viernes 7 de agosto de 2020
La bitácora |

Los chinos no toman caña con ruda

Mientras debatimos sobre los contagios del Covid 19 en Santa Fe y en el mundo, leemos medios nacionales e internacionales que hablan sobre los avances de la vacuna contra esta enfermedad convertida en pandemia y escuchamos espantados las estadísticas, medio país ya está hablando de la tradición guaraní que otra vez repetiremos el 1 de agosto o todo el mes (así de amplio somos) de tomar la Caña con Ruda.

Al tacho años de investigaciones científicas, barbijo y desinfectante. Acá lo que vale son los tres sorbos de ese brebaje ancestral que espanta los males del invierno, depura el cuerpo, garantiza la salud del bebedor y honra también a la Pachamama.

Los nativos, para combatir los males, recurrían a sus chamanes que elaboraron un remedio consistente en mezclar hierbas con licores, del cual debía beberse un trago al comenzar la estación de las lluvias chaqueñas. Originalmente se utilizaban licores fabricados con chañar, patay, tunas o algarroba, a los que se les agregaba la contrayerba o hierbas medicinales. Después con los españoles vino la caña y aquí terminamos.

Y así como pasó con el alcohol en gel, la lavandina y los barbijos, ahora vamos en busca de la espirituosa bebida que nos garantice salud por 365 días, porque “no hace mal y todo ayuda para fortalecer” (más que nada el ánimo) en esta pandemia.

Pero como todo en este mundo se divide -así lo decía Alejandro Dolina en sus “Crónicas del Angel Gris”- entre los Hombres sensibles y los refutadores de leyendas, los faltos de fe no tardaron en tirar abajo nuestras creencias místicas y alcohólicas.

“- ¡Si todo se tratara de tomar caña con ruda olvidemos entonces la ciencia, las vacunas y los barbijos! Tomemos caña con ruda y listo, que venga el coronavirus que seguro nos inmunizamos por tomar licor con yuyo”.

Extremistas y antipáticos, así son estas personas que ven el mundo de manera lineal y aburrida. A ellos les explicamos que “no, que hay que cuidarse, usar barbijo, lavarse las manos, mantener distancia y también, tomar caña con ruda”.

Pero, así como los refutadores de todo son hombres muy duros en sus apreciaciones y razonamientos, los hombres sensibles podemos (sí, podemos, lo que claramente denota de qué lado estoy) ser aguerridos defensores de las teorías más locas. “Mal no nos va a hacer”, aunque tomamos el año pasado y acá tenemos el bicho con forma de corona haciendo desastres por el país. Genera dudas, pero seguimos. Y como no nos andamos con chiquitas acotamos “los chinos no toman caña con ruda y cada dos por tres aparecen enfermedades de películas. ¿Nosotros exportamos alguna pandemia mundial acaso? No. Claro, porque tomamos caña con ruda y los chinos no. Si los chinos hubieran tomado caña con ruda quizá esto no llegaba a mayores".

Un poco mucho, pero un buen amante de las cosas increíbles defiende sus ideas a capa y espada.

Y acá estamos, con barbijo, alcohol en gel, lavandina, a dos metros de distancia, mejor en casa y con la botella de cañita con ruda que esta vez no vamos a compartir de pico, por si falla la preparación o resulta no ser tan infalible. Ya veo que terminamos no tan sanitos como creían nuestros ancestros guaraníes y nosotros hoy, en pleno siglo XXI, seguimos creyendo. Encima, no vamos a poder culpar a los chinos de nada, pobrecitos ellos, que no conocieron esta bebida tan noble ofrecida a la Pachamama.

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