“Nano” Leiva, en exclusiva: “Tuvimos errores en la vida pero ya está, ya los pagamos”

El intento de asesinato que sufrió días atrás en la puerta de su casa, la relación de la barra con la dirigencia de Colón, los episodios de violencia en Centenario y el Fonavi fueron algunos de los temas que el caudillo de la popular sabalera habló en exclusivo con Aire Digital.


Por Ignacio Mendoza

Son las 11 de la mañana en barrio Centenario. Es un día nublado de pleno invierno. A pocas cuadras de la cancha de Colón está en su casa Orlando “Nano” Leiva (45), el mayor referente de la agrupación “Los de Siempre”, la actual conducción de la barra brava del club sabalero.

El pasado 18 de mayo, un auto pasó por fuera de esa vivienda y de una ventanilla un hombre sacó un arma y abrió fuego. Dos balas impactaron contra la humanidad de Nano y provocaron que inmediatamente sea trasladado al hospital José María Cullen, lugar en el que estuvo internado por varios días. Nano no sabe porque fue el ataque, pero de igual manera dice que no tiene miedo.

Vestido con campera y gorro de Colón, el caudillo del paravalancha, los bombos y las banderas de la popular del estadio Brigadier López habló por primera vez con un medio santafesino y destacó que lo hizo para “limpiar su imagen y la de su familia”.

“Esto lo hago solamente para que no molesten más a mi familia. Solamente quiero que sepan que acá no todo lo que pasa, sucede por mí”, dijo el mandamás de la barra a Aire Digital en un dialogo exclusivo entre su pasado y su presente, el barrio, el club y las causas penales.

¿Qué es el barrio Centenario para usted?
—Es como mi casa. El lugar donde me críe. Donde tengo toda mi familia, mis amistades, mis vecinos.

—¿Cuándo fue por primera vez a la cancha de Colón?
—Cuando tuve razón de vida. Mi papá me llevó por primera vez a la cancha y se lo agradezco hasta el día de hoy. De chiquito fui viendo cómo eran las cosas. Tema club, tema cancha. Siento el tema de Colón de acá dentro.

—¿En qué momento empezó a ser el referente de la hinchada?
—Referente nunca me sentí, referente me hacen los demás. Yo me siento un hincha más, un socio más. Eso me siento. No me cabe esa de referente, del número uno, el jefe. No me gusta.

—¿No es el jefe de la barra Colón?
—No. No me considero.

Pero hay gente que lo considera…

— Y hay gente que me doy cuenta que sí. Que me tienen así. Me apuntan así

—¿Qué siente cuando se habla de usted en los medios de comunicación?
—Me da como un poco de vergüenza. Un poco de impotencia. Por el tema de mi familia más que nada. Yo estoy haciendo esto -la entrevista- porque siempre estamos expuestos. Que los Leiva, que el Nano, que el Quique, que la madre que el padre que el hijo. Eso es lo que me molesta. Estoy cansado de que hablen de nosotros y no nos conocen.

Nosotros tuvimos errores en la vida pero ya está, ya lo pagamos. Hoy yo soy una persona que vivo con mi familia, vivo con mis hijos, tengo mi mujer, tengo mi casa. Tengo mis cosas que de a poquito la vamos piloteando. La luchamos, como todos. Yo soy una persona que quiere salir para adelante pero cualquier cosita que pasa acá, como por ejempló, un tiroteo allá en el fondo y estamos metidos nosotros. Mataron a uno y estamos metidos nosotros y no es así. Yo tuve problemas, pero ya está.

En su casa, Orlando Leiva, rompió el silencio. Fotos: Maiquel Torcatt/Aire Digital

“Tuve problemas, mis equivocaciones, mis errores, pero ya los cumplí. Ya está. Ya lo pagué. Basta con nosotros”, sostuvo Leiva en clara alusión a la condena que acordó el 2 de octubre del 2015, a dos años y un mes de prisión, por la causa que investigó el homicidio de Fabricio Echagüe ocurrido el 29 de marzo del 2015 en barrio Centenario.

—Hace poco lo detuvieron y luego liberaron. ¿Qué pasó el sábado 29 de junio?
—Estaba en la puerta de mi casa, como todos los días que salgo. Me levanto a la mañana, me tomo unos mates y salgo un rato a la puerta. Así pasa gente que me conoce todo el día. Ese día, pasó un muchacho que se ve que ha tenido algo que no debía tener y cuando me estaba saludando en la puerta de mi casa dobló una de las patrullas, y como él sabía que tenía algo, empezó a correr. Tiró lo que tenía, cayó en la casa de un vecino y vino la policía lo encontró a eso y lo corrieron al muchacho. Da la casualidad que estábamos nosotros ahí. El muchacho este se paró para saludarme, cosas de todos los días.

