Hugo Pedriel es ingeniero industrial, pero su verdadera maestría la hizo en la calle y en la toma de decisiones. En una charla para el segmento “Pensar en grande” de Milla Extra, el programa de negocios de AIRE, el hombre detrás de las franquicias de McDonald’s y RE/MAX en la región revela por qué la libertad es, en realidad, una gran responsabilidad, y cómo la intuición le ganó a la lógica para construir un imperio basado en el liderazgo.
Su historia no es la de un golpe de suerte, ya que comenzó a trabajar desde los 14 años. Aprendió a escuchar sus pálpitos, a valorar los procesos y a entender que el éxito no es un cohete, sino una escalera que se sube paso a paso. Una charla imperdible para los que temen emprender y necesitan el empujón final.
—Escuché por ahí que sos el hombre de las franquicias.
—Me dicen… o me digo “Mister Franquicia”. En realidad, cuando explico lo que hago, termino diciendo eso: McDonald’s, RE/MAX, dos empresas franquiciadas importantes y que me definen.
Embed - Pensar en grande: entrevista a Hugo Pedriel, franquiciado de McDonald’s y Broker Regional de RE/MAX
—¿Por qué te define eso?
—Porque siempre me gustaron los procesos. Soy ingeniero industrial, me gusta la organización, los métodos. Y Tal vez las franquicias te dan eso: la posibilidad de vincularte con un negocio, pero en forma, con un proceso y con una organización más definida.
—Cuando hablas de franquicias –obviamente vos estas asociado a dos marcas tan grandes como McDonald’s como RE/MAX–, el que no sabe puede decir “bueno, es fácil, porque ya te viene todo servido o está todo organizado”. No sé si la gente sabe que hay que recorrer un camino bastante complicado…
—Para llegar a una marca grande tenés que tener un poco de suerte. Creo que yo estaba buscando, siempre busqué. Fui empleado hasta los 31 o 32 años, pero siempre estaba buscando cómo crecer. Y eso creo que es lo primero que tenés que tener: las ganas de crecer, de decir “¿para dónde voy?”. Y en esa búsqueda, creo que como ingeniero no me animaba a desarrollar algo propio. No sé si soy de ese perfil tan creativo. Soy más de un perfil moderado. Tengo mi lado creativo, pero soy más bien moderado y busco una seguridad. Y creo que las marcas te lo dan: procesos y la posibilidad de asociarte creo que suman muchísimo.
—El sueño de todo empleado es decir “no quiero tener jefes”. Pensar desde otro lugar, ¿no?
—Lo primero que uno busca es eso. Y no es tan fácil. Yo después de muchos años me di cuenta que lo que buscaba era libertad. Pero la libertad viene con mucha responsabilidad. Y cuando sos tu propio jefe, o más que todo, sos responsable de un proceso y de mucha gente. Vas a ayudar a mucha gente y terminás siendo responsable por el crecimiento de esas personas. Y eso implica resignar mucha libertad. Con lo cual, te diría, tal vez trabajo más ahora que lo que trabajaba antes, cuando pensaba que iba a tener toda la libertad teniendo mis propias empresas. Que te las da de alguna manera, porque tomas decisiones de si puedo viajar, puedo hacer esto. Pero el compromiso es total, es full life.
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El ingeniero Hugo Pedriel construyó un imperio uniendo procesos y pálpitos.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
—¿Cómo llegaste al mundo de las franquicias?
—No buscándolo. Yo trabajo desde los 14 años, pasé desde cadete de limpieza de un boliche de ropa, trabajé en seguros, en un montón de lugares. Hice un camino duro, te diría, porque desde chiquito tuve que trabajar (familia numerosa, número cuatro, no me daba, no me llegaba nada, de lo poco que había para repartir no llegaba).
