CARACAS.- “Acá nos pueden estar invadiendo pero seguimos bailando rumba”, asegura Raquel Stefano, una maestra del centro histórico de Caracas. La frase de esta mujer, que celebra su ironía con una sonrisa cómplice en medio de una mañana calurosa, sirve como disparador para analizar a las grandes ligas de la política venezolana, donde los discursos tanto del oficialismo como de la oposición siempre son ruidosos y están cargados de exageración y chicanas.
El presidente de Venezuela Nicolás Maduro anunció, a través del ministro de Información, Jorge Rodríguez, que el próximo sábado el gobierno chavista llevará alimentos y médicos a la frontera con Colombia “para atender a las personas más desfavorecidas de Cúcuta”.
Se entregarán un total de 20 mil cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) de alimentos subsidiados a la población vulnerable residente en la ciudad de Cúcuta, señala el comunicado oficial del gobierno.
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Con esa chicana, Maduro intenta restarle dramatismo al 23F, que es el próximo sábado, fecha que estableció el presidente paralelo Juan Guaidó como límite para que el gobierno de Venezuela permita que ingrese desde Colombia la “ayuda humanitaria” que enviaron varios países, entre ellos Estados Unidos, que el sábado pasado mandó tres aviones C7 con suplementos alimenticios.
Pero no fue la única mojada de oreja que hizo el chavismo a la oposición y al gobierno estadounidense que tiene en Cúcuta a uno de los ideólogos de la estrategia venezolana, como es el senador republicano Marco Rubio. El gobierno anunció además que está organizando un concierto del lado venezolano que será realizará en paralelo al que tiene previsto montar el empresario británico Richard Branson, con la presencia de artistas como Luis Fonsi, Juanes, Ricardo Montaner, Juan Luis Guerra, Fonseca y Alejandro Sanz, entre otros. Este concierto respalda al líder opositor y presidente encargado Juan Guaidó.
El chavismo quiere tener su propio concierto y medir cuál va a ser el más multitudinario. El gobierno aseguró que los próximos 22 y 23 de febrero se celebrará un “gran concierto” bajo el lema “Manos fuera de Venezuela” en la frontera con Colombia.
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“Hemos acogido una propuesta de una gran cantidad de artistas venezolanos que solicitaron hacer un encuentro cultural, un gran concierto por la paz, por la vida”, afirmó Rodríguez, pero no detalló qué artistas venezolanos y extranjeros participarán del recital organizado por el chavismo.
Lo que empezó a trascender estas últimas horas es que algunos artistas se negaron a participar del show de Maduro. En su cuenta oficial de Twitter, la estrella de la salsa puertorriqueña Willie González dijo que rechazó un contrato que le ofreció el gobierno venezolano. “Acabo de rechazar contrato para tocarle a el gobierno de Maduro a la actividad en paralelo del gobierno de Juan Guaidó”, publicó González en la red social. “Muchos no entienden que para mí, gracias a Dios, el dinero no es importante si no la dignidad”, apuntó.
Guaidó no se mueve un milímetro de su estrategia de que la atención internacional y dentro de Venezuela esté puesta en la frontera con el ingreso de la ayuda humanitaria. En las últimas horas confirmó que el 23 de febrero la ayuda humanitaria “entra sí o sí en Venezuela, y en todos los rincones del país nos vamos a movilizar. Las brigadas irán en caravana mientras habrá protestas”, señaló.
El líder de la oposición respondió a las chicanas de Maduro. “Hay que estar muy desdoblado de la realidad y ser muy cínico para burlarse del pueblo de Venezuela, y responder a la ayuda humanitaria diciendo que van a a llevar comida a Cúcuta”, afirmó.
Mientras las chicanas vuelan de un lado a otro y el puente internacional Tienditas, en la frontera entre Colombia y Venezuela atrae todas las miradas, los venezolanos enfrentan situaciones complejas para poder ir a sus trabajos ante la falta de transporte público y de vivir en un país en el que el dinero no existe. Por eso, muchos sectores de Caracas le dan la espalda a los dilemas de la dirigencia política, hartos de que las soluciones no lleguen nunca y que la oposición haga puestas en escena sin profundidad, como ya sucedió en 2014 y 2017.


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