El delfín que nada en la provincia de Santa Fe: qué revela y qué esconde el sello de la cocaína
Desde un control en Santurce en 2019 hasta los 106 kilos frenados en Ceres y los panes que dos jóvenes llevaban en una mochila en la ruta 11, la figura del cetáceo aparece una y otra vez en los decomisos de la provincia. Los investigadores lo asocian al clan de Delfín Castedo, preso desde 2016. Pero las pistas que dejaron las causas santafesinas muestran que el sello dice menos de lo que parece.
¿El delfín identifica a una organización o se convirtió en una marca que cualquiera puede usar?
El ladrillo estaba cerrado sobre la mesa de una casa del barrio El Chaparral, en Santo Tomé, cuando entraron los gendarmes el 13 de marzo de 2021. Por eso se veía nítido el relieve: un delfín moldeado en la cara superior del pan de cocaína. El fiscal federal Jorge Gustavo Onel pidió a Gendarmería que buscara antecedentes de esa marca en el país. La respuesta fue reveladora: entre 2017 y ese momento la fuerza había registrado 73 secuestros con imágenes similares, pero no idénticas.
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Esa diferencia, "similares, pero no idénticas", es el centro de una pregunta que atraviesa cada decomiso: ¿El delfín identifica a una organización o se convirtió en una marca que cualquiera puede usar?
Para qué sirven los sellos en el mercado ilegal
Los sellos en los panes de cocaína no son un capricho. Cumplen funciones concretas en una cadena en la que nadie confía en nadie. La primera es identificar al dueño. Los grandes cargamentos suelen juntar droga de varios proveedores, y el sello permite saber qué parte pertenece a quién. Según InSight Crime, los paquetes suelen llevar dos marcas: una que el laboratorio imprime sobre la propia pasta al compactarla, y otra que el proveedor agrega en el envoltorio.
La segunda es garantizar calidad. Un pan con el sello intacto le dice al comprador que nadie lo abrió en el camino para estirarlo con corte. Por eso en el mercado el delfín se asocia a cocaína de alta pureza, y los fiscales lo repiten en cada procedimiento.
La tercera es la trazabilidad interna: lote, destino, cuentas pendientes. Un sello funciona como un código en una contabilidad que no puede escribirse en papel.
El clan Castedo y el alcance del sello
El delfín se vincula a Reynaldo "Delfín" Castedo, el narco salteño conocido como el Patrón del Norte, que controló durante años los pasos clandestinos de la frontera con Bolivia. Fue detenido en 2016 y condenado a prisión perpetua. Sin embargo, la marca sigue apareciendo en todo el país: en terminales de ómnibus de Córdoba, en Mendoza, en Neuquén, en Mar del Plata, en búnkeres de la Ciudad de Buenos Aires.
Las hipótesis para explicarlo son tres, y no se excluyen. Que la estructura de Castedo siguió funcionando sin él. Que el sello fue "vendido" o cedido a otras organizaciones como garantía de calidad, algo que mencionaron investigadores en un caso en Mendoza. O que otros laboratorios lo copian porque el delfín vende mejor.
Las primeras pistas en la región
El rastro santafesino empieza el 22 de diciembre de 2019. Un control de la policía vial en la ruta 2, en el acceso a Santurce, frenó un Fiat Palio con dos hombres que venían del norte. Llevaban 10 kilos de cocaína con el sello del delfín. Fabricio Ismael García y Sergio Alejandro Rodríguez fueron condenados a seis años de prisión.
Uno de ellos fue defendido por el abogado Santos Saldaño, vinculado a los hermanos Castedo. Es, hasta hoy, uno de los indicios más directos que conectan la marca con el clan salteño en territorio santafesino.
Del otro lado del túnel subfluvial, en Paraná, una escucha telefónica en la causa contra Daniel "Tavi" Celis y el exintendente Sergio Varisco había dejado otra pista. En una conversación interceptada, un hermano de Celis le comentaba: "Son todos delfines los que mandó el hombre". El "hombre" era, según la investigación, un narco peruano llamado Johan Edgardo Arias Quintana, alias el Mayordomo. La cocaína llegaba en colectivos de larga distancia y tenía una pureza del 60%. Un dato que complica la lectura lineal: el mismo sello, con un proveedor peruano y no salteño.
Tras el hallazgo de Santo Tomé en 2021, un investigador con más de una década en el área antinarcóticos de la provincia planteó que se inclinaba más por un lote que por un cartel, y que probablemente la droga fuera peruana. La fiscalía, en cambio, sospechaba que era la punta de un negocio mucho más ramificado. Nadie pudo confirmarlo: las pericias químicas quedaron demoradas por falta de capacidad instalada en la región.