En un momento me iba a ir a vivir a Estados Unidos, ese era tal vez mi sueño. Iba a hacer un máster, venía trabajando bien en una empresa, iba a renunciar y en el momento que estaba en ese proceso, ya entrevistándome con universidades, hecho los exámenes, aunque ni siquiera había pensado cómo lo iba a pagar, (ese momento era como 20 o 40 mil dólares por año, era mucha plata, año 1997). Yo trabajaba en marketing, viajaba a Santa Fe-Paraná, para ver todo el tema de las góndolas, el supermercado, los distribuidores, a la otra semana me toca hacer el mismo viaje, pero de Corrientes a Resistencia. Y cuando vuelvo en el avión … (¿te acordás que había revistas en el avión?) en la revista decía “trabajaste bien para otros, trabajaba bien para vos, sé franquiciado en McDonald’s. Y me partió el corazón. “Seguí”, dije, “esta es la mía”.
—Es como en las películas, cuando te llega el mensaje del destino.
—Me llegó, me llegó. Y te juro que llegué a casa y le digo a mi mujer “voy a comprar McDonald’s”. Y ella me responde “¿con qué plata vas a comprar?”. Era una fortuna de plata y no lo pensaba. Pero es como que me hizo un clic, dije “mirá, puedo vivir en el interior”, porque viví y después me tuve que ir a Buenos Aires por el laburo de mi viejo, que era ingeniero. Y nunca me gustó Buenos Aires. O sea, tengo mis amigos, mi familia, me encanta ir, pero siempre me gustó el interior, la tranquilidad, poder hacer deportes, la vida más natural. No el quilombo del tránsito, esas cosas no. Pero vos viviendo en Buenos Aires, irte al interior es muy difícil, es mucho más fácil del interior ir a Buenos Aires que de Buenos Aires ir al interior. En general no tenés el nivel de empresas, desarrollos y proyectos económicos que tenés en Buenos Aires. Y por ahí como ingeniero no era fácil irme hasta allá.
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El ingeniero Hugo Pedriel construyó un imperio uniendo procesos y pálpitos.
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—O sea que con treinta y pico de años empezaste a pensar en grande, muy grande, cuando dijiste voy a comprar McDonald’s.
—Se dio así. Si me ofrecían otra franquicia, tal vez te decía “no, ni loco”. Pero esto era una franquicia profesional, buen volumen de negocio, posibilidades de crecimiento y de yapa, vivir en el interior. Por eso me la jugué, aunque no hubiese tenido la plata, dije no, es esto, es esto.
—¿Y sabías qué camino recorrer para llegar a McDonald’s?
—Por eso te digo, en realidad el camino tiene que ser buscando. Yo no busqué McDonald’s. O sea, McDonald’s me encontró y nos encontramos en el camino. Así fue. Y después creo que en las charlas, fueron seis, siete meses de entrevistas...
—Claro, porque hasta ese momento sabías solo cómo comer hamburguesas de McDonald’s.
—¡Me encantaban!, como a todos. Y cuando he viajado, en Europa, en otros lados, era ir a McDonald’s, porque aparte cuando vas viajar y no tenés un peso decís “bueno, voy ahí”. Había un afecto, pero nada más, no era ni fanático de la marca. Creo que se encontró en el camino y terminó de cerrar el concepto de asociarme con una buena marca que tenga los procesos que a mí me gustan y que me hagan pensar en grande. Yo creo que Napoleón Hill escribió un libro que se llama “Piense y Hágase Rico”. Es un libro de 1930 y es uno de los primeros pensadores o escritores de la autoayuda, de la autosuperación. Es un libro bastante viejo. Coincidente con Dale Carnegie con “Como ganar amigos e influir sobre las personas”, no sé si lo leíste alguna vez, un librazo, son también de esa época, libros de casi un siglo. Y en ese libro dice, vos para crecer, necesitas aliados. Entonces, cuando sale lo de McDonald’s, incluso lo de RE/MAX, para mí el tema de tener aliados y tener una marca es un gran aliado. Es lo que te va ayudar de a poquito a subir. Porque no es que te ponen en un cohete y subís. No existe el crecimiento empresarial de que te ponen un cohete y subís. Vos vas dando pasos, pasos y pasos. Y cuando los otros dicen “mirá todo lo que hizo”, sí, pero preguntale hace cuánto viene escalando.
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El ingeniero Hugo Pedriel construyó un imperio uniendo procesos y pálpitos.
