sábado 7 de mayo de 2022
La bitácora | Humor |

Chimuelo descansa en paz

¿Alguna vez les dejaron una mascota ajena bajo su cuidado? Suele ser un acto común. La familia dueña se va y siempre hay un alma caritativa dispuesta a brindar cobijo al pobre bicho. El problema es cuando las cosas, no salen del todo bien, y la estadía no es lo que uno esperaba. 

Cuando sos chiquito, la muerte de una mascota se convierte en una de tus primeras pérdidas, un momento difícil que recordarás siempre. Y más, si la creatura no es tuya. Renato Barrera Peri, es un niño chileno, que vivió la muerte de su lorito Chimuelo, y decidió rendirle homenaje con un video dónde él mismo lo enterraba, mientras recitaba una sentida canción religiosa, cavando un agujero en el suelo con una pala, para luego ver la profanación de toda la ceremonia, cuando su pajarito es comido en pleno acto mortuorio por un perro irrespetuoso del dolor final por el alado.

ADIOS CHIMUELO (VIDEO ORIGINAL)

Las imágenes obviamente se viralizaron y tuvieron millones de reproducciones, de personas que se conmovieron por lo visto, mezcla de tierno con tragicómico, tras la aparición del can que de un bocado se mete el pajarito en la boca, para “devolverlo” minutos después masticado y lleno de baba tras los esfuerzos del desesperado niño.

Así como picada previa a una comida, fue que conocí a Chimuelo, a Renato, al perro de Renato y la triste canción del adiós a la mascota, para luego pasar a sentirme en la dimensión desconocida, viviendo mi propia experiencia doméstica con la pérdida de un pajarito. Propia como testigo, porque el clavo lo vivió en realidad mi amiga, que tenía a su cargo el cuidado del ave, más argenta ésta, pero con igual suerte. ¡Ah! Y para los que no saben el lorito se llamaba así por el personaje principal de la película “Cómo entrenar a tu Dragón”, que tampoco podía volar por un problema en una de sus alitas. Ya venía cruzado su destino por la desgracia.

Hay que reconocer que cuando lo vi ese fatídico día, ya me llamó la atención: primero su presencia en la casa de mi amiga y segundo, que estaba un poco quieto dentro de su casa-jaula. Mucho no se de loros, pero me dio para desconfiar que nadie de los presentes supiéramos nada de aves, excepto sobre el pollo en recetas al horno y a la parrilla.

Como toda persona de bien que no sabe algo, inmediatamente lo googleamos. “Cómo saber cuándo un loro está muerto”

Efectivamente, Chimuelo no estaba bien, y si bien sobraban voluntades, nada se pudo hacer para salvar la vida del pajarito. Masajes en el pecho, agüita, ventilador, nada sirvió para mantenerlo con vida. Y finalmente, partió al cielo de los pájaros.

¿Pero había muerto el alado efectivamente? ¿Y si había algún signo vital que habíamos ignorado o pasado por alto? Y como toda persona de bien que no sabe algo, inmediatamente lo googleamos. “Cómo saber cuándo un loro está muerto”. Lo interesante ahí fue ver a medida que íbamos escribiendo en el celular cada una de las letras, lo que nos aparecía en el buscador más poderoso de internet: “cómo saber si estoy embarazada” , ” cómo saber mi cuil”, ”cómo saber si estoy en el veraz”, “cómo saber mi ascendente”, “cómo saber si tengo COVID”, “como saber si un huevo está podrido”, hasta llegar a la palabra correspondiente al ave, pasamos por el “enfermo, feliz, triste, con fiebre hasta llegar al definitivo “cómo saber si un loro está muerto”.

Encima la página más didáctica que encontramos tenía una foto de un loro azul de peluche patas para arriba, y la afirmación funesta de “generalmente los loros mueren porque los recibe gente que no sabe nada de ellos”, así dura, directa al corazón. Ahí leímos sobre los infartos como causa común de agapornis, ninfas y periquitos, e incluso cómo hacerle RCP al bicho. Todo en vano. Las nenas que nos miraban como si fuéramos los médicos de esas series famosas yanquis que no pudieron salvar al protagonista, mientras ya querían armar un video de despedida en Tik Tok a modo de “In memoriam”. Un montón para mi día de descanso. Sin contar también, lo que fue comunicar la noticia a sus dueños, de a poquito y en dosis seguras, que hicieron inevitable el final.

Datos inchequeables hablan que Argentina es uno de los países con más mascotas en el mundo: según diferentes estudios, ocho de cada diez habitantes tienen un animal doméstico, en su mayoría perros y gatos. Pero otros quieren salir del promedio y adoptaron en sus casas como un integrante más a peces, loros, papagayos, pájaros, tortugas, víboras, hámster, hormigas, iguanas, camaleones, carpinchos, etc.

Los amamos todo el año, pero cuando nos vamos de vacaciones empiezan los problemas, para el que se va, y para el que le empernamos el bicho. Con la mejor sonrisa le decimos “vos dale de comer, fijate que siempre tenga agua y va a estar bárbaro”, sin considerar el síndrome de abandono que sufre la mascota y los imponderables que pueden surgir –como la propia muerte- jodiéndole la vida a todos en ese tiempo.

Por eso, a lo largo del tiempo también han proliferado las guarderías caninas con spa y hasta psicólogos que suelen salir más caros que las vacaciones del propio dueño. Pero nos evita los destrozos que hacen nuestras mascotas en nuestra ausencia como protesta o tener que clavar a alguien con los cuidados.

La historia corrió tanto en el grupo de amigos de mi amiga, que las malas lenguas afirman que varios se ofrecieron para dejarle a su cuidado la suegra, un tiempo cortito, no una estadía larga.

Pobrecita mi amiga, que todavía está en duelo por la partida del Chimuelo, sin canto pero con velorio claro, cómo debía ser.

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