—¿Y qué pasó cuando lo balearon?
—Estaba parado con mi mujer. Estábamos haciendo los controles de pasajes y micro porque se viajaba a Uruguay (partido contra River de Montevideo por la Copa Sudamericana). Había entrado el auto. Ya estaba por acostarme porque al otro día quería despertarme temprano porque cuando se viaja es todo un quilombo. Que te llaman, que te quiero señar por los colectivos, por las entradas y todas esas cosas. De repente veo que dobla un vehículo y yo pensé <<deben querer reservar un pasaje>> y lo único que ví es que empezaron a tirar desde arriba del auto.

—¿A dónde le tiraron?
—Acá en la panza y en las piernas.

—¿Porqué cree que lo atacaron?
—La verdad que no sé. Y la verdad que no sé por dónde mirarlo. Por el tema de la barra, por temas de querer sacarme del lugar que tengo. De ser uno de los referentes como se dice de la hinchada de Colón.

—En su momento se dijo que era por una interna de la barra. ¿No fue por eso?
—Está demostrado que no. Porque si no ya hubiesen visto una gran pelea en nuestra cancha. Y no existe eso. Acá no tiene nada que ver Colón. Lo meten al club como que tiene la culpa de los demás y problemas hay en todos lados. Yo te puedo asegurar que esto no tiene nada que ver con Colón.

—¿Es quizás una cuestión de vieja data?
—La verdad no sé qué decirte.

—Siempre se dijo que la barra tiene llegada con la dirigencia. ¿Esto es así?
—No. Para nada. A Vignatti yo lo conozco de cuando fue por primera vez presidente y desde ese tiempo hasta las bandera nos prohibía entrar. Osea, dense cuenta cómo es la persona de Vignatti, que no es una persona fácil. La piloteamos como corresponde. No tenemos nada con el tema del club. Por ejemplo, para sacar un cole, nosotros tenemos que alquilar uno y vender nuestro pasaje para pagar ese cole. El club a nosotros no nos da un cole ni entradas. Todo eso es a pulmón.

—¿No les da entradas el club?
—No, nos da nada. Nosotros estamos re mal, en una palabra, con la dirigencia. Yo pongo un pie en Colón y me aparece un patrullero para que nos vayamos, porque lo mandaron desde adentro del club porque no podemos estar ahí. Y yo soy socio encima.

—¿Qué pasó con el tema de las bombas que ingresaron en el partido con Vélez?
—Eso fue una boludez de un boludo. Así te lo digo. Fue un boludo que quiso hacerse ver y ahora le dieron el derecho de admisión a todos por eso. Pero no fue por nada en especial.

 

Un merendero por Jona

En la casa de Nano la palabra Jona no es cualquiera. Diez años atrás su hijo Jonatan fue asesinado con un disparo de arma de fuego en Entre Ríos y Arenales. Hoy su cara es parte de una de las banderas más grandes e imponentes que tiene la barra de Colón. Y no solo ahí, en un modular de la casa de Leiva, una hoja lleva la cara de su hijo dibujada. Es por esa razón, que Nano impulsa desde hace seis años la organización de un merendero ubicado a metros de su casa.

—¿Cómo se inició el merendero?
—Se inició después de la perdida que tuve con mi hijo que fue lo peor que me pasó en la vida. Hace seis años que lo tengo. Como imagen hacia él. El merendero de los niños y la gente. Mínimo saben venir unos 30.

—¿Qué ve esos chicos que llegan?
—Y que necesitan. Como todos. Acá no hay política de por medio. Nosotros mismos, salimos a lo cara dura a manguear a las panaderías, a los almacenes. Por ejemplo, hay un muchacho que nos ayuda con leche, cacao, cereales. Todas cosas así. Después nosotros salimos por acá y mangueamos facturas, roscas, bizcochos. Así le damos una manito a la gente que necesita. Vienen de Chalet, de Varadero.

—¿Cómo quedó la situación judicial por el homicidio de tu hijo “Jona”?
—Nada. No se habló más del tema. Quedó en la nada.