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—Vos para acceder a McDonald’s, tuviste que capacitarte, aprender…
—Sí, un año. Un año de entrenamiento donde te mandan a la cocina, te mandan a limpiar pisos, baños. Tenés que aprender todo. Ellos tienen una buena filosofía, un poco japonesa. Tenés que hacerte de abajo. Y si vas a liderar un local o varios locales, tenés que saber qué es lo que va a hacer cada uno de tus empleados y tenés que pasar por todas las áreas donde todos tus empleados van a trabajar. Entonces, a partir de ahí, a pesar de que seas ingeniero, no importa, vos tenés que conocer todo eso. Y eso te da, si querés, un poco la mirada, la perspectiva para ayudarlos, porque, en definitiva, cuando ellos tengan problemas, vos estás cerca y vas a poder tomar decisiones, buenas decisiones, para que ellos logren desarrollarse y sean autónomos, puedan liderarse, puedan liderar a otras personas también. En eso estoy muy contento con McDonald’s, que es una de las compañías.
—Y después RE/MAX también. Y dos rubros totalmente distintos.
—Sí, una locura. ¿Y sabes por qué puse RE/MAX? Porque yo cuando llegué acá a Santa Fe, a los dos años, ya quería comprar y me estaba yendo bien. Y la verdad que yo la experiencia que tuve en el rubro no fue muy buena. ¿Viste cuando vos decís “bueno, quiero una casa así”? Ibas y abrías la puerta, y entrabas por la cocina en vez de entrar al living. O te decían “esta casa ya está para terminar” y le faltaba la mitad. No era muy profesional el servicio.
—¿Y qué dijiste? ¿Voy a buscar una marca?
—No, no, también me encontró. Yo creo que las cosas están dentro de uno, ¿no? Cuando te van a ocurrir. Y lo que pasó fue… ¡otra revista! Estaba leyendo.
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El ingeniero Hugo Pedriel construyó un imperio uniendo procesos y pálpitos.
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—La gente a partir de ahora empieza a leer todas las revistas que lleguen a sus manos con más atención.
—Había leído un libro, el de Kiyosaki: “Padre rico padre pobre", y él había hecho algunos negocios inmobiliarios. Te hace pensar un poquito en tu relación con el dinero. Yo no entendía nada del rubro inmobiliario y justo terminé el libro, aparece un aviso: un globo, año 2007, ya pasaron casi 19 años de eso, y decía “la evolución del concepto inmobiliario”. Y dije ¿qué es esto? Bueno, voy a ver. Yo tenía tiempo en ese momento, la verdad que tenía tres locales, los manejaba bien, me sobró el tiempo.
—Pero no te quedaste con esos tres locales y con esa tranquilidad que ya te daba McDonald’s.
—Bueno, yo creo que por ahí el perfil que tiene una persona que emprende es inquieta. En general, le gustan los desafíos, le gusta resolver incógnitas. Y mi incógnita en ese momento era: ¿Esta empresa podrá resolver esto del servicio y mejorarlo? El propósito mío para comprar RE/MAX fue “vamos a cambiar el mercado inmobiliario” y creo que lo estamos haciendo.
Además, pensé en mi mujer, ella es bioquímica y estaba con que no le gustaba, no avanzaba. En cambio, cualquier congreso, evento, cualquier tema social, le fascinaba. Y yo dije esto le va a gustar. Estuvo seis meses dudando y a los seis meses, ahora está fanatizada.
Pero hay algo ahí. Porque es una marca que en Estados Unidos es fuerte y tiene procesos. Nunca hubiese comprado jamás, ni hubiese invertido en el inmobiliario, no lo hubiese hecho jamás. Tampoco lo hubiese hecho con un restaurante, jamás. Porque detrás de estas dos compañías, mi valor más importante para darle a esas marcas, es mi liderazgo. Ese es mi valor. Mi criterio en las decisiones, mi forma crítica de pensar como ingeniero. Yo creo que ahí le agrego valor y creo que de esa manera logré que esas empresas crezcan. Hoy tenemos 12 oficinas en la región de Santa Fe, con casi 450 personas trabajando, cuatro locales de McDonald’s, cerca de 300 personas trabajando. Entonces mi rol y el valor que agrego es ayudar a la gente a tomar decisiones.
