viernes 23 de julio de 2021
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Mansilla, el prófugo que buscan la policía y sus enemigos

Morocho encabezó la fuga del penal de Piñero el 27 de junio pasado. Tras el violento episodio, siete jefes narcos fueron reubicados en penales federales de Buenos Aires. Esteban Alvarado prometió vengarse por las consecuencias que provocó el ataque a Piñero.

Cuando los agentes del Servicio Penitenciario sacaron durante la madrugada del viernes 2 de julio a Esteban Alvarado de la cárcel de Piñero, el jefe narco prometió vengarse contra Claudio Mansilla, conocido como Morocho, el recluso que desde el 27 de junio pasado está prófugo tras protagonizar la fuga del penal Nº11 junto con otros siete internos –cinco fueron recapturados- después de un ataque externo al penal, que planeó el ladrón de bancos Sergio Cañete.

La promesa de venganza de Alvarado responde a que cinco días después del golpe a Piñero siete jefes narcos fueron trasladados a prisiones federales de Buenos Aires, luego de que ese domingo 27 de junio a la tarde quedaran expuestas las graves falencias de seguridad de la cárcel. Junto a Alvarado fueron reubicados pesos pesados del crimen organizado: Brandon Bay, ligado a Ariel Guille Cantero, líder de Los Monos; Julio Rodríguez Granthon, un narco peruano que está participar de la ejecución del exconcejal Eduardo; Joel Pucheta, ladero de Alvarado; René Ungaro y los hermanos Alan y Lautaro Funes, quienes dominan con extrema violencia los negocios criminales en la zona sur de Rosario.

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Esteban Alvarado prometió vengarse de Mansilla por provocar el traslado de los jefes narcos a penales federales de Buenos Aires.

Esteban Alvarado prometió vengarse de Mansilla por provocar el traslado de los jefes narcos a penales federales de Buenos Aires.

Todo este seleccionado mafioso “pagó” por Mansilla, señalan desde la cárcel. Y eso tiene precio. Porque ser trasladado a las unidades penales de Marcos Paz y Ezeiza en la provincia de Buenos Aires significa para estos criminales perder el control directo de sus bandas que tenían desde la sombra de la prisión de Piñero.

A Mansilla no sólo lo busca la Policía de Santa Fe sino este dream team del narcotráfico. “Es probable que lo encuentren antes sus enemigos”, señala una fuente judicial. Hay un par de pistas de que Morocho puede estar en Buenos Aires, pero ese refugio tiene un límite que lo marco el dinero. “Hay que tener mucha plata para estar mucho tiempo prófugo, porque todos se aprovechan de esa condición y debilidad”, señala un abogado penalista que defendió a algunos de los jefes narcos.

Horas después del espectacular escape del penal los fiscales Gastón Ávila y Franco Carbone manejaban como hipótesis que Morocho podría haberse fugado a Paraguay. Esta punta en la investigación derivó que pidieran un pedido de captura internacional a Interpol, que tiene a Mansilla entre los prófugos más buscados. Aunque no se descarta de plano la posibilidad de que el evadido haya cruzado a Paraguay, los investigadores creen que es difícil para un hombre como Mansilla hacer más de 1000 kilómetros sin ser detectado. Los tatuajes carcelarios en su rostro y su cuello lo hacen un personaje difícil de camuflar.

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La policía de Santa Fe recibió decenas de llamados sobre dónde podría estar Mansilla. Hasta ahora los datos que llegaron no dieron sus frutos. Por su cabeza hay una promesa de recompensa de un millón de pesos. Pero además hay muchos enemigos de Morocho a los que no les interesa tanto el dinero sino la posibilidad de vengarse. Una de las versiones que manejan los investigadores es que Mansilla busca entregarse, que sería la única garantía para permanecer con vida.

Mansilla era un preso despiadado en la cárcel. Era uno de los jefes del pabellón Nº14. No estaba a resguardo ni separado del resto porque no se lo consideraba un interno de alto perfil. Hacía cosas despiadadas, recuerdan desde la cárcel. Tenía un grupo de presos jóvenes que eran como sus sirvientes. Les llamaban los “lavatáper”. Se jactaba de eso y los filmaba cuando hacían las tareas de limpieza, y le lavaban la ropa.

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En la fuga de Piñero se escaparon ocho presos, entre los que está Mansilla, quien aún no fue recapturado.

En la fuga de Piñero se escaparon ocho presos, entre los que está Mansilla, quien aún no fue recapturado.

En las requisas detectaron que Mansilla tenía un “nido” para guardar celulares en los conductos de ventilación que nunca funcionaron. En ese escondite los teléfonos son colocados con un gancho, con el que después de que pasen los controles los presos los “pescan”.

Una vez los guardiacárceles tuvieron que romper el hormigón para poder obtener un aparato de Mansilla que logró romperlo con cierta complicidad de un agente. Ese pabellón ahora está al mando de Hernán Romero, conocido como Lichi, líder de un clan familiar que domina la venta de drogas en la zona norte de Rosario, y Mauricio Laferrara, alias Caníbal, uno de los sicarios de Alvarado que está imputado de seis asesinatos.

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Mansilla pasó gran parte de su vida tras las rejas. Y cuando sea recapturado se sumará otra condena a su historial. Fue sentenciado a 25 años de cárcel unos días después de fugarse por los asesinatos de los jóvenes Nieri y Leonel Bubacar. Morocho había salido en libertad, después de cumplir una condena a 17 años de prisión por intento de robo calificado y una causa por narcotráfico de 2013. Intentó recuperar terreno en la geografía narco en la zona oeste de Rosario, pero ese afán expansivo llevó a que Mansilla se trenzara en permanentes conflictos con otras bandas zonales, como la que lidera Walter Abregú, detenido por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) en 2019, tras estar prófugo varios meses.

Por todos los enemigos que ganó antes y después de la fuga, Mansilla es uno de los hombres más buscados de Santa Fe, tanto por la policía como por quiénes quieren vengarse por las consecuencias que provocó el ataque a la cárcel.

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