jueves 2 de julio de 2020
Opinión | Alberto Fernández | Pesos | Coronavirus

Empoderado por la crisis del coronavirus, Fernández afronta el riesgo de sobreactuar el poder

El viernes pasado el Gobierno aumentó en casi 56.000 millones de pesos el presupuesto.

Alberto Fernández jamás imaginó que, luego de tres meses de asumir el Gobierno, iba a afrontar la mayor emergencia sanitaria, económica y social desde la crisis de 2001. En medio de la tempestad que desató el brote de coronavirus en el país, el Presidente tiene motivos, no obstante, para esbozar una sonrisa: con el Congreso y la Justicia paralizados, Alberto Fernández es hoy el principal dueño del poder en la Argentina.

Con la oposición en cuarentena y con las manos atadas y los jueces recluidos, nadie controla las decisiones del Presidente. Desde el 10 de marzo pasado, cuando se impuso el estado de emergencia, el Poder Ejecutivo dictó 14 decretos de necesidad y urgencia (DNU) y, en el mismo período, reasignó partidas presupuestarias por unos 100.000 millones de pesos. Ambas medidas estuvieron dirigidas a atender los efectos sanitarios de la pandemia y, con el argumento de la urgencia, se habilitó la compra directa de medicamentos, reactivos, equipos de respiración y otros gastos sin una licitación pública por el avance de la epidemia. Imposible saber si detrás de esas compras hubo sobreprecios o empresarios amigos beneficiados; cuando los diputados de la oposición le reclamaron explicaciones sobre esas compras al ministro de Salud, Ginés González García, el miércoles pasado, el funcionario esquivó una respuesta.

Partidas reasignadas y aumento del Presupuesto

En cuanto a la reasignación de partidas, el viernes pasado el Gobierno aumentó en casi 56.000 millones de pesos el presupuesto; de ese monto, buena parte fue destinado a la asistencia alimentaria y a la atención de la salud. Sin embargo, en la letra chica del decreto se observa aumentos en partidas que nada tienen que ver con la pandemia. Lo más llamativo es la partida que se destinó al Ministerio de Cultura: en efecto, el área que conduce el ministro kirchnerista Tristán Bauer se llevó 1.736,2 millones de pesos para gastar. Las comparaciones suelen ser odiosas pero útiles en tiempos de escasez de recursos: por cada 2,5 pesos que el Gobierno destinó a la compra de insumos para atender la crisis del coronavirus, le dieron 1,7 a Bauer para que lo gaste en Cultura.

Por cada 2,5 pesos que el Gobierno destinó a la compra de insumos para atender la crisis del coronavirus, le dieron 1,7 a Bauer para que lo gaste en Cultura.

Hay más. Yacimientos Carboníferos Río Turbio (YCRT) , empresa encabezada por Aníbal Fernández, también fue beneficiado con una sustanciosa partida de 1.190 millones de pesos. Para seguir con las comparaciones propias de la pandemia, se podría decir que por cada dos pesos de gasto nuevo para remedios o equipamiento se destinó uno al yacimiento patagónico que, por ahora, no produce mineral.

alberto fernandez21
Alberto Fernández le pegó con dureza a Paolo Rocca y alabó la figura de Hugo Moyano. El coronavirus lo colocó en una nueva posición política.

Alberto Fernández le pegó con dureza a Paolo Rocca y alabó la figura de Hugo Moyano. El coronavirus lo colocó en una nueva posición política.

La oposición ya puso el grito en el cielo, pero con el Congreso paralizado difícilmente su voz se escuche. Empoderado, Fernández se siente a sus anchas, sin el acecho opositor y, por primera vez, liberado de la vigilancia de su mentora, la vicepresidenta Cristina Kirchner, sumida en un silencio absoluto. Las encuestas lo halagan: desde que asumió el comando del operativo contra la pandemia, su imagen alcanzó su nivel más alto. Su decisión de priorizar la salud de la población e imponer, a manera de prevención, la cuarentena obligatoria en todo el país, encontró consensos aún entre sus más férreos detractores.

Alberto en estado puro

Paradójicamente, esta crisis desnuda por primera vez al Presidente en su estado más puro. Sin dobleces y sin las ambigüedades de equilibrista que, hasta hace poco tiempo, debía exhibir para contener las presiones internas de su fuerza política. Protagonista excluyente de este tiempo, Fernández no duda en hacer gala de su poder agitando la bandera de la emergencia. Desde ese púlpito fustiga a quienes, a su juicio, no se comportan de manera solidaria en esta emergencia y felicita a los que se alinean detrás suyo. Es así como, en los últimos días, calificó de "miserables" a los empresarios que aumentan los precios y despiden empleados -en clara alusión a Techint y a su presidente, Paolo Rocca- y sorprendió con exagerados elogios a Hugo Moyano durante la inauguración de un hospital del gremio de los camioneros. No fue su único gesto: días atrás la obra social del sindicato recibió del Estado casi 300 millones de pesos, lo que desató una ola de furia en la dirigencia sindical contraria al camionero.

Protagonista excluyente de este tiempo, Fernández no duda en hacer gala de su poder agitando la bandera de la emergencia.

"Hugo es un dirigente gremial ejemplar", fueron las loas del Presidente al mandamás de los camioneros, que tiene en su haber causas en la Justicia por lavado de dinero, extorsión y fraude.

Los tiempos de crisis pueden ser, también, tiempos de oportunidades. Durante la primera etapa de la cuarentena, Fernández se movió con responsabilidad y cautela, convocó a la oposición y se mostró abierto, codo a codo con gobernadores e intendentes, en la toma de decisiones. La sociedad supo reconocérselo y su protagonismo se afianzó. Entusiasmado con un incipiente rol de liderazgo que nadie hubiera imaginado hace diez meses cuando Cristina lo convirtió en candidato, Fernández tiene por delante el desafío de no sobreactuar su poder. Máxime cuando lo peor de la pandemia está por venir.

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