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El ingeniero Hugo Pedriel construyó un imperio uniendo procesos y pálpitos.
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—¿Ese es el gran desafío hoy dentro del mundo económico, empresarial, el de tomar decisiones?
—Sí, sí. Yo creo que en un momento vos lo aprendés, la técnica la aprendés, la terminás aprendiendo. ¿Qué es lo que hay que hacer? Ahora: ¿cómo hay que hacerlo?, ¿de qué manera?, que es el liderazgo, el propósito, los valores y la toma de decisiones que viene filtrada por el propósito y los valores, eso no es tan fácil de aprender. Y creo que ahí tenemos algo para aportar todos aquellos que lideramos empresas.
—Y para los que están dudando, que están mirando, buscando inspiración en esto que es tu historia de vida, de un Hugo Pedriel que desde chico se animó a pensar en grande, ¿qué les dirías?
—Que no piensen mucho. Hay que pensar en grande, pero no pensar a la hora de tomar la decisión. Porque si vos te ponés a pensar en todos los problemas que tenés cuando emprendés, que son muchos, no lo vas a hacer. Tirate a la pileta. Tirate, chau. No lo pienses dos veces. Es como ir al gimnasio. ¿Viste que llegás a tu casa? ¿A la tarde? Y después del trabajo, agarrás un mate y agarrás una facturita o lo que quieras comer. Entonces la mejor decisión que yo tomo es no pensar tanto, es lo que me dice el cuerpo, si el cuerpo me dice dale.
—O sea, creer en los pálpitos, la cuestión intuitiva.
—Y las revistas, por supuesto: leé. Lo de las revistas, yo creo que lo que tiene que ver es estar atento a las oportunidades. Si vos sos una persona que tu energía está buscando atraer del universo, el universo te va a devolver, te devuelve. Yo creo que las dos compañías vinieron porque yo estaba en un momento con mi energía para que esas cosas aparezcan. Entonces yo le diría a una persona que, si le vino algo, por algo le vino, no lo piense demasiado. Que vaya. Pensar en grande implica que eso lo puede hacer crecer. Eso sí es una decisión importantísima. O sea, no tomes una decisión de un negocio o de algo que no tenga proyección. Pensá en grande. Porque ahí, por más que cueste, es donde vas a hacer la diferencia. Si pensás chiquitito, te vas a quedar ahí, te vas a arrepentir, mejor delirá un poquito y animate.
En el medio vas a aprender un montón, por más que no sepas lo que estás haciendo todavía, porque nunca tenés el 100 % del conocimiento. Ni ahora lo tengo. Siempre aprendo algo nuevo y digo, “esto lo podríamos haber hecho distinto”. O sea, hay mucha cosa para aprender. Si yo te digo lo que yo he aprendido, no como ingeniero, como empresario, desde que tomé la decisión de “estaría bueno vamos a poner McDonald’s a lo que soy hoy… aprendí un montón de cosas que ni sabía. Estaba la idea.
Y en el medio, hay que aprender esto: manejar gente, relacionarte, desarrollar personas, aprender a manejar la plata, que es fundamental, generar más oportunidades, despedir a una persona, contratar a una persona, que son temas duros, difíciles, que no te los enseña nadie. Hasta que no te pusiste enfrente de una persona y decís “mirá, la verdad que nuestros caminos no siguen juntos”, que es lo que normalmente pasa porque no estamos alineados. Son cosas que te las da el rodaje.
Yo me imagino a vos también el día que tuviste que salir a la cancha. Y no tenés que pensar mucho, tenés que salir y hacerlo. Ahora, estabas pensando un poquito más allá. Es como que son dos perspectivas, ¿no? Esta la tenés que tener siempre. Como cuando te dicen “bueno, ahora, dale”. No te quedes atrás en el banco cuando te dicen “bueno ahora hay que salir a jugar el partido”. No, no: salí. Y no importa que pases mal la pelota. Lo importante es estar jugando. Cuando jugás, aprendés.