Con el paso del tiempo, la calidad de las producciones tridimensionales Disney se ha incrementado exponencialmente, alcanzando nuevos niveles gracias a producciones como ‘Zootróplis’, ‘Vaiana’ o, especialmente, una primera ‘Rompe Ralph’ que logró encandilar al respetable gracias a su frescor, originalidad, y a unos personajes tan carismáticos y cuidados como su narrativa.
Con su secuela, titulada ‘Ralph rompe Internet’, el clásico estudio de animación logra poner contra las cuerdas por primera vez la absoluta hegemonía de Pixar con una auténtica maravilla digital que aumenta las apuestas respecto a su predecesora y se muestra como un producto lleno de posibilidades —muy bien aprovechadas— y aún más grande que el vasto universo en el que se ambienta: la mismísima red de redes.
Si algo destaca al poner frente a frente ‘Ralph rompe Internet’ con la cinta original, esas son las titánicas dimensiones de esta continuación. Un aumento de escala y ambición que se ve reflejado tanto en la naturaleza del relato, más épico y complejo, como en un apartado técnico que sitúa la animación del largometraje a la vanguardia de la industria.
Una creatividad desbordante con la que reír… y llorar
Pero toda esta exhibición de músculo y poderío no hubiese servido de nada sin una creatividad asombrosa que marca nuevos hitos en la factoría Disney y que equilibra más que nunca el discurso de la película, enfocándolo con mayor precisión a un público adulto que, probablemente, disfrutará más de la experiencia que muchos de los espectadores más pequeños que pueblen el patio de butacas.
Esto, por una parte, se ve reflejado en los temas tratados en el filme, situando a Ralph y Vanellope en una diatriba en la que intentan encontrar su lugar en el mundo mientras experimentan unas crisis existencialistas que dan un empaque ciertamente trágico y desalentador al conjunto; un tono agridulce que sabrán percibir con mayor acierto e intensidad los más veteranos de la sala.
Con ‘Ralph rompe Internet’, técnica, creatividad y narrativa se dan la mano en la que no sólo es una secuela brillante de la cinta de 2012, sino una de las mejores piezas de animación 3D que hemos podido ver recientemente y que, ahora sí, no teme en mirar a los ojos a la inmensa mayoría de clásicos instantáneos gestados por la competencia directa
Fuente: www.espinof.com





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