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Política inflación | Alberto Fernández | Sergio Massa

Bono de fin de año: para empatarle a la inflación por unos meses

Se habla de una inyección extraordinaria de hasta $30.000, pagadera antes del aguinaldo y con la posibilidad de que las empresas (sobre todo PyMes) puedan abonarla hasta en tres cuotas. Según CEPA, para recuperar el poder adquisitivo de fines de 2015, haría falta una suma fija de $46.500.

La presidencia no colegiada que ejerce Alberto Fernández descartó de plano una suma fija permanente y recurre a un bono excepcional y en cuotas. Cristina llamó a mejorar la gestión sin chiflar ni romper. ¿Cuánto bono podría recuperar parte de lo perdido en siete años?

Ante todo una conceptualización básica y pedagógica para quienes aún se preguntan cuál es la diferencia entre un bono y una suma fija, si de todos modos ingresa plata igual al bolsillo.

Bono: Se paga por única vez o durante un plazo acotado en meses y no se incorpora al salario regular. Puede alcanzar a trabajadores en relación de dependencia, jubilados y modalidades contractuales flexibles o precarias (de hecho el gobierno está pagando a los informales el “Bono Patria Grande”, $45.000 para 1 millón de personas con parte de lo recaudado por el dólar soja). La implementación de un bono de $4000 fue una de las primeras medidas del gobierno en verano del 2020, recuperando siete puntos de los 20 perdidos durante el macrismo por tres meses, luego la inflación diluyó el impacto y actualmente la pérdida de poder adquisitivo acumula un 23,5%. Para los informales la pérdida asciende al 35,7%.

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El recurso del bono ya fue utilizado por Juan Domingo Perón en el 1954 (cuando crea el Instituto Nacional del Salario) y por Néstor Kirchner en 2003, 2004 y 2005.

El recurso del bono ya fue utilizado por Juan Domingo Perón en el 1954 (cuando crea el Instituto Nacional del Salario) y por Néstor Kirchner en 2003, 2004 y 2005.

Suma Fija: Se incorpora al salario mensual definitivamente e impacta en las cargas sociales e impositivas, pero también en la consideración crediticia de los haberes registrados. Eleva sostenidamente el piso salarial, dándole otra magnitud a las mejoras paritarias.

Este recurso ya fue utilizado por Juan Domingo Perón el 20 de diciembre de 1954 (cuando crea el Instituto Nacional del Salario) y por Néstor Kirchner en noviembre de 2003 y mayo de 2004 y julio de 2005.

Habrá que añadir que éste debate, hoy zanjado por el presidente y su ministra de Trabajo a favor del bono, se desarrolla desde hace casi un año, e incluyó varios cruces de informes elaborados por consultoras afines al FdT alineadas la moderación especulativa de Alberto o al reclamo constante de Cristina para que se cumpla el “punto central” -al decir de Sergio Massa- del Pacto electoral de 2019.

El “empate político” que dilató semejante decisión, hace recordar los cinco meses que le llevó a un ministro de Trabajo peronista resolver el conflicto del SUTNA. Son ritmos notables para un gobierno peronista que lleva una inflación acumulada del 88% en lo que va del año, con perspectivas finales del 100% como piso. Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) y siempre sobre datos publicados por el INDEC, la inflación de los últimos 56 meses (desde 2018 hasta la actualidad) ha generado una pérdida equivalente a 7,5 sueldos privados registrados, 9,4 sueldos públicos o estatales y 12,2 sueldos informales (un año completo).

Si bien este año 10 gremios -que aglutinan lo que podríamos denominar “aristocracia obrera”- cerraron paritarias por encima del 100%, el promedio general de incrementos no supera el 75% lo que invita a imaginar cuál sería la herramienta más eficaz para achicar la otra brecha, no la cambiaria que habitualmente es prioridad. Es cierto también que esos mismos sindicatos poderosos obtuvieron bonos que van desde los $100 mil (Camioneros) hasta los $214 mil (Telefónicos), pero seguimos hablando de ponderaciones altas y minoritarias que impactan en el promedio pero no resuelven el problema del retraso salarial generalizado y consolidan un modelo que –ante la urgencia de recomponer poder adquisitivo tras cinco años consecutivos de caída- ya no se debate: un esquema de rentabilidades diferenciales por sector que genera inequidades y sin políticas activas del estado para redistribuir ganancias de modo solidario en el pleno de la clase trabajadora sindicalizada.

