Jorgelina Blondeau fue a jardín, primaria y secundaria del IPEI (escuela del Club Atlético Unión), por lo cual estuvo ligada desde pequeña a la institución. Sus amigos eran sus compañeros del colegio, que eran tatengues también, y es con quienes se cambió a la Dante Alighieri para poder realizar el polimodal.
Comenzó a ir a la cancha con su familia a los 12 años, con su papá y su hermano que son enfermos de Unión como ella lo era.
Los años transcurrían y el sentimiento de Jor hacia el rojo y blanco crecía. Tanto que formó parte de la institución a nivel laboral, trabajando en el Departamento de Prensa en la elaboración de la revista de Unión, junto a Andrés y Pilar, dos de sus mejores amigos, con quienes compartía su fanatismo por Unión y la profesión como comunicadores sociales.
Formó parte de la peña “La Vida Que Amo”, donde compartió momentos inolvidables con amigos y la parte alegre del club: la gente tatengue.
Una anécdota
Su hermano, “Pato” Blondeau, recuerda cuando fueron juntos en colectivo al clásico del año 2011, cuando Unión le gana a Colón de visitante 2 a 0 en su vuelta a primera. “Cuando Rosales hace el primer gol, se generó toda una avalancha en la cual la perdí, y la busque durante todo el partido pero no la encontré. Recién la volví a ver en la rotonda del club en los festejos de la victoria. Me acuerdo mucho como disfrutamos ese día.”
De visitante con “Pato”
Jorgelina viajó a muchos partidos de visitante junto a su hermano. En un viaje al Estadio Único de la Plata, el colectivo estaba a punto de emprender viaje, y solo faltaba llegar Jor. Apareció justo a tiempo toda empapada, ya que diluviaba.
En otra ocasión, viajaron a Mendoza con 40 grados en un colectivo sin aire acondicionado. El viaje fue eterno por el calor y porque Unión perdió al último minuto.
Jor recorrió muchas canchas: fue a la de Boca, San Lorenzo, a La Plata, a Mendoza y a Rosario. Compartió partidos inolvidables con su hermano, quien los recuerda con mucho cariño y emoción.




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