viernes 3 de abril de 2020
Opinión | inseguridad | Santa Fe | Rosario

Sangre y violencia, la otra epidemia como respuesta a los primeros cambios en la policía en Santa Fe

En medio de la crisis del coronavirus, la inseguridad parece haber quedado en un segundo plano, pero fue el punto más problemático de la gestión de Perotti.

La crisis del coronavirus disimuló durante los últimos días el problema de la seguridad y la violencia, que en Santa Fe es una epidemia endémica desde 2013. Hasta ahora nadie encontró una vacuna para contrarrestar el duro impacto de la inseguridad en Santa Fe.

En sus primeros cien días de gestión, el gobernador Omar Perotti no sólo no halló soluciones, sino que sufrió un desgaste intenso por el recrudecimiento de los homicidios en Santa Fe y Rosario, donde se concentran los hechos de violencia más graves. Tuvo que estrenar su espalda flamante de gobernador recién asumido, para amortiguar las protestas que estallaron en reclamo de mayor seguridad, primero en Rafaela, y después con los cacerolazos en la capital provincial el 5 de marzo pasado.

Parece lejano, casi como si fuera de otro siglo, que el 2 de enero vecinos furiosos por la muerte del joven rafaelino Gonzalo Glaria lanzaron piedras y protagonizaron un escrache en la casa del gobernador, oriundo de esa ciudad, que había asumido hacía sólo 22 días.

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Miles de vecinos de Rafaela se movilizaron contra la inseguridad y pidieron justicia por la muerte de Gonzalo Glaria.

Miles de vecinos de Rafaela se movilizaron contra la inseguridad y pidieron justicia por la muerte de Gonzalo Glaria.

Aunque Rafaela tiene sus particularidades, por su raíz social y su historia, esa protesta definió, quizá con exageración, que con la seguridad no hay paciencia que de lugar a la posibilidad de reflexionar sobre la nueva trama de las ciudades, con conurbanos cada vez más pobres, con una capa rígida de marginalidad, carcomida por una cultura narco que le ganó el desafío al Estado, no sólo a nivel económico, sino también en lo social.

Perotti eligió como ministro a Marcelo Sain, uno de los intelectuales que más ha estudiado el tema en la Argentina, autor de una decena de libros, dueño de un perfil autónomo, inquieto y picante, que desafía con ironía y acidez a cualquiera que se le ponga enfrente, desde el jefe de la policía de Rosario a nivel público o a un compañero de gabinete en un despacho o despotricando por las redes sociales.

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Marcelo Sain designó como jefe de la Policía de la Provincia a Víctor Sarnaglia, un policía con experiencia que ya se encontraba retirado.

Marcelo Sain designó como jefe de la Policía de la Provincia a Víctor Sarnaglia, un policía con experiencia que ya se encontraba retirado.

En Santa Fe y aún más en esta gestión, con funcionarios de baja o nula exposición pública, el carácter cáustico del ministro de Seguridad genera antipatía en sectores de los medios y de la política que estaban más cómodos con el tono cansino y gauchesco de Raúl Lamberto.

Los conocimientos previos del ministro

Sain construyó durante su paso por el Organismo de Investigaciones, antes de llegar a la Casa Gris, un diagnóstico de los problemas de la violencia y la inseguridad, y sobre todo de la policía y la justicia.

Un caso clave fue la investigación sobre el entramado narcopolicial en torno a Esteban Alvarado, uno de los engranajes principales de la geografía del tráfico de drogas y de la generación de un aparato económico que aún no fue desmantelado, que surtía a parte de la estructura jerárquica de la policía.

Sain está convencido que para que este narco se mantuviera en el cima durante tanto tiempo hubo complicidades con el poder político y judicial. Pero la política y los jueces y juezas borran sus huellas con mucha habilidad. Ese diagnóstico definido por Sain lo llevó al gobernador a hablar de “pacto de gobernabilidad” en su primer discurso en la Legislatura.

Cuando asumió como ministro, Sain tenia en claro el orden de prioridades para empezar a cambiar a nivel institucional la policía, una de las principales generadoras y organizadoras del delito en la provincia. Tras el relevo de más de 70 jefes policiales en la provincia, el ministro empezó a enfrentar el mecanismo de reacción que promueve la misma fuerza, que se mueve y se retroalimenta con sangre en las calles.

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El líder de la Banda de Los Monos, Guilles Cantero, y un ataque al City Center de Rosario que terminó con a vida de un inocente.

El líder de la Banda de Los Monos, Guilles Cantero, y un ataque al City Center de Rosario que terminó con a vida de un inocente.

Con 27 asesinatos en Santa Fe y 62 en Rosario, el pico de la violencia elevó los índices de homicidios a niveles de 2013, cuando la tasa de asesinatos llegó a 21 crímenes cada cien mil habitantes, luego del raid de venganzas que se desató en el sur santafesino con la muerte del líder de Los Monos, Claudio Cantero.

Pasaron cosas muy graves en estos cien días. Los pliegues de la repetición de estos hechos durante 2020 se ocultan bajo una parva de situaciones que sólo encuentran como espejo el 2013, año en que mataron a parte de las cúpulas narco y dispararon contra la casa del ex gobernador Antonio Bonfatti.

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El crimen de Hugo Oldani ocurrió el 11 de febrero en la ciudad de Santa Fe.

El crimen de Hugo Oldani ocurrió el 11 de febrero en la ciudad de Santa Fe.

El ataque a tiros contra el Centro de Justicia Penal de Rosario, el 3 de enero; el atentado contra el casino de City Center, el 11 de ese mes, cuando murió de un disparo el ex gerente del banco Nación de Las Parejas Enrique Encino; el 11 de febrero el asesinato del empresario Hugo Oldani, en el centro de Santa Fe. Los cacerolazos que se produjeron el 5 de marzo ante el hartazgo por la ola de inseguridad en la capital provincial. En la lista quedan decenas de hechos y situaciones graves, muchos de ellos encadenados, con cierta lógica. Pero llama la atención la cantidad de situaciones sangrientas y condicionantes a pocos días de la asunción de un ministro que decidió pararle el carro a la policía.

En este contexto crítico de la seguridad, ahora apaciguado por el coronavirus, empieza un extenso camino para cambiar a nivel institucional una fuerza que no está preparada para enfrentar estos niveles de extrema criminalidad y a su vez es cómplice de muchas tramas ilegales. La pregunta es qué pasará y cuál será la reacción cuando la reforma policial empiece a ser palpable. La gente demostró que no tiene margen ni paciencia.

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