Tiroteo en la escuela de San Cristóbal: una rutina que se quebró en segundos
Embed - “Si lo dejaba, iba a ser un desastre”: el relato de Fabio Barreto tras el tiroteo en San Cristóbal
La jornada del lunes había comenzado como cualquier otra en la escuela Mariano Moreno. Fabio Barreto llegó a las 6 de la mañana para cumplir con sus tareas de mantenimiento y, cerca de las 7, se ubicó en el ingreso para recibir a los alumnos.
Era una escena habitual: estudiantes entrando, bicicletas, motos, saludos.
A las 7:10, todo cambió. “Escuché dos explosiones”, contó. Primero pensó que se trataba de un ruido aislado. Pero la repetición y la reacción de los alumnos lo hicieron entender que algo no estaba bien.
Los chicos comenzaron a correr. El desconcierto se apoderó del lugar. En ese instante, mientras la mayoría buscaba salir, Barreto decidió entrar.
Tiroteo en la escuela de San Cristóbal: el momento en que se encontró con el atacante
El portero avanzó hacia el interior del edificio. No había visto nada extraño en el ingreso. El adolescente había entrado como cualquier otro alumno, sin llamar la atención.
“No te percatás por la cantidad de alumnos”, explicó. Pero dentro del establecimiento la escena era otra. En un pasillo lo vio con el arma.
“Lo vi y lo corrí”, resumió. Eran entre 30 y 40 metros. La distancia que separaba la incertidumbre de la decisión. Barreto avanzó de frente, sin cobertura, mientras el agresor giraba y lo veía venir.
“Quedé frente a él, a punto de tiro”, recordó. El joven dudó. Se asustó. Intentó escapar por el pasillo. Ese segundo fue determinante.
Tiroteo en la escuela de San Cristóbal: el instante en que logró reducirlo
Barreto lo alcanzó antes de que pudiera seguir disparando. “No le di tiempo”, dijo. Lo tomó, lo tumbó y logró quitarle el arma. La secuencia fue breve, pero decisiva. En ese momento, la situación dejó de escalar.
Cuando el adolescente quedó en el suelo, el escenario cambió por completo. Ya no era el agresor en acción, sino un chico desorientado.
“Le pregunté qué hacía. Me dijo que había ido a cazar el fin de semana”, relató. El portero percibió rápidamente que no comprendía lo ocurrido.
“No sabía lo que había hecho. Estaba perdido”, explicó. Permaneció junto a él, manteniéndolo sentado y contenido, hasta la llegada de la policía.
Tiroteo en la escuela de San Cristóbal: una decisión en segundos
El propio Barreto reconoce que estuvo en peligro. Que el arma lo apuntó. Que la escena pudo haber terminado de otra manera. “Sí, entiendo que podía salir lastimado”, dijo.
Sin embargo, en ese momento no evaluó riesgos. Actuó.
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La tragedia golpeó a la comunidad de San Cristóbal.
“No sé, fue el instinto”, explicó. Ese impulso estuvo atravesado por una certeza: si nadie intervenía, el daño podía ser mayor.
“Si lo dejaba, iba a ser un desastre porque tiraba al que se le cruzaba”, afirmó.
También pensó en sus hijos. Pero, sobre todo, en los alumnos que estaban dentro de la escuela.
Tiroteo en la escuela de San Cristóbal: el después, entre el impacto y la reflexión
Las horas posteriores estuvieron marcadas por la conmoción. Barreto casi no pudo dormir. Las imágenes se repiten. “No pude descansar, pensando en todo lo que pasó”, contó.
La escuela, reconoce, ya no es la misma. La comunidad tampoco. El edificio, los pasillos, los espacios cotidianos quedaron atravesados por lo ocurrido.
Ahora, el desafío será reconstruir. Pensar cómo volver. Cómo recuperar algo de la normalidad perdida.
Tiroteo en la escuela de San Cristóbal: un rol clave en medio del caos
En una jornada donde cada persona reaccionó como pudo —alumnos escapando, docentes resguardándose—, la intervención de Barreto marcó un punto de quiebre. Él no se reconoce como héroe. “Simplemente hice lo que tenía que hacer”, insiste.
Sin embargo, su testimonio permite entender la dimensión de ese momento: una decisión tomada en segundos, en la línea de fuego, que logró frenar una situación que ya había dejado consecuencias irreparables.