martes 10 de mayo de 2022
Ocio Recoleta | Cementerio |

La misteriosa "dama de blanco" que pasea por el cementerio de Recoleta

La atrapante leyenda urbana del fantasma más conocido del barrio Recoleta en Buenos Aires. Una historia que atraviesa el tiempo.

En el Cementerio de Recoleta una de las leyendas más famosas es la de "la dama de blanco", pero muy pocos conocen su historia, quién era y por qué es una historia sorprendente.

Si existe un mito en Buenos Aires del cual miles de personas pueden testificar su veracidad, se trata de la misteriosa Dama de Blanco, considerado un verdadero enigma que hace parte de la cultura urbana de la ciudad.

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El cementerio de la Recoleta oculta increíbles mitos, entre ellos el de la misteriosa Dama de Blanco.

El cementerio de la Recoleta oculta increíbles mitos, entre ellos el de la misteriosa Dama de Blanco.

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Quién fue la Dama de Blanco del cementerio de la Recoleta

Luz María, hija del dramaturgo Enrique García Velloso, murió de leucemia en 1925, a los 15 años. Su madre, al filo de la locura, consiguió un permiso especial para pernoctar en un rincón de la cripta. Una noche, un joven de la alta sociedad porteña vio a una chica llorando en la calle trasera del Cementerio de la Recoleta, completamente vestida de blanco, pero cuando se acercó y, deslumbrado por su belleza, la invitó a tomar un café a un cercano y reconocido bar de la zona.

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Los misterios detrás del Cementerio de la Recoleta.

Los misterios detrás del Cementerio de la Recoleta.

Luego del café, se besaron y ella dijo que su nombre era Luz María. De pronto, ella huyó, gritando que ya era tarde, y al levantarse volcó café en el saco que él le había puesto sobre los hombros durante su llanto. Él la siguió, pero su figura se desvaneció en la entrada del cementerio.

Desesperado, empezó a golpear el portón con insistencia hasta que el cuidador lo dejó entrar. Y allí, en la primera calle, en la bóveda que llevaba su nombre, pudo ver lo inimaginable: sobre una figura yacente de mármol, estaba su saco manchado de café. Debajo, en la escultura, reconoció el rostro de la chica que lloraba, la que volcó su café, la que él besó y perdió para siempre.

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