—Pocos conocen lo que le pasó a usted con ese tema…
—No. Igual ya ni me interesa. La gente habla por hablar. La gente de por sí  ni me “juna” a mí. Habla por lo que escucha. Por lo que salió en Facebook, en la prensa y eso es lo que a mí me molesta mucho a mí.

—¿Cuántos hijos tiene?
—Seis. Tengo una hija que juega a la pelota. Anda muy bien. Fue a practicar al seleccionado argentino. Juega en Catamarca Fútbol Club y vive en Caleta Olivia. Ella es como una luz mía. Ella es justamente la hermana de Jona.

—¿Sueña con que alguno de sus hijos juegue en Colón?
—Sería una bendición de Dios.

—¿Cómo es su relación con los jugadores de fútbol?
—Normal. Con respeto. Siempre me manejo con respeto hacia todos.

—Siempre se habla de que la barra presiona a los jugadores…
—No, no. Andá a preguntarle a algún jugador si nosotros lo apretamos o si lo molestamos o como viven ellos acá. Viven como en ningún lado. Acá no existe esa maldad entre nosotros. Al contrario nosotros siempre apoyamos.

—¿Cómo lo ve a Colón en lo futbolístico?
—Mal, “Pa tras”. Pero bueno, estamos igual, no abandonamos. El que abandona no tiene premio. Somos de Colón del alma, no somos de Colón porque vino a jugar fulano, mengano. No somos hincha de los jugadores, somos hincha de Colón.

—¿Pero peor que otros años?
—El tema de la dirigencia se levantó mucho. De los dirigentes no tengo nada que decir porque la verdad a lo que estaba Colón. Pero después, en lo futbolístico, no le metemos un gol ni al arcoíris.

—¿Qué piensa que dirá la gente cuando lea esta entrevista?
—Y le voy a dar de comer a un montón de periodistas con esto. Esto no lo hice ni para hablar mal de nadie ni para quedar bien con nadie. Esto lo hago solamente para defender mi imagen y así dejen de hablar un poco de mí. No todo lo que pasa ocurre por mí. Acá hay millones de problemas antes de que yo los tenga.

El crimen de González Montaner

Durante la entrevista, Nano Leiva aprovechó la oportunidad para remarcar que la condena para su hermano, “Quique”, sentenciado ya en dos instancias penales a 30 años de prisión por el homicidio de Walter González Montaner fue por una cuestión “política”.

“Esa causa está toda mal hecha. Mi hermano es un preso político. Mi hermano está preso porque es el Quique Leiva, el hermano del Nano Leiva. Esa causa es un homicidio en riña de acá a la china por que se pelearon todos contra todos”, aseguró.

—¿Usted no estuvo esa vez en el bar Fiji?
—No. Y fui preso por esa causa. Después se supo que no estuve nunca y salí. Quince días estuve detenido. Ni pisé ese lugar. Aseguraban que era yo. Después que era “Caqui”, después que era el otro muchacho y después de última, vamos a agarrarlo al “Quique”. Le tiraron una banda de años. Lo condenaron por otra causa anterior y eso, yo creo, se tiene que ver. Por eso si existe una ley, que vean la verdad porque mi hermano está preso injustamente. Osea, “lo metemos preso a Quique Leiva” y con eso tapamos todo. Es lo mismo que quieren hacer hoy conmigo.

“Para tapar un poco la bronca que hay en Centenario, en Fonavi, en Chalet, en San Lorenzo, lo metemos preso al Nano y se solucionó todo, corte”, destacó Leiva.

—¿Usted lo siente así?
—Yo lo veo como que buscan siempre eso, porque no molestan más a nadie que a mí.

—¿Y qué sabe usted sobre los episodios de violencia en Centenario?
—Pero no es en Centenario, es en el Fonavi. Centenario es a donde estamos hablando nosotros ahora, los más tranquilo.

—¿Y sabe por qué se dan los hechos de violencia?
—Y hay muchas broncas. Como en todos lados. No sé si es por envidia. Porque este tiene esto y este quiere tener lo de este y así.

—¿Tiene miedo después del ataque?
—No. No tengo miedo a nada. A Dios nomás le tengo miedo, porque lo respeto mucho. No tengo miedo a nada ni a nadie. Tengo miedo nomás de que se metan con mi familia. Después si se meten conmigo, yo soy un hombre. Yo sé cómo son las cosas. Capaz que queda mal la palabra, pero yo me la banco. Yo me banco esas cosas, porque son cosas de hombres.

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