Expansión y secuestros en Rosario
En marzo de 2024, la Policía de Seguridad Aeroportuaria detuvo en Rosario a dos mujeres que circulaban en moto con un kilo y medio de cocaína. Los panes tenían el delfín. La causa quedó en el Juzgado Federal N°4, entonces a cargo de Marcelo Bailaque, quien renunció y está actualmente detenido en su departamento. La entonces ministra de Seguridad Patricia Bullrich lo anunció en redes con una frase corta, "Cocaína del delfín en Rosario", y atribuyó la droga a Castedo.
Seis meses después, en septiembre de 2024, la marca volvió a aparecer en una investigación de mayor escala. En 35 allanamientos contra la organización del preso René Ungaro, encabezados por la PDI y fiscales del MPA, se secuestraron 10,275 kilos de cocaína en panes de un kilo con el sello del delfín, junto con elementos de corte. La causa pasó a la Justicia federal porque la droga no estaba fraccionada para el menudeo.
En octubre de ese año, la División Antidrogas de la Policía Federal desbarató un clan familiar que vendía en villa La Lata. En uno de los allanamientos apareció otro ladrillo con el delfín. Los fiscales federales Matías Scilabra y Santiago Alberdi detectaron que el grupo alternaba proveedores periódicamente, y que uno de ellos dormía en hoteles, pensiones y departamentos temporarios que también usaba para acopiar y fraccionar.
El delfín ya circulaba en el último eslabón. En 2025, la Policía de Acción Táctica detuvo en la zona noroeste de Rosario a un adolescente de 17 años que caminaba por la calle con un bloque de 1,054 kilos con el sello.
Los corredores viales y el caso Nelson
El 30 de noviembre de 2025, Gendarmería frenó sobre la ruta nacional 34, en jurisdicción de Ceres, una camioneta con un desperfecto mecánico. El conductor, un albañil cordobés, se contradijo. En compartimientos ocultos había 106 kilos de cocaína, cada pan con la imagen de un delfín. Después cayó una mujer boliviana que había hecho de "puntera" desde otro auto: la detuvieron cuando intentaba subir a un avión rumbo a su país con 33.000 dólares.
El fiscal Onel describió la ruta 34 como uno de los corredores principales de la cocaína boliviana hacia los puertos de Rosario, Buenos Aires y Montevideo, con Europa como destino final de buena parte de la carga.
El último caso es de mayo de este año. En un control policial en el kilómetro 507 de la ruta 11, a la altura del ex peaje de Nelson, dos jóvenes que trabajaban en el Mercado de Productores de Santa Fe llevaban en una mochila casi 3,5 kilos de cocaína. Los panes tenían el delfín y dos de ellos, además, fotos de Joaquín "El Chapo" Guzmán, Pablo Escobar y Tony Montana, el personaje de Scarface. La fiscal Natalia Palacín los imputó por transporte de estupefacientes.
Otras marcas y la evidencia científica
El mayor cargamento de los últimos meses en la provincia no tenía delfín. El 28 de febrero, Gendarmería persiguió durante unos 30 kilómetros a una Amarok cerca de Elisa, en el departamento Las Colonias. La camioneta apareció abandonada con 418 ladrillos: 456 kilos de cocaína con una pureza del 84,86%. El sello era un cebú de raza Guzerat y las letras "ST" en bajorrelieve.
La misma imagen apareció en abril en seis paquetes secuestrados en Villa Ángela, Chaco, y las letras "ST" volvieron en agosto en otro cargamento de unos 22 kilos. Siete personas están imputadas. Para los investigadores, las coincidencias sirven para conectar secuestros, pero no alcanzan por sí solas para atribuir una carga a una organización.
Esa es la advertencia que atraviesa todos los casos. Un estudio publicado en la revista Forensic Science International analizó 198 bloques de grandes decomisos y encontró hasta cuatro perfiles químicos distintos dentro de cargamentos que llevaban el mismo logotipo. Es decir: mismo dibujo, distinta cocaína. INTERPOL tiene una base de datos, llamada RELIEF, que compara las huellas que dejan las prensas usadas para compactar la droga, además de los logos y la composición química.
En Santa Fe, ese cruce todavía no se hizo público. No se sabe si los panes de Santurce, Santo Tomé, Rosario, Ceres y Nelson salieron de la misma prensa o del mismo laboratorio. Hasta que eso ocurra, el delfín seguirá siendo lo que hoy es con certeza: una promesa de calidad que alguien quiere que el comprador crea. Quién está detrás de esa promesa sigue siendo la pregunta abierta.








