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El poder predictivo de los sueños

No existe lugar a dudas de que los sueños poseen toda la información que nos concierne; el cerebro la analiza como una computadora y puede anticipar hechos.

Creer en el poder predictivo de los sueños es tan viejo como la historia escrita. En muchas culturas antiguas un sueño que advertía acerca de una inundación, pestilencia, terminación de una dinastía o guerra se trataba con solemnidad y respeto. Desafortunadamente, la ciencia racionalista nos ha llenado con un profundo escepticismo, aunque las historias acerca de los sueños predictivos son extremadamente comunes.

A lo largo de la historia existen numerosos hechos bien documentados que demuestran la evidencia de que todos estamos conectados a un nivel de conciencia que desconocemos. Mientras dormimos, somos capaces de abrir puertas que comunican con otros tiempos y universos, y en este camino por sendas desconocidas, podemos adquirir un conocimiento real de algo que está sucediendo o sucederá. Antes de que sucediera el hundimiento del Titanic, muchas personas lo vaticinaron en sueños. Un hombre llamado J. Connon, que iba a viajar en el barco, desistió de la idea después de soñar que la embarcación flotaba en el Atlántico con la quilla al aire, mientras que todos los demás pasajeros morían congelados. Es curiosa la cantidad de personas que soñaron que el Titanic sufriría un accidente, muchos cancelaron sus boletos, otros descendieron en el último momento.

Muchas personas experimentan sueños premonitorios, donde se muestran escenas del futuro, cosas que sería imposible predecir por casualidad y que no vivieron durante el día, por lo cual no compartían ningún vínculo con sus vidas presentes. Esto lo demuestra el caso de un niño llamado Rick McDowell que sufría una enfermedad letal y estaba muy grave, y al despertar de un estado comatoso lo primero que pronunció fue “Kennedy ha muerto”, justo horas antes que el presidente fuera asesinado.

En los estudios paranormales existen los sueños telepáticos, los cuales se producen porque el soñador es capaz de captar impresiones mentales que desprende otra persona.

David Booth, un joven de 23 años que vivió en Cincinnati, tuvo por diez días consecutivos la misma pesadilla: veía un avión de American Airlines que hacia un giro inesperado y terminaba estrellándose e incendiándose. El 22 de mayo de 1979, David informó a las autoridades de aviación acerca de su sueño, pero nadie le creyó. Cuatro días más tarde, el 26 de mayo de 1979, un DC-10 de American Airlines al despegar del aeropuerto Internacional de Chicago, se estrelló, dejando un saldo de 273 muertos en lo que se considera uno de los desastres aéreos más graves en la historia de Estados Unidos. Cuando se profetizan tragedias, el soñante las ve desfiguradas; esto se debe a la esencia brutal y traumática que contienen. Para poder analizarlos se debe hacer un análisis profundo, por lo tanto, es imprescindible que en cuanto la persona despierte escriba todo el sueño y la mayor cantidad de detalles.

No existe una teoría en el método de interpretar los sueños. Por lo que hemos visto se concluye que las visiones oníricas pueden ser expresiones de sentimientos y deseos reprimidos durante la vigilia o proyecciones de los otros cuerpos del individuo (el ser humano es multidimensional, algunos de los cuerpos que no vemos y que están más cerca del cuerpo físico, son el cuerpo etérico, cuerpo emocional, cuerpo mental y cuerpo astral) donde los sueños aparecen como experiencias supernaturales, proféticas y avisos de acontecimientos inminentes que pueden causar dolor o felicidad.

Carl Jung, una de las figuras más influyentes en la siquiatría mundial, era un gran interpretador de sueños. Discípulo de Sigmund Freud, se fue distanciando del maestro al plantear explicaciones a los sueños, neurosis y complejos que, según Freud, estaban más cerca de la brujería y la magia que de las teorías de moda (las represiones sexuales).

