslados de los camaristas Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi –que instruyen causas que involucran a la expresidenta- y, quizá lo más importante, una iniciativa para crear una nueva mayoría automática en la Corte.

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Cristina Fernández tiene demorada en el Congreso la ley de economía del conocimiento, que es clave para el ministro Kulfas.

Cristina Fernández tiene demorada en el Congreso la ley de economía del conocimiento, que es clave para el ministro Kulfas.

Pero la intromisión de Cristina en la agenda del presidente no se limita a los temas judiciales. La vicepresidenta también impone su impronta en los temas de gestión. Hace tres meses tiene demorada en el Senado la ley de economía del conocimiento, una iniciativa prioritaria para el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, convencido de que el sector de la tecnología y del conocimiento será un dinamizador clave de la economía postpandemia. La vicepresidenta, en cambio, sostiene que este proyecto beneficia a las grandes corporaciones de la economía y mira con recelo a Kulfas, a quien considera demasiado permeable a los intereses de las empresas.

El presidente deja hacer. Nombró a Darío Martínez, un hombre de Máximo Kirchner al frente de la Secretaría de Energía, que pasó del ministerio de Kulfas al de Economía, comandado por Martín Guzmán, cada vez más cerca de la vicepresidenta. Al mismo tiempo sorprendió con el decreto 690, que dispuso declarar servicios públicos esenciales a los servicios de internet, cable y telefonía, lo que desató una fuerte reacción de rechazo de las empresas afectadas. El presidente asevera que la medida no apunta contra ningún prestador en particular, pero en la oposición y en el sector de las telecomunicaciones están convencidos de que se trata de una embestida dirigida contra el grupo Clarín, al que responsabiliza de alentar las últimas movilizaciones opositoras contra el Gobierno.

Alberto Fernández hace un doble juego que desorienta a propios y extraños. Por un lado, da señales de moderación y diálogo: hace pocos días invitó a almorzar al senador Martín Lousteau, en un intento de tender puentes de diálogo con la “oposición moderada”. Al día siguiente embiste sin miramientos contra el expresidente Mauricio Macri al revelar que, en una conversación privada, Macri le habría aconsejado dar de baja la cuarentena “y que mueran los que tengan que morir”. El expresidente, desde Suiza, rechazó de manera tajante los dichos del presidente quien, no obstante, insistió en embestir contra su antecesor. Esto no hizo otra cosa que abroquelar a la oposición detrás de su ala dura.

En este país, que a duras penas sobrevive la pandemia, la dirigencia política se empeña en discutir agendas exóticas en medio de otra fenomenal crisis económica y social. Es un país con dirigentes que especulan con sus propios enfrentamientos y diseñan su futuro según el calendario electoral o sus urgencias personales.

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