Este lunes debía realizarse la audiencia por el pedido de salidas transitorias para Marcelo “Chajá” Ferreyra, condenado a prisión perpetua por una serie de crímenes perpetrados en Recreo en 1995. Sin embargo, el acto procesal se suspendió por un planteo de la defensa: primero debe definirse cuándo vence la condena impuesta a Ferreyra.
El autor de la denominada “Masacre de Recreo” es asistido por la defensora pública Andrea Alberto, quien al inicio de la audiencia sostuvo que antes de tratar las salidas transitorias debe definirse cuándo vence la condena. Ferreyra fue condenado a prisión perpetua por tiempo indeterminado, y declarado reincidente; para estas situaciones, el código procesal establece que debe fijarse la fecha de vencimiento de pena, lo que en el caso de Ferreyra aún no ocurrió.
El Ministerio Público de la Acusación estuvo representado por el fiscal Marcelo Fontana, quien insistió en que la audiencia debía realizarse igual. El juez Martín Torres entendió que, tras el desistimiento de la defensa de su propia solicitud, el acto no podía continuar.
Una vez que se decidió suspender la audiencia, dos de las víctimas declararon delante del juez Torres, posibilidad de habilita la Ley de Víctimas. Una de ellas era pareja y padre de las personas asesinadas por Ferreyra en Recreo, en diciembre de 1995; luego declaró una de las víctimas de uno de los tantos robos perpetrados por el Chajá. Los dos hombres pidieron declarar sin presencia de la prensa en la sala.
Ahora, la Oficina de Gestión Judicial deberá asignar a alguno de los jueces penales la responsabilidad de analizar la causa y definir cuándo vence la condena de Ferreyra; una vez establecida esa fecha, podrá discutirse si corresponde otorgar salidas transitorias al condenado.
Evasión de la cárcel y locura asesina
Once días antes de cometer la atroz masacre de Recreo, Marcelo Graciano “Chajá” Ferreyra, se encontraba alojado en la cárcel de Las Flores, en donde purgaba una condena por distintos robos calificados protagonizados durante los años 90. Oriundo del barrio Cabaña Leiva, el santafesino, de 28 años en ese entonces, decidió romper las barreras de la ley y huir de la prisión junto con otros reclusos alojados dentro del penal.
La fuga se dio alrededor de las tres de la madrugada del 1 de diciembre de 1995 y fue de película. Ferreyra y otros cuatro reclusos, identificados como Toribio González, Miguel Romero, Claudio García y Roberto “Escopeta” Villalba, sorprendieron a un grupo de guardias linderos al pabellón y tras reducirlos se dirigieron hacia la enfermería. Allí abordaron a un enfermero y obligaron a pedir un móvil para simular el traslado de un convicto al hospital.
Con total audacia, los cinco presos redujeron luego al chofer de la ambulancia y el acompañante y los mantuvieron como rehenes durante la fuga. El vehículo salió del establecimiento penitenciario y al llegar a la avenida Blas Parera tuvo la primera parada al descender el “Chajá” Ferreyra. El resto continuó su escape y se dirigió hasta la zona de la autopista, en Santo Tomé.
Ferreyra se fue hasta la casa 41 del barrio Hipotecario de Recreo, en donde residía un conocido, al cual las crónicas del momento lo sindicaban como viejo proxeneta de esa localidad. Allí se ocultó por varios días hasta convertirse en uno de los criminales más siniestros de la historia penal santafesina.
Considerado como un hombre con personalidad psicopática severa, con rasgos de perversidad, falta de mecanismos de control ético de sus actos, agresividad y estructuración de simulaciones, tal como lo definieron los especialistas que lo analizaron, el “Chajá”, irrumpió el 12 de diciembre en la vivienda lindera a donde se ocultaba.
Allí vivían Nelly Susana Toledo de Vega, que cursaba un embarazo de siete meses, con sus cinco hijos: Alberto de 11; Roberto Damián, de 10; Rubén Sebastián, de 8; y Cristian de tan solo 18 meses; y la joven C.V. de 14 años.
A Nelly, Ferreyra le asestó múltiples puñaladas hasta quitarle la vida. Mientras que a los niños los asfixió con cintos. En tanto, la niña fue llevada hasta la casa en donde se ocultaba de la Justicia y permaneció cautiva durante doce horas, en donde fue abusada sexualmente en dos oportunidades por el Chajá.
Al dormirse el temible convicto, la adolescente logró escapar de la vivienda y avisarle a un policía que caminaba por la zona y así organizar un fuerte operativo policial que redó el domicilio en donde Ferreyra permanecía prófugo.
El siniestro criminal fue capturado a unas cuadras del lugar y quedó a disposición de la Justicia. De hecho, en sede judicial supo confesar los aberrantes hechos cometidos y hasta llegó a decir que no mató a la mujer que violó porque “le gustaba”.
Tramitado el expediente en el viejo Juzgado de Sentencia de la Tercera Nominación, el juez Luis Juan Rodríguez condenó a Ferreyra el 7 de noviembre de 1997 a la pena de prisión perpetua por los delitos de homicidio calificado por alevosía reiterado en cinco oportunidades. “Atacó sucesivamente a la madre y posteriormente a los hijos, sin que ninguno tuviera posibilidad de defenderse, colocándolos en todos en una situación de indefensión, los ató y amordazó”, consideró el juez en su sentencia a la que tuvo acceso AIRE. Mientras que por la niña abusada, el juez declaró a Ferreyra autor de “violaciones reiteradas” y “corrupción calificada”.
Además, le aplicó la figura de “robo con armas” por haber sustraído los pocos bienes que tenía el grupo familiar que fue asesinado y resistencia a la autoridad, ya que cuando lo intentaron detener se resistió. Desde entonces, Ferreyra permanece tras las rejas en provincia de Chaco. Ahora pide obtener salidas transitorias de prisión. ¿Se las permitirán?
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