Por ahora, paritarias, el Impuesto a las Ganancias sobre las empresas y los altos salarios como mecanismos de distribución. Suma fija no hay y el bono es un baldazo de agua fresca en pleno verano caliente. Pero, ¿de cuánto va a ser? ¿Para quiénes? ¿Alcanza para paliar la coyuntura?

Bono chico, bono grande, ¿alcanza el bono de Fernández?

Al cierre de ésta nota se celebraba una reunión entre el presidente de la Nación, Sergio Massa y Kelly Olmos. Hace algunas horas hubo una llamada de Cristina al presidente para interiorizarse sobre su salud pero ser rozaron un par de temas más, o más bien una recomendación sobre el monto de lo que finalmente va a ser un bono extraordinario.

Se habla de una inyección extraordinaria de hasta $30.000 por trabajador, pagadera antes del aguinaldo y con la posibilidad de que las empresas (sobre todo PyMes) puedan abonarla hasta en tres cuotas. También es clave si hay un corte por nivel de ingresos (por ejemplo, todes les que perciban menos de $100.000 en el sector público).

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CEPA asegura que para recuperar el poder adquisitivo de fines de 2015, haría falta una suma fija de $46.500. Massa y Cristina lo negociaban, Alberto no lo quiere.

CEPA asegura que para recuperar el poder adquisitivo de fines de 2015, haría falta una suma fija de $46.500. Massa y Cristina lo negociaban, Alberto no lo quiere.

Pero si consideramos la pérdida salarial aludida –una fija en los discursos de Cristina desde la derrota en las Paso- no caben dudas de que esa cifra se queda corta. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que descarta el bono como solución para recuperar lo perdido en materia de ingresos, recupera una banda de flotación de entre $20.000 y $40.000, que Cristina y Massa venían negociando a fines del mes pasado.

Allí se precisa que si la suma fija fuese de $25.000, se podría mejorar el salario real un 16,7% y se superaría por un 7,1% el poder adquisitivo con el que Macri dejó el poder. Pero que para recuperar los niveles del cierre de mandato de Cristina, la suma fija debería ser de $46.500, que implicaría una mejora salarial del 31,1%. Qué se podría resolver con un bono de $30.000, incluso sostenido por 3 o 4 meses? Con una inflación estabilizada muy por encima del 5% mensual, poco y nada. Apenas colocar un par de paquetes más en el arbolito y presentar un poco mejor la mesa navideña.

Mucho más si –sumadas a las divergencias internas sobre cómo recomponer ingresos- se sigue en la tónica “advierto, luego llego tarde y mal”. Anunciar congelamientos o regulaciones transitorias de precios es tan inexplicable como anticipar una inyección de dinero extra para los trabajadores, que además demora demasiado en concretarse. Los empresarios que producen los bienes y servicios esenciales para los “beneficiarios” de la promesa, ya están enviando listas con reajustes de precios tradicionales en la previa de las fiestas de fin de año (entre 15% y 20% para la primer semana de noviembre), y que suman la expectativa por apropiarse de esa ganancia diferencial que se avisa para darles la posibilidad de absorberla antes de que ocurra.

Cristina hizo un llamamiento indispensable a la unidad del campo nacional y popular y a sostener desde la crítica propositiva a éste gobierno y su alianza con Sergio Massa, porque cualquier versión de Juntos por el Cambio sería un retroceso para los trabajadores. Pero no hay mesa política que valga si falta el presidente, que ya no piensa en reelegir pero sigue ofuscado y toma las decisiones que van a impactar en las chances electorales de cualquiera de los candidatos, incluso Cristina.