miércoles 11 de mayo de 2022
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Moda rápida y contaminación: como la producción impacta en el ambiente

La conciencia sobre el consumo ha llegado a diversos niveles de la vida cotidiana de las personas pero uno de los sectores que aún cuesta poner en foco es en el mundo de la moda y como lo que usamos todos los días puede influir sobre el ambiente.

Al hablar de ambiente y contaminación puede referirse a diferentes factores del proceso productivo de varias industrias como la energética, el transporte, petrolero y hasta alimenticio, aunque generalmente se deja de lado el impacto que este sector tiene en el ambiente. La realidad es que, de acuerdo con la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo. En las últimas décadas ha multiplicado su producción, y ha pasado de lanzar dos temporadas por año a seis, para ofrecer cada dos meses nuevas piezas y tendencias a un consumidor que tira la ropa en la mitad del tiempo que hace quince años.

Para explicar la producción del mundo de la moda en términos de impacto ambiental, AIRE se comunicó con Lucia Levy, periodista especializada en moda con perspectiva de género y creadora del medio independiente La Curva de la Moda (@lacurvadelamoda).

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Según datos de la UNCTAD indican que el rubro del vestido utiliza cada año 93.000 millones de metros cúbicos de agua, un volumen suficiente para satisfacer las necesidades de cinco millones de personas, y que también cada año se tiran al mar medio millón de toneladas de microfibra, lo que equivale a tres millones de barriles de petróleo.

"Hay algún periodista que ponen en jaque este dato porque no hay data suficiente para afirmar esto pero sí, sabemos que la moda y las cadenas de moda rápida como H&M, Zara, fomentan esta necesidad ficticia de consumir todo el tiempo", explicó Levy y agregó: "Lanzan prendas nuevas, cada semana, cada 15 días. Esta ropa que es fabricada por esta casa de moda rápida debe ser trabajada en países subdesarrollados como Bangladesh, Vietnam, entre otros". Apoyándose en la publicidad y en las redes sociales, estas marcas fomentan un círculo “del demonio” que construye la idea socialmente aceptada de que para valer, para "ser alguien", hay que llevar puesta la última tendencia, lo que acelera exponencialmente el impulso de consumo.

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Fast fashion: grandes volúmenes de ropa producidos por la industria de la moda, en función de las tendencias y una necesidad inventada de innovación, lo que contribuye a poner en el mercado millones de prendas y fomentar en los consumidores una sustitución acelerada de su inventario personal.

Fast fashion: grandes volúmenes de ropa producidos por la industria de la moda, en función de las tendencias y una necesidad inventada de innovación, lo que contribuye a poner en el mercado millones de prendas y fomentar en los consumidores una sustitución acelerada de su inventario personal.

Según un informe de la Unctad, un consumidor compra por término medio un 60% más de ropa que hace una década, y una pieza se utiliza solo diez veces antes de ser tirada.

"Este proceso de producción y consumo es muy contaminante: para hacer una remera de algodón se utilizan casi 3.000 litros de agua y para hacer un jean 10 mil litros de agua. Esa es agua contaminada que vuelven a los ríos" argumenta Levy.

Por todos estos motivos, hay sectores que consideran que esta tendencia es responsable de una amplia gama de efectos negativos en el ámbito social, económico y ambiental, y subrayan la importancia de garantizar que la ropa se fabrique de la manera más sostenible y ética posible.

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Datos sobre el uso de agua para la producción de prendas

Datos sobre el uso de agua para la producción de prendas

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Cambiar la perspectiva

Tras conocer estos datos sobre como la industria de la moda influye sobre el ambiente, la pregunta que surge es: ¿Qué se puede hacer para disminuir o evitar ese impacto? A partir de la nueva ola ambientalista, el modelo productivo ha sufrido varios cambios en los últimos 4 años.

Una forma de hacer este "click" sobre como es el consumo; es hacer el ejercicio de pensar de dónde viene, cómo se hizo, bajo qué procesos o material fue realizado. Es una manera de repensar no solo la ropa sino elementos que son utilizados diariamente y hacer un cambio en los hábitos.

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"Las opciones para no formar parte de este circuito de consumir tanta ropa, ahora se observa con mayor frecuencia la tendencia del vintage, que se trata de comprar ropa en buen estado que ha sido usada por otras personas", explica Levy.

Esto tiene varias ventajas. Entre ellas, poder aprovechar las telas que se fabricaban en décadas anteriores, que eran de mejor calidad ya que no existía el concepto de moda rápida, por lo que las prendas estaban confeccionadas para durar mucho más tiempo.

Otra solución para no fomentar el consumo desmedido de la moda rápida, es armarse un buen fondo de placard con prendas básicas. Pensar en un presupuesto con prendas que se sabe de antemano que van a durar mucho más tiempo y que, al no pasar de moda rápidamente, evitan estar comprando ítems de tendencia con frecuencia.

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La responsabilidad de la industria no solo pasa por reducir el impacto de crear y producir la ropa, sino también por ofrecer la posibilidad de reutilizar materiales o de favorecer una segunda vida. Este nuevo escenario de sostenibilidad es para muchas marcas una oportunidad para cambiar decisiones y estrategias productivas.

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