La situación de la institución educativa, también conocido como “Gotitas de Miel”, se volvió insostenible. Durante el fin de semana, delincuentes forzaron la reja de una ventana y se llevaron todo el alimento que almacenaban para 30 días.
Este jardín, ubicado en la manzana 6 de Alto Verde, atiende a niños de 4 y 5 años, quienes ahora se ven privados no solo de sus clases, sino también de la copa de leche y las viandas, que en muchos casos son la principal comida del día.
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“Se llevaron toda la mercadería de los chicos”
En diálogo con el móvil de AIRE, Gisela, una de las madres que colaboran con el jardín, dio detalles del panorama con el que la comunidad educativa se encontró al llegar este lunes por la mañana luego del fin de semana largo. “Se llevaron toda la mercadería de los chicos: la leche, los fideos, la polenta, la verdura, los huevos, la carne, todo. Hasta se llevaron las garrafas”, relató, visiblemente afectada.
Y agregó: “Este lunes y martes no habrá clases porque no tenemos cómo cocinar ni qué darles de comer. Tenemos que esperar que alguien nos done mercadería y garrafas, pero no sabemos cuándo llegará”.
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Este jardín, que se sostiene con escasos recursos, solo recibe alimentos una vez al mes. Con esos insumos, las madres y docentes organizan las comidas diarias de los niños.
“Muchos chicos vienen aquí y esta es su única comida del día. Si no tienen clases, ellos igual vienen a buscar su comida. Por eso, robarles es realmente muy triste y duele mucho”, explicó Gisela.
Robos recurrentes
El robo del fin de semana no fue el primero que sufrió la institución. Gisela detalló que, en el pasado, el jardín también fue víctima de constantes robos y actos de vandalismo. “Nos han robado juegos, plantas, árboles, el tejido perimetral e incluso el mástil. Este es el jardín de los chicos del barrio, el lugar donde muchos de ellos, y hasta sus familiares, crecieron”, contó con dolor.
Además, explicó que el jardín cuenta con una alarma, pero no está conectada a un sistema de monitoreo que pueda alertar a las autoridades. “La alarma suena, sí, pero nadie avisa a la policía”, se lamentó la mujer.
Y agregó: “Es una alarma fuerte, alguien la tiene que escuchar. Entiendo que la gente no quiera involucrarse, pero un llamado ayuda mucho. Porque para llevarse todo lo que se llevaron, necesitas tiempo. No es algo que se haga en un ratito”.
“Es triste ver cómo le quitan a los chicos la oportunidad de aprender y compartir. Les roban a ellos, a los más pequeños, y les arruinan el día”, concluyó Gisela.