La moneda está en el aire. Este domingo Sergio Massa (Unión por la Patria) y Javier Milei (La Libertad Avanza) disputarán el balotaje que definirá el próximo presidente en un clima de tensión sociopolítica que no registra antecedentes cercanos. Las denuncias sobre posible fraude que, sin prueba alguna, lanzaron en las últimas horas los libertarios no hicieron otra cosa que exacerbar los ánimos. La fiscalización tendrá este domingo un papel clave.
La mayoría de las últimas encuestas que trascendieron luego de la veda auguran un triunfo del libertario con una diferencia que orillaría entre los cuatro y los seis puntos. Las más favorables al candidato oficialista anticipan un final cabeza a cabeza. La noche del domingo promete ser electrizante si se confirma este último pronóstico.
En el campamento oficialista prima la cautela. Como en cada elección, la provincia de Buenos Aires y, sobre todo, los municipios del conurbano, serán las claves principales para el desempeño del candidato de Unión por la Patria. Sin embargo, aunque mejore su performance en las urnas bonaerenses respecto de la primera vuelta, ese crecimiento no será suficiente si no se complementa con resultados parejos en otros territorios que le resultan hostiles, como Córdoba, Mendoza o Santa Fe, admiten en las filas bonaerenses del oficialismo.
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En este contexto, en los últimos días de campaña, el candidato oficialista apuntó su estrategia a seducir a los votantes indecisos. Se trata de una pecera de votos que está compuesta por los electores peronistas del expostulante Juan Schiaretti, los “moderados” de Juntos por el Cambio, la izquierda y todos aquellos que todavía no se definieron.
En La Libertad Avanza están convencidos del triunfo. “Los votos están, hay que cuidarlos”, repiten como un mantra. La fiscalización será clave; las huestes de Mauricio Macri y Patricia Bullrich, comprometidos a jugar a fondo con Milei, aportarán la logística necesaria, pese a que esto originó chispazos con los soldados libertarios recelosos de la avanzada macrista. No fue el único cortocircuito entre ellos: en el macrismo no cayó nada bien la denuncia que agitaron Karina Milei y el apoderado del partido, Santiago Viola, sobre un “fraude colosal” cometido por Gendarmería en la primera vuelta electoral sobre la base de denuncias anónimas. Convocado por la jueza María Servini de Cubría, Viola relativizó la denuncia; Karina Milei ni siquiera se presentó. Este traspié desató ruidos internos en La Libertad Avanza: la candidata a vicepresidenta Victoria Villarruel salió en defensa de la Gendarmería y marcó distancia de la hermana del candidato.
En medio de este clima político enrarecido, la Justicia Electoral encendió las alarmas y salió con celeridad a despejar las dudas sobre la transparencia y seguridad del proceso electoral que los libertarios habían instalado. De todas maneras, subyace una fuerte preocupación entre los jueces electorales, sobre todo por la elección en Buenos Aires. Los libertarios entregaron solo un tercio de las boletas a la junta electoral de la provincia y anunciaron que serán sus fiscales los que llevarán el resto de las papeletas para reponerlas durante la jornada electoral. No confían en el Correo Argentino: aducen que en la primera vuelta electoral hubo robo y rotura de boletas previo al inicio del comicio.
Del otro lado, las sospechas abundan respecto de la capacidad de la estructura oficialista para mejorar las chances de Massa. En las últimas horas se extremaron los llamados a punteros y militantes para que no se confíen y no escatimen recursos y esfuerzos el domingo de la elección. En una elección apretada el aparato termina siendo decisivo, aducen en el massismo.
Quién se llevará el triunfo es hoy una incógnita. Cada uno de los candidatos parece haber consolidado su segmento de votantes y esperan que los indecisos se vuelquen a su favor. El libertario confía en que su proclama “continuidad o cambio” sea el que finalmente impere; Massa, que hizo de la campaña del miedo su eje de campaña, apuesta a que prevalezca el instinto conservador del votante y no se anime a dar “un salto al vacío”.
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