A pesar de no rechazar completamente la teoría del modelo freudiano, Jung creía que era simplista e ingenua. Para Jung, los sueños telepáticos de las personas unidas por vínculos estrechos, podían ser desarrollos paralelos de afectividades análogas y las premoniciones, una consecuencia de posibles ansiedades y apremios inconscientes. Jung contó un caso de un cliente que era alpinista y que soñó que estaba escalando una montaña con gran entusiasmo y al llegar a la cima caía al vacío. Jung, creyendo en la función predictiva de los sueños, le advierte que sea cuidadoso en sus próximas expediciones, pero el hombre hizo caso omiso y falleció unos días después al caer al vacío realizando una escalada.

Pero Jung también atravesaba periódicamente por visiones poderosas, incluso en estado de vigilia, algunas de ellas auto provocadas. En su célebre libro autobiográfico “Recuerdos, sueños, pensamientos”, explicó cómo, ente 1913 y 1914, fue asaltado por terribles visiones de mares de sangre que inundaban Europa, por montanas de cadáveres y desolación. Jung pensaba que estaba atravesando un desorden síquico. Poco después, en la primavera y a principios del verano de 1914, tuvo el mismo sueño repetido: en medio del verano, una de ola de frío ártico descendía y la tierra se congelaba por el hielo, veía miles de muertos. El 1 de agosto de 1914 estalló la guerra mundial.

Soñar con muertos es un sueño bien común y no siempre significa lo mismo. Frecuentemente los sueños son el medio por el cual nuestros seres queridos que han muerto se comunican con nosotros. Parece que es más fácil escucharlos a través de nuestro sueño, más por nuestro propio bien que el de ellos. En ocasiones ellos vienen para dejarnos saber que están bien, que no nos preocupemos. Sin embargo, otras veces existe algo que quedó pendiente entre nosotros y la persona fallecida, probablemente algo que no dijimos y que se ha convertido en un obstáculo y con esta visita se limpian estos bloqueos o aclaran dudas. Si quedó algo por perdonar, el espíritu nos puede solicitar el perdón, o quizás seamos nosotros los que tengamos que disculparnos para así terminar con el rencor y eliminar conductas destructivas que limitan nuestro proceso evolutivo. Los difuntos nos pueden advertir sobre algún problema de salud que sea inminente. Al estar libre del cuerpo físico y habitar en este plano astral, nuestros difuntos pueden detectar fácilmente cualquier problema de salud que nos esté afectando. En nuestras mentes siempre llevamos a nuestros seres queridos y ellos de una forma u otra, cuando quieren trasmitirnos un mensaje especial, nos visitarán cuando estemos durmiendo. No hay barrera para el amor, y la muerte es una línea imaginaria entre dos mundos, como las líneas que separan las aguas territoriales de dos países.

Desde tiempos inmemorables se cree que los sueños en los que aparecen las personas desencarnadas son símbolos importantes que no deben ser ignorados. El hecho de que no exista experiencia científica de que los seres fallecidos puedan visitarnos en sueños, no significa que sea imposible. Un científico que dedicóo parte de su vida a investigar el fenómeno fue Sir William Fletcher Barrett, profesor de Física en el Royal College of Science de Inglaterra. En 1926 publicó varios artículos y libros, donde demostraba que no se trataba de un fenómeno aislado y que lo experimentaban personas de diferentes edades y de diversos estatus sociales. Durante mucho tiempo, tanto los científicos como los escépticos han tratado como dementes a todo aquel que ha asegurado haber tenido este tipo de experiencias. Pero en nuestro siglo las cosas han estado cambiando, y ahora un reciente estudio científico ha demostrado que seis de cada diez personas han visto o han oído a sus seres queridos fallecidos, descartando así que se trata de algún tipo de alucinación. En la Universidad de Milan, los investigadores reconocieron que la experiencia es abundante pero que las personas afligidas temen informarlo por miedo a ser considerados enfermos mentales.

El mundo de los sueños es un puente de comunicación entre los vivos y la dimensión espiritual, por el cual es más fácil para los espíritus establecer comunicación con nosotros. La forma de comunicarse de un espíritu varía, en algunos casos puede ser una conversación sentados en nuestra cama o pueden mantenerse de pie delante de nosotros, aunque yo he tenido casos que han soñado que los están llamando por teléfono. Estos sueños son muy vívidos y podemos sentir una sensación de frío.

