El hombre pidió preservar su identidad y remarcó que el objetivo de hacer pública la historia es concientizar a otros hijos, hijas y familias. “La nota no pasa solo por lo periodístico. Es para que cuidemos a nuestros papás y abuelos”, señaló.
Una llamada larga y datos precisos
Según relató, todo comenzó el viernes por la mañana, cuando una mujer llamó al teléfono fijo del domicilio. “Se presentó como alguien de ANSES y empezó a hablarle con muchos datos: la dirección, los nombres de los hijos”, contó.
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La conversación se extendió durante casi una hora. “Fue una charla larga, muy hábil. En ese tiempo la van envolviendo, le sacan información y después la usan”, explicó. El argumento central fue que los dólares ‘cara chica’ se vencían y debían ser cambiados de inmediato.
“El contador de tu hijo está en la puerta”
Tras esa larga llamada, llegó el paso clave de la estafa. “Le dicen que en la puerta estaba un amigo contador de su hijo para buscar el dinero”, relató. Convencida, la mujer abrió la puerta y dejó ingresar a un hombre.
“Él hacía como que hablaba por teléfono conmigo. Le decía que yo estaba de acuerdo, que le entregara todo”, explicó el hijo. La víctima terminó entregando dólares y euros, incluso dinero que estaba guardado para la compra de una casa.
“Le preguntó si tenía joyas”
El relato da cuenta del nivel de detalle de la maniobra. “Después de darle una parte, el hombre le dijo que yo tenía más. Entonces mi mamá le mostró todo. Incluso le preguntó si tenía joyas”, contó.
El monto robado fue muy alto. “Era el ahorro de toda la vida. Una parte era de ella y otra mía. Nos dejó devastados”, afirmó con crudeza.
Cuento del tío y el impacto emocional
El daño no fue solo económico. “Cuando me manda el mensaje y voy a la casa, le agarró un ataque de ansiedad. Al otro día casi hubo que internarla”, relató.
La mujer, además, quedó atravesada por la culpa. “Está muy mal, no quedó bien. Se siente responsable, cuando en realidad no tiene la culpa”, remarcó su hijo.
Cuento del tío: no fue un caso aislado
Mientras realizaba la denuncia, el hombre se encontró con otra mujer, de edad similar a su madre, que había sufrido la misma maniobra, el mismo viernes y a diez cuadras de distancia.
“Le pasó igual. La llamaron, la convencieron y le pidieron las alhajas. En su caso no llegaron porque ya habían ido a lo de mi mamá”, contó. Según dijo, muchas personas mayores no denuncian por miedo, lo que favorece la repetición del delito.
La investigación y el pedido de prevención
La causa está en manos de la Policía de Investigaciones. “Me atendieron muy bien, estoy yendo casi todos los días”, explicó, aunque reconoció la impotencia de no saber si el dinero podrá recuperarse.
Antes de despedirse, dejó un mensaje claro: “Le dije mil veces que no abra la puerta, pero algo hacen que terminan cayendo. Por eso es importante hablar, avisar y prevenir. Esto le puede pasar a cualquiera”.