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Sonia Tessa | Argentina, 1985 | Peter Lanzani | Ricardo Darín

Argentina, 1985: el común ejercicio de la memoria

El film que protagonizan Ricardo Darín y Peter Lanzani se enfoca en el juicio a las juntas y, más aún, en la tarea acusatoria. En las salas, jóvenes que no habían nacido en aquel momento aplauden y lloran. Ninguna película puede abarcar la lucha por los derechos humanos en su totalidad y esta tampoco.

Uno de los tantos méritos de la película Argentina, 1985 es que trajo el debate sobre un pasado –muy presente– a las mesas de los bares, los cumpleaños, las escuelas, los lugares de trabajo. Dirigida por Santiago Mitre, que escribió el guión junto a Mariano Llinás, la película está destinada al gran público y esa es una de sus muchas apuestas interesantes. No se enfoca en la gesta colectiva en la calle, sino en un espacio más bien oscuro: los Tribunales, meses después de la recuperación de la democracia.

El aparato represivo estaba intacto, en la justicia costaba encontrar funcionarios que quisieran hacerse cargo de un juicio contra los comandantes de las tres fuerzas armadas durante la dictadura militar. Tampoco el fiscal Julio César Strassera –que en la película lleva el peso épico de la historia– estaba muy convencido al principio.

Son 140 minutos de cine. Cuando Ricardo Darín –que interpreta a Strassera– cierra el histórico alegato del 18 de septiembre de 1985, el público de la sala de audiencias estalla en aplausos. Lo que pasa en 2022, en muchas salas de cine a lo largo y ancho del país, es que muchas pibas y pibes que ni siquiera habían nacido entonces también aplauden.

Cómo logra eso una película es algo que podrán interpretar mejor quienes hacen crítica de cine. La pregunta de esta columna es otra. Argentina, 1985 concentró el 43 por ciento de los espectadores totales del país en su primer fin de semana de exhibición, sin haber sido proyectada por las grandes cadenas internacionales.

Ricardo Darín y Peter Lanzani vinieron a Santa Fe para grabar su nueva película, 1985
Ricardo Darín y Peter Lanzani los protagonistas de la película encarnando los papeles del fiscal Julio Strassera y el fiscal adjunto, Luis Moreno Ocampo, respectivamente.

Ricardo Darín y Peter Lanzani los protagonistas de la película encarnando los papeles del fiscal Julio Strassera y el fiscal adjunto, Luis Moreno Ocampo, respectivamente.

¿Cuál es el valor de ese fenómeno artístico en esta época de desencanto y enojo?

“Señores jueces, quiero renunciar a cualquier pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero pronunciar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces, nunca más”, dice Darín. Y las salas repletas aplauden. En 1985, el juicio no fue televisado. Apenas se pasaban fragmentos en los canales de televisión, que entonces eran pocos. Los testigos iban a declarar tras afrontar amenazas, sabiendo que la mayoría de los ejecutores de los secuestros, desapariciones y torturas estaban libres, articulados todavía. No había aplausos ni abrazos a la salida, como sí los hubo en los juicios penales de este siglo para quienes tuvieron el valor de testimoniar una y otra vez. “Los testigos son héroes y debemos protegerlos”, dice Peter Lanzani en el papel del fiscal adjunto Luis Moreno Ocampo. Una declaración de principios.

El juicio a las juntas terminó el 9 de diciembre de 1985 con condenas variadas, muy escasas en relación a sus crímenes. Sólo Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera fueron condenados a prisión perpetua. Ningún otro. Roberto Viola a 17 años, Armando Lambruschini a 8 años y Orlando Ramón Agosti a 4 años y 6 meses. Hubo cuatro absoluciones: Omar Domingo Rubens Graffigna, Arturo Basilio Lami Dozo, Leopoldo Fortunato Galtieri y Jorge Isaac Anaya.

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 Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera.

Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera.

Lo que siguió fue una historia de defecciones

Las leyes de obediencia debida y punto final, en 1987, los indultos de 1990, los largos años de impunidad. Pero también la épica lucha de los organismos de derechos humanos en la Argentina, con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo a la cabeza, para lograr la reapertura de causas, para enjuiciar a los responsables de robos de bebés.

La creación de HIJOS, una agrupación que marcó una bisagra en los años 90

Los escraches, con la consigna “si no hay justicia, hay escrache”. Las estrategias jurídicas buscando resquicios. La declaración de inconstitucionalidad de las leyes de impunidad. La anulación de las leyes en el Congreso nacional. La política de memoria, verdad y justicia que se impulsó desde el Ejecutivo nacional a partir de 2003, con la presidencia de Néstor Kirchner. Los juicios que en tribunales ordinarios, con jueces naturales, condenaron a 1.088 personas en 286 sentencias.

Es una lucha tan inmensa que no cabe en una sola película: no se le puede pedir a una obra artística de dos horas semejante completud. Por el contrario, se agradece que cuente una historia real con el pulso de un buen thriller con dosis de humor justas para mantener la tensión.

"Argentina, 1985″: cuándo se estrena y en qué cines estará
Argentina, 1985. Parte del elenco encabezado por Ricardo Darín.

Argentina, 1985. Parte del elenco encabezado por Ricardo Darín.

El director elige centrarse en un hito jurídico de trascendencia internacional, y afina aún más el foco, para ponerlo en el trabajo de la fiscalía. Tuvieron que recurrir a jóvenes sin experiencia judicial, porque la gran mayoría de los funcionarios de la época tenían un compromiso con la etapa anterior, o eran renuentes a juzgar sus crímenes. El armado de la pieza acusatoria tomó 709 casos para demostrar la existencia de un plan sistemático de represión ilegal. Esas cinco palabras fueron claves para todo lo que vino después de 2006, cuando se reabrieron las causas penales.

Hay críticas sobre el escaso espacio que le da la película a la lucha de Madres, y de los organismos de derechos humanos en general. No son desestimables. Lo que es deslumbrante es la capacidad de hacer una película vibrante alrededor de un tema tan opaco como puede ser un juicio, donde suelen primar cuestiones procesales, chicanas jurídicas y sí, los testimonios son como un cross a la mandíbula. Así lo son también en la película. Permiten tomar dimensión de un horror que no se puede desdibujar con el tiempo.

“Arderá la memoria hasta que todo sea como lo soñamos” es una frase de Paco Urondo que se volvió un lugar común. Y, sin embargo, se vuelve actual y candente cuando una película como Argentina, 1985 se convierte en un éxito arrasador, con llantos, risas y aplausos desde la platea. El ejercicio de la memoria tampoco es de nadie en particular: le pertenece ya a todo el pueblo argentino.