Muchas veces uno está cansado, pero no tiene una presión. El estrés se relaciona con una presión que puede generar cierta angustia. También cuando el resultado de las cosas es incierto, hay mayor probabilidad de sufrirlo.
Como reconocer el estrés
El estrés sirve como estímulo frente a situaciones importantes para la persona afectada, como puede ser la pérdida de un ser querido, la quiebra económica o frente a una boda. También puede servir como mecanismo de respuesta.
El estrés se manifiesta en una primera fase de activación o preparación de la persona frente a este estímulo; después hay un periodo de mantenimiento del estado de alta actividad y, por último, cuando se ha superado la situación, se pasa a una fase de agotamiento en la que la alta actividad cae bruscamente.
Para adaptarse a las exigencias se activa el proceso del estrés que permite adaptarse y se manifiesta con reacciones como agilizar el pensamiento, emplear una conducta más enérgica o aumentar la eficacia.
Cuáles son los síntomas del estrés
Según la especialista, los síntomas más frecuentes del estrés son dolores de cabeza y musculares, problemas del sueño y desorden en la alimentación.
El estrés puede causar muchos tipos de síntomas físicos y emocionales. Algunas veces posiblemente no se dará cuenta de que estos síntomas son ocasionados por el estrés, algunos pueden ser los siguientes:
- Mala memoria
- Falta de energía o concentración
- Cuello y mandíbula rígidos
- Uso de alcohol o drogas para relajarse
- Pérdida o aumento de peso
- Dolores de cabeza
- Diarrea o estreñimiento
La que recomienda es tratar de dormir las horas suficientes, hacer actividad al aire libre, deporte, tener por lo menos un día de descanso a la semana. Alimentarse sano, incluir otras cosas que no sean solamente el trabajo. Tener actividades extra programáticas.
Mientras que el cansancio surge cuando no se tiene la capacidad suficiente para afrontar el día. Las experiencias y percepciones personales, así como por el contexto social, económico y legislativo, están produciendo una sensación de agotamiento.
Esta sobrecarga de las emociones suele producirse cuando hay cambios vitales importantes, problemas sin resolver o situaciones en las que nos vemos abrumados.
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