En todos los libros sagrados y textos que tratan de los sueños hay ejemplos abundantes de sueños proféticos que se cumplieron en la vida real. Al analizar semejantes sueños es evidente que se clasifican en dos diferentes categorías: premoniciones y predicciones. Lo que diferencia la premonición de la predicción es que la primera es una deducción sobre lo que puede suceder tomando en cuenta datos que uno posee, mientras que la segunda es conocer lo que sucederá sin nada que justifique dicho conocimiento.

Edgar Cayce, comúnmente llamado el “profeta durmiente”, considerado el abuelo de la metafísica y de las interpretaciones de los sueños, fue un gran síquico americano. Cuando Cayce era un niño podía dormirse con la cabeza recostada a sus libros escolares y a la siguiente mañana había absorbido toda la información contenida en ellos. Predijo correctamente la crisis bursátil y la Gran depresión del 1929, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y muchos cambios de la tierra en los tiempos modernos. Cayce soñó sobre la Atlántida, describió una tumba llena de archivos, situada en una pequeña pirámide que contenía recuerdos inestimables sobre la Atlántida y Egipto. Afirmó que esta pirámide se halla bajo la arena cerca de una de las patas de la Esfinge y que se descubriría en 1978. (esto evidentemente no se ha cumplido, que sepamos). Cuando murió en 1945 en Virginia Beach, llevaba 43 años haciendo lecturas síquicas e interpretación de sueños. Él, consistentemente, incitaba a sus clientes a resolver sus problemas a través de su propia interpretación de los sueños. Su trabajo hizo un impacto tan grande que hoy por hoy es la base de la metafísica moderna.

No existe lugar a dudas de que el inconsciente posee toda la información que nos concierne (pensamientos, deseos, forma en que reaccionamos a los estímulos externos, etc.). El cerebro la analiza como una computadora y puede anticipar hechos y nuestra conducta más probable. Esto no significa predicción, sino advertencia de algo que puede suceder. Un ejemplo son los sueños que nos previenen de enfermedades que están incubándose o de sueños en que vemos suceder cosas relacionadas con nuestra vida cotidiana.

Muchos sueños precognitivos han predecido eventos de la vida real, por ejemplo, muchas personas reportaron haber soñado con el atentado del 9/11 antes de que ocurriera. Una mujer americana escribió que su esposo, el cual murió en esta tragedia, estuvo prediciendo su fatal destino. Específicamente la noche del 4 de septiembre/2001 soñó con su muerte y le comentó a su esposa que él moriría primero que ella. Después, durante los siguientes días, se despedía diciéndole: “Tú sabes, cuando nos vamos para el trabajo no sabemos si vamos a regresar”. Dos meses más tarde, esa misma mujer recibió la visita en sueños de su esposo y él le dejó saber que estaba bien, que no sufriera.

Mark Twain, el conocido escritor, tuvo un sueño muy vívido donde veía un ataúd sujeto con dos sillas y a su hermano en el interior, vestido de traje y con una flor roja. Toda una tragedia. Solo unas pocas semanas después, la caldera del barco donde ambos trabajaban explotó. Su hermano Henry sufrió quemaduras muy graves; lamentablemente no fueron estas lesiones las que le quitaron la vida sino un error médico al administrarle una dosis muy elevada de morfina.

Desafortunadamente para muchos, los sueños premonitorios son solo anécdotas y no prestan atención a esta capacidad que la mayoría de las personas compartimos. Sin embargo, para otros, los sueños proféticos se han convertido en una herramienta invaluable de su vida. Cuando aprendemos a utilizar este tipo de sueños, los podemos convertir en guía para escoger los mejores caminos, incluso orientarnos en eventos catastróficos. Muchos expertos síquicos aseguran que cuanto más se trabaje con los sueños premonitorios más se confía en uno mismo y más confiamos en nuestra intuición, además de poder convertir el simbolismo de los sueños en auténticas profecías.

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