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La vida de Amar Bharati: un sacrificio en búsqueda de la paz mundial que asombra al mundo

La vida de Amar Bharati cambió rotundamente cuando, en 1973, tomó una decisión que la cumpliría hasta el fin de su vida.

La vida de Amar Bharati comenzó de manera común. Era un hombre trabajador en un banco de la India y disfrutaba de la compañía de su numerosa familia. Sin embargo, un día, Amar sintió una profunda insatisfacción con su existencia y tomó una decisión que asombraría al mundo: alzó su brazo en un gesto de penitencia en honor al dios Shiva, comprometiéndose a no volver a bajarlo nunca.

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Desde la década de los 70 Amar Bharati no baja su brazo

Desde la década de los 70 Amar Bharati no baja su brazo

Hace casi medio siglo, inició su peregrinación espiritual y se convirtió en un asceta, siendo hoy considerado uno de los sadhus más venerados en toda la India. Los sadhus son ascetas que renuncian a los placeres materiales en busca de la iluminación espiritual. Para ellos, la realidad fenoménica es una ilusión, y la verdadera verdad se halla en el espíritu.

Los sadhus abandonan sus posesiones y se dedican a una vida de ascetismo, mendicidad y penitencia. En muchas ciudades de la India, es común verlos esperando la generosidad de otros para su sustento.

El ascetismo es un camino que implica renunciar a los placeres materiales en aras de alcanzar la perfección moral y espiritual. Amar Bharati, además de renunciar a todo, tomó la decisión de mantener su brazo derecho elevado de forma constante como una ofrenda a la paz mundial.

"Lo que pido no es mucho. ¿Por qué peleamos entre nosotros? ¿Por qué existe tanto odio y enemistad en el mundo? Mi deseo es que todos los indios vivan en paz, y que toda la humanidad conozca la paz", expresó en una entrevista con UNILAD.

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Amar mantiene su brazo elevado como lucha por la paz mundial

Amar mantiene su brazo elevado como lucha por la paz mundial

Los primeros dos años de su penitencia fueron insoportables. Sintió un dolor constante que lo atormentaba, incluso durante el sueño, ya que jamás bajó su brazo.

Con el tiempo, los cartílagos de su brazo se secaron y este se atrofió por completo, hasta que Amar ya no pudo sentirlo. Después de casi 50 años, ni siquiera podría bajarlo si lo intentara. Su sacrificio se considera uno de los actos más impresionantes que un ser humano haya llevado